Los toreros se meten en el barro para ofrecer una gran tarde en Cuenca

José Garrido, El Fandi y Álvaro Lorenzo salen a hombros de un coso que se había convertido en piscina

JAVIER LÓPEZ (EFE) CUENCA.

Los diestros David Fandila 'El Fandi', José Garrido y Álvaro Lorenzo salieron ayer triunfadores en Cuenca después de tirar de gallardía y, obviando las inclemencias meteorológicas, meterse en el barro y salvar así la tarde.

Y es que la función estuvo en el alambre durante 55 minutos exactos por culpa de una fuerte tormenta que convirtió el ruedo en una auténtica piscina de agua y barro.

Se mascaba la suspensión. Hubiera sido lo más lógico sobre todo porque la lluvia no cesaba. Pero no. Los toreros decidieron tirar para adelante, el empresario se bajó al barro para ayudar a los operarios en las labores de acondicionamiento, y a las 19.25 horas arrancaba el paseíllo.

El caso es que el enfado de los tendidos fue tremendo, pero ya se ocupó El Fandi de tornar las cañas en lanzas con el vibrante tercio de capote que firmó a su primero: larga cambiada, verónica, galleo por chicuelinas y quite posterior de igual guisa.

El de Montalvo ya amagaba con rajarse en banderillas, tercio que cumplió el granadino con más voluntad que acierto. Pero si algo tiene este torero es que jamás tira la toalla, y así se lo sacó a los medios para diseñar una faena animosa a un toro muy soso, con el freno echado, sin decir nada hasta que, al final, buscó otra vez el abrigo de las tablas. El Fandi tiró entonces de efectos especiales para, tras una estocada, lograr la primera oreja.

Por navarras brilló otra vez El Fandi con el percal frente al cuarto, al que banderilleó esta vez con más rotundidad. La faena fue marca de la casa, es decir, muy dispuesta, variada y comunicativa con los tendidos ante un toro sin raza y de poca entrega. Otra oreja para él.

Garrido estuvo muy entregado en su primero, toro noblote, pero sin acabar de descolgar y sin finales en sus cortas acometidas. El extremeño, que había brillado con un vistoso quite por caleserinas y faroles, estuvo por encima de las circunstancias, logrando muletazos de buena firma antes de meterse entre los pitones con el animal ya muy venido a menos. Oreja al canto.

Precioso fue el toreo a la verónica y por delantales de Garrido en el quinto, el mejor toro de la corrida al que el extremeño firmó también la faena de más entidad y más maciza de la tarde, merced a un toreo fundamental encajado, hondo, reunido y poderoso, brillando sobremanera al natural.

Cumbre también en los alardes finales, como los molinetes de rodillas o las manoletinas finales. La plaza, un manicomio, tanto que algunos hasta pidieron el indulto del toro, al que cortó las dos orejas.

Lorenzo sacó a relucir su versión más templada y poderosa para hacer empujar hacia adelante a un primero de su lote muy quedado y a la defensiva. El toledano anduvo seguro y bien plantado con él, y muy técnico, pues supo aplicar la lidia precisa para sacar provecho de tan desabrido animal, que acabó totalmente desfondado. Oreja.

Al sexto lo volvió a torear a cámara lenta Lorenzo, y con mucho sentimiento, especialmente sobre la zurda, por donde brotaron muletazos extraordinarios. También por el derecho ligó muletazos de mano muy baja Lorenzo. Logró otra oreja y se ratificó la triple Puerta Grande

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