A solas con un narco

Laureano Oubiña, en 'Yo fui un narco', que emite esta noche el canal en abierto DMax. :: R. C./
Laureano Oubiña, en 'Yo fui un narco', que emite esta noche el canal en abierto DMax. :: R. C.

DMax estrena hoy el primer capítulo de 'Yo fui un narco', un documental centrado en la 'operación Nécora' contra el tráfico de drogas en Galicia y en la figura de Laureano Oubiña, uno de sus capos

JULIÁN ALÍA

Soy Laureano Oubiña y yo fui un narcotraficante», dice con acento gallego el que antes de cumplir diecisiete años ya era contrabandista de gasóleo. Oubiña es el protagonista de 'Yo fui un narco', un documental de dos capítulos que hoy estrena DMax a las 22.30 horas (el segundo podrá verse mañana a la misma hora). Las entregas siguen la línea iniciada por 'Yo fui un asesino', una de las emisiones más vistas del canal, que giraba en torno al crimen perpetrado por José Rabadán, un joven de 16 años que asesinó a sus padres y a su hermana pequeña con una catana y que ahora ha rehecho su vida.

En esta ocasión, los episodios se centran en la Operación Nécora, con declaraciones del propio Laureano Oubiña, de 72 años. Desde DMax aseguran que el antiguo capo gallego no ha sido remunerado y que ha accedido a participar porque siente que su historia se va a contar sin faltar a la verdad. «No aceptaríamos trabajar con alguien así si hubiera que remunerarlo de alguna manera. No buscamos la apología de nada ilegal, y entendemos que la audiencia es lo suficientemente madura para entenderlo», explica el director general de Discovery en España y Portugal, Antonio Ruiz, que añade que no tienen «miedo a contar la realidad tal y como es», y que el objetivo es «mostrar todos los puntos de vista para que se puedan sacar conclusiones».

Dos palizas diarias

«Duro por fuera y blando por dentro», según lo define el periodista gallego experto en narcotráfico Benito Leiro, Oubiña fue un niño que recibía dos palizas diarias de su padre, quien nunca le dio un beso, y que rajó la cara al que mató a su perro 'Negrín'. Cuando Oubiña se fue de casa es cuando empieza a escribir su historia. «He estado más de 22 años en prisión, he pasado por más de 40 cárceles y no he matado a nadie», comenta. Con ocho hijos de su primera mujer (uno murió y con el resto prácticamente no se habla) y dos hijas de la segunda, su secretaria Esther Lago, «el amor de mi vida», que murió en un accidente de tráfico en 2001, Oubiña confiesa haber sido «un mal marido y un mal padre».

El narco gallego llegó a descargar «20.000 cajas de tabaco cada quince días», pero ese contrabando de cigarrillos, que eran los desechados por Estados Unidos, únicamente implicaba entonces una infracción tributaria, y no un delito. Y esa era la sensación que tenía gran parte de la sociedad, que veía cómo las máquinas de tabaco se oxidaban sin estrenar porque a Galicia llegaba a espuertas. Su salto al narcotráfico no significó más que otro pequeño paso. Sin embargo, todo empezó a torcerse para él con la compra del Pazo de Baión, algo que nunca hubiese llevado a cabo sin la insistencia de su segunda mujer. Aquello fue visto como una provocación entre las familias que vivían en sus carnes los problemas de la droga, como detalla Carmen Avendaño, presidenta de la Fundación Érguete y cabeza visible de las madres gallegas contra la droga. «Mi muerte en vida fue el puñetero pazo maldito», ilustra el exconvicto, que asegura que pagó los 275 millones de pesetas con dinero lícito.

En el documental también participan Baltasar Garzón, que lideró la Operación Nécora; su homólogo gallego, el también juez José Antonio Vázquez Taín, y el narco arrepentido y testigo protegido Ricardo Portabales, quien todavía vive escondido y con miedo a represalias. «Era una estrella mediática total. Con sus disfraces y sus tonterías. Un buitre, y que me perdonen los buitres. Un mentiroso compulsivo que se cree sus propias mentiras», subraya Oubiña antes de su primer cara a cara con él tras más de 25 años.

 

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