Silvestre, en el corredor de la muerte

Miguel Ángel Silvestre, embutido en el clásico mono naranja de los presos de las cárceles de EE UU, en una escena de la serie. :: movistar

El actor se mete en la piel de Pablo Ibar en una serie que Movistar emitirá en septiembre. «Creo en su inocencia», afirma

IKER CORTÉS

Uno apenas puede dar cinco o seis pasos sin toparse con la puerta y las tres paredes que encierran los sets de rodaje más angostos y agobiantes que se recuerdan en Bambú Producciones. En una esquina, un televisor con una carcasa transparente, en la otra, una letrina de acero y, a su lado, un camastro de reducidas dimensiones. Es la asfixiante celda en la que durante estos meses ha trabajado Miguel Ángel Silvestre (Castellón de la Plana, 36 años). El actor encarna a Pablo Ibar, el estadounidense de origen español que lleva dieciséis años en el corredor de la muerte. Protagoniza una serie de cuatro capítulos en la que se narran los 24 años que el reo lleva entre rejas e inmerso en un angustioso proceso que no parece tener fin. «Conocía la historia, pero no en profundidad», reconoce Silvestre. Cuando recibió la llamada para realizar el primer 'casting', se puso manos a la obra. Leyó el libro de Nacho Carretero en el que se basa la ficción, 'En el corredor de la muerte' (Espasa) y comenzó a informarse a través de vídeos y medios de comunicación de todo lo que había sucedido en torno al caso. «Si decidía formar parte de este proyecto, para mí era muy importante creer en la inocencia de Pablo. Estoy aquí, luego creo en ella», afirma. Y fue ahí cuando comenzó a ver «la historia de una injusticia».

Para meterse en la piel del hispano-estadounidense, Silvestre dedicó «bastante tiempo y energía» a trabajar el acento cubano y puso mucho empeño en «tratar de ir lo más relajado posible a los ensayos para entender profundamente qué era lo que quería el director». Y es que detrás de las cámaras ha estado Carlos Marqués-Marcet, el cineasta que este pasado fin de semana recibía la Biznaga de Oro en el Festival de Málaga por 'Los días que vendrán'. «Si algo podemos ver en películas como '10.000 km' o 'En tierra firme' es una sinceridad y una honestidad que aquí era igual de necesaria, así que yo tenía que estar muy relajado para poder darle todo lo que me pedía», explica.

Montaña rusa de emociones

Dice Silvestre que la historia que se cuenta en 'En el corredor de la muerte' es una «montaña rusa de emociones», de luces en el túnel que aparecen con la llegada de un juicio nuevo, del mazazo que propina el veredicto de un nuevo jurado. Cabe preguntarse si dando vida a un personaje como este, uno puede llegar a sentir la claustrofobia y la soledad a la que Pablo Ibar está condenado desde hace ya más de dos décadas. «Sería un poco osado decir que sí. He podido imaginar algo, sobre todo cuando hemos rodado en Panamá en las cárceles de verdad, pero muy de lejos. El set es una celda, sí, pero falta una pared. Estás rodando y dices un texto que por sí mismo tiene mucho peso y eso sí que te mueve muchas emociones. Quizás el director sí que le puede hacer sentir esa claustrofobia al espectador», señala. «Yo al final he rodado en un entorno de amor y de mucha gente empujando en una dirección que es la inocencia de Pablo».

'En el corredor de la muerte' entra ahora en la fase de edición, pero la historia no está ni mucho menos terminada. Ramón Campos, productor ejecutivo, explicaba ayer que será el 15 de mayo cuando se dicte sentencia y se sepa si Pablo Ibar es condenado a cadena perpetua o a pena de muerte. Ni que decir tiene que la ficción que Movistar espera estrenar a partir de septiembre cerrará su último capítulo con ese dato. «Como dice Nacho Carretero», comentaba Campos, «este tipo de historias son la unión del periodismo y el formato audiovisual y nos permiten hacer algo por el mundo. Más allá de contar una ficción, podemos dar voz y visibilidad a la historia de Pablo. Es importante que no quede en el olvido».