De mayor, cocinero

Aspirantes a participar en la sexta edición del concurso, en el 'casting' de Madrid. :: tve/
Aspirantes a participar en la sexta edición del concurso, en el 'casting' de Madrid. :: tve

Los chefs parecen haber relevado a los futbolistas y cantantes como ídolos de los concursante de MasterChef Junior 6, que ya ha comenzado su 'casting'

JULIÁN ALÍA

Sin dejar pasar un mes desde la final de la sexta edición normal, y con la tercera de famosos en grabación, ha dado comienzo el 'casting' de la número seis de MasterChef Junior. Tras una primera velada en Barcelona, a la que acudieron casi ochenta niños, Madrid vivió la primera de sus jornadas para ir reduciendo la cifra de aspirantes de entre ocho y doce años, que, previo paso también por las ciudades de Valencia y Málaga, deberá quedarse en dieciséis.

La convocatoria de la capital española acogió a un número de niños similar a la de la Ciudad Condal. Habían sido preseleccionados a través de la inscripción web del programa de TVE y merodeaban por el hotel Eurostars Suites Mirasierra con sus neveritas portátiles a cuestas, acompañados de madres y padres, y esperando su momento.

No habían hecho algunos nada más que entrar por la puerta, y ya se vieron obligados a ponerse el delantal. También hubo gorro para los pocos que se decidieron a llevarlo. Tras la acreditación, ya con la pegatina que revelaba el nombre de cada aspirante a candidato, o al revés, se dispusieron en una fila para grabar la mítica ola de este tipo de programas. Con tres tomas, perdiendo espontaneidad pero ganando experiencia, y descubriendo la magia y las 'mentirijillas' de la tele, claro. Una vez finalizada, dio comienzo la prueba.

«Los niños aprenden viendo el programa; es como si siguieran un curso de cocina por la tele»

En esta ocasión, la comida ya venía preparada de casa, y escondida en las neveritas. Solo había que emplatarla. Ya habría tiempo de cocinar para los afortunados que recibiesen la cuchara, símbolo de que siguen avanzando en la prueba. Fue entonces cuando, con todos en sus puestos a lo largo de siete mesas, y acompañados de solo un familiar, Esther González, la directora de 'casting' de Shine Iberia, les dio la bienvenida y les explicó de qué iba el cotarro. Y a montar los platos. Con el apoyo moral del acompañante, y para abrir algún que otro tarro que se pudiese resistir, comienzó el festín de platos y táperes de todas las formas y colores. A los pocos minutos, uno no podía más que contemplar la escena avergonzado, viendo cómo, a medida que pasaba el tiempo, su plato estrella de arroz con pimientos iba descendiendo posiciones en favor de unas personitas que apenas alcanzaban la docena de años.

Un salto de calidad

Con los infantes manos a la obra, González comentó que ha habido un ligero aumento del número de participantes, que lo que no es tan liviano es el salto de calidad, que «los niños han aprendido viendo el programa, y cuantos más años pasan, más saben. Es como si siguieran un curso de cocina por la tele», y que, a diferencia de «la edición de adultos, que es aspiracional, ellos lo único que quieren es la experiencia máxima que un niño puede tener, que es conocer a sus ídolos, divertirse cocinando, aprender y hacer amigos».

Para entonces, los aspirantes ya habían terminado sus propuestas y despedido a su acompañante, y los catadores oficiales empezaban a desfilar por las mesas, no solo para probar los platos sino también para hablar de cocina. Uno de ellos, Miguel Arriaga, destacaba que los niños «lo hacen más personal que los adultos, que suelen buscar el equilibrio en el plato», y ya usan el soplete sin temor alguno, o sifones, espumas y técnicas nuevas sin miramientos. Una lástima que el reparto de cucharas se llevase a cabo en privado e impidiese conocer si aquel que despertó simpatía está ya en la siguiente fase.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos