Se tuerce la corrida de los 20 años de El Juli

El Juli da un pase con el capote al cuarto de su lote, de Puerto de San Lorenzo,. :: EFE/
El Juli da un pase con el capote al cuarto de su lote, de Puerto de San Lorenzo,. :: EFE

Pobre saldo de dos orejas de menor cuantía, una serie de fastidiosos imponderables, sin remate con la espada la faena de más calado. Decepción inocultable

BARQUERITO ZARAGOZA.

La corrida con que El Juli cerraba y celebraba su vigésima temporada como matador de alternativa quedó de partida marcada por los imponderables. El toro de Alcurrucén escogido para ser quinto de fiesta no pasó el reconocimiento. Entró por él uno de Garcigrande que se soltó justamente en quinto lugar. Los dos toros de mejores hechuras de una corrida prevista de seis hierros fueron el primero, de Garcigrande, y el sexto, de Parladé. Casi 150 kilos de diferencia entre uno y oro. Muy hondo el de Parladé, muy bien hecho el de Garcigrande.

Al de Garcigrande pretendió sujetarlo en el burladero de capotes una mano anónima, el estrellón fue sonoro y el toro salió del choque con el pitón tronchado. No llegó a perderlo, pero el propio Julián instó al palco a sacar pañuelo verde. El sexto, recibido por El Juli en tablas con una inesperada e inoportuna larga cambiada de rodillas, rodó antes de varas descaderado y despanzurrado. El Juli acusó los contratiempos con gesto apenas disimulado de contrariedad.

FICHA DEL FESTEJO

uToros de cinco hierros
Primero bis de Núñez del Cuvillo; segundo, de Los Maños (José Marcuello); tercero -primer sobrero- de El Pilar (Moisés Fraile), cuarto, de Puerto de San Lorenzo (Lorenzo Fraile); quinto, de Garcigrande (Justo Hernández); y sexto bis, segundo sobrero, de El Pilar. Devueltos los previstos como primero y sexto, de Garcigrande y Toros de Parladé (Juan Pedro Domecq) respectivamente.
uTorero
Julián López «El Juli», único espada. Una oreja, silencio tras un aviso, una oreja tras aviso, silencio, saludos tras un aviso y ovación.
uSubalternos
Raúl Cervantes prendió al sexto bis dos pares excelentes. Miguel Ángel Sánchez y Carlos Gallego, los dos sobresalientes en corrida de único espada, fueron invitados a quites por El Juli en el ultimo toro. Cumplieron los dos.
uPlaza
Zaragoza. 9ª del Pilar. No hay billetes. 10.000 almas. Tarde veraniega, luminoso día, pero en el primer toro se desplegó la capota de cubierta hasta casi cerrar techo. Protestó la gente. Ambiente cargado. Dos horas y cuarenta minutos de función.

Para que no abriera corrida uno de los dos sobreros de El Pilar se corrieron turnos en la primera mitad de corrida, que fue bastante más liviana que la segunda y mucho más interesante. Por delante se jugaron un toro de Cuvillo, anovillado, muy noble, pero sin chispa, otro de Los Maños, santacoloma de pura cepa -hechuras de Buendía de pata negra-, que fue el de más interés de la corrida, y el primero de los sobreros de El Pilar, que fue el mejor de los dos.

La faena del codicioso toro de Los Maños fue, con diferencia, la más lograda de El Juli. Con la mano izquierda y en los medios El Juli se templó y encajó muy lindamente, aunque pecó de torear a la voz. La faena fue de escuadra, compás y cartabón, estuvo bien armada y compuesta, fue la única con sello propio y de marca. Cinco pinchazos, una estocada atravesada y un aviso. Un jarro de agua fría. Entonces podía hacer cobrado la fiesta el vuelo que nunca llegó a cobrar.

La faena del toro de Cuvillo, correcta pero fría, sí tuvo el colofón de una estocada tendida. No es que fuera una tarde desdichada de El Juli con la espada -solo volvió a pinchar el toro de reemplazo de Garcigrande- pero las cautelas al cuadrar, al pasar o echarse fuera se hicieron manifiestas. Su ciencia y su infalible puntería con el descabello le traicionaron a la hora de despenar el único garcigrande que resistió en escena. A paso de banderillas cobró con el segundo sobrero de El Pilar una estocada letal. Ya era tarde.

Y tan tarde, porque, contra costumbre en corridas de El Juli como único espada, esta se hizo eterna. No porque se gastara tiempo en llevar a corrales los dos toros devueltos -a pelo y sin bueyes los dos, un corralero valeroso- ni tampoco porque se castigaran con reloj los tercios de varas, muy morosos en la plaza de Zaragoza por lo mucho que tiene que recorrer el caballo de pica. La razón mayor fue el empeñarse en faenas de muy largo metraje. Tanto a los toros apagados, como el cuarto de Puerto de San Lorenzo, o el garcigrande del recambio que fue un toro sin la menor formalidad, de embestir a trompicones, o el mismísimo sexto bis, que, claudicante y sin celo, se le quedó debajo dos veces casi seguidas.

Todas las faenas, salvo la del toro de Los Maños, vinieron sembrada de tiempos muertos en pausas ajenas a lógica. Ni siquiera se dejó sentir la espontaneidad tan propia de Julián. Para nada su resolución y diligencia, tan privativas y hasta modélicas. La elección de picadores para completar las dos cuadrillas fue desafortunada y eso pagó en parte El Juli. Hubo variedad de quites, pero no logros brillantes: uno por faroles, otro en versión discreta de los lances de El Zapopán, otro de costadillo, uno más con las vueltas del capote y serpentina de broche. Las salidas sin excepción parecieron obligadas. Las faenas, salvo la de Los Maños una vez más, pecaron de monotonía, reiteración y cierta terquedad. Hubo alguna tanda buena y bella, y muletazos sueltos -especialmente los cambios de mano sobrevenidos- de alto nivel. Dos orejas de botín. Casi nada. Un exceso de teatralidad, gesto de cansancio.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos