Ventura abre su 17 Puerta Grande de Madrid tras cortar tres orejas

El rejoneador portugués se enfrentó en solitario a seis astados en Las Ventas, que logró un lleno histórico

JAVIER LÓPEZ MADRID.

El rejoneador Diego Ventura volvió a escribir ayer una página para la historia en la primera plaza del mundo, Madrid, de donde salió a hombros por decimoséptima vez en su carrera tras cortar tres orejas en la tarde en la que se enfrentó a seis toros en solitario y en la que logró un lleno histórico.

El rejoneador luso volvió a dejar claro que es el número uno indiscutible, pues cabe recordar que el festejo de ayer no era obligatorio en el abono otoñal, o, lo que es lo mismo, que la gente se preocupó de ir a la taquilla solamente para verle a él.

FICHA DEL FESTEJO

Toros
Dos toros de Ángel Sánchez y Sánchez (1º y 4º), dos de Miura (2º y 5º) y dos de María Guiomar Cortés de Moura (3º y 6º), reglamentariamente despuntados para rejones, de diversas hechuras y volúmenes, y de poco juego, unos por mansos, algunos por falta de celo y otros por rajados. La excepción fue el buen sexto, de nombre 'Rinconado', número 63, de 550 kilos, negro bragado corrido y nacido en marzo de 2014, premiado con una desmedida vuelta al ruedo en el arrastre.
uToreros. El balance artístico de Diego Ventura, que actuó en solitario, fue el siguiente
rejón trasero y descabello (ovación tras leve petición); rejón caído (silencio); dos pinchazos y rejón caído con derrame (silencio); rejón y dos descabellos (silencio); rejón (oreja con petición de la segunda); y rejón muy bajo (dos orejas con petición de rabo).
uPlaza
La plaza prácticamente se llenó, con 21.722 espectadores según la empresa.

La ovación de gala en el paseíllo, con los veinte caballos que había traído sobre el ruedo, fue algo tremendamente emocionante. Había ganas de Ventura, más aún después de su histórica tarde del pasado 9 de junio cuando logró cortar el rabo a un toro de Los Espartales, y también por el hecho de verle ante dos miuras, sin olvidar a los 'murubes' de Ángel Sánchez y Cortés de Moura.

Hubo que esperar al sexto para que Ventura hiciera soñar al rejoneo, un verbo (soñar) que viene muy a modo, pues fue precisamente con el caballo 'Sueño', que reaparecía tras un año lesionado, con el que puso la plaza patas arriba. Un viejo rockero de su cuadra, con el que lo bordó con los templadísimos galopes de costado y los inverosímiles cambios por los adentros casi sin espacio entre él, el toro y las tablas, el mismo riesgo que corrió con dos quiebros también impensables dejándose llegar una barbaridad al astado para acabar «fintando» a milímetros de la cara. Lo dicho: la plaza, un manicomio.

El ambiente de fervor lo mantuvo con otro histórico de su cuadra, 'Morante', al que hizo reaparecer por un día para volver a cautivar con sus alardes y, sobre todo, con los bocados tras los embroques. Pero no quedaría ahí la cosa, pues como colofón a tan brillante obra llegó el par a dos manos sin cabezada sobre 'Dólar'. Sublime.

El único lunar fue la bajísima colocación del rejón de muerte. Dio igual. La gente le llegó a pedir hasta el rabo, mas todo quedó en dos orejas. Lo que nadie se esperaba fue la vuelta al ruedo al toro, que fue bueno, sí, el único de todo el envío, pero tanto reconocimiento se antoja excesivo. Ventura ya había paseado otra oreja del quinto por una faena más intermitente, pero que tuvo igualmente pasajes de cierta emoción como los galopes sobre 'Nazarí' y las cortas al violín con 'Remate'. Pero no anduvo tan fino con 'Lío', con el que le costó mucho llegarle a un miura que, pese a apuntar clase en los capotes de los auxiliadores, no se lo puso nada fácil durante la lidia.El resto de la tarde no tuvo demasiada historia por lo poco que se prestaron los cuatro primeros toros y la falta de contundencia en la suerte suprema.

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