Thomas Joubert, herido gravísimo en Bayona

El francés sufrió una cornada en la femoral al comienzo de faena. Corrida cinqueña muy desigual de Robert Margé

BARQUERITO BAYONA.

El primero toro de la corrida cinqueña de Robert Margé, descarado, remangado y muy astifino, se venció por la mano izquierda cuando Thomas Joubert iba a rematar de trinchera los cuatro estatuarios, temerarios por su ajuste, con que acababa de abrir faena. Citó de larga para librar una pedresina muy de su repertorio, pero el toro se enrocó en la querencia, donde había cobrado tres puyazos -escupido del primero, un medio derribo en el segundo, blandeó en el tercero- y tocó ir a buscarlo, y a sacarlo de las rayas.

Expuso mucho Joubert. Ya lo había hecho en un quite por gaoneras tropezadas tras la primera vara. Entonces se acostó el toro por la mano izquierda. Volvió a hacerlo en los dos estatuarios librados por esa misma mano. Al quite tras la cogida llegó su gente de inmediato. Joubert se levantó del suelo sin ayuda, pero, sentiría que la cornada era seria y por su pie pasó al callejón por el portón más próximo, y el más cercano a la enfermería. Por él iba andando ligero cuando empezó a manar sangre por el boquete de la cornada y entonces se dejó caer en manos de las asistencias. El mexicano Sergio Flores, entero y sereno, buscó la igualada entre rayas con notable oficio, hizo al toro guardia con la espada en un primer ataque, un pinchazo hondo luego y dos descabellos.

FICHA DEL FESTEJO

uToros
Seis toros de Robert Margé.
uToreros
Thomas Joubert, que sustituyó a Juan Leal, herido por el primero. Cornada de 25 centímetros, con arrancamiento de la femoral. Sergio Flores, que mató el toro que hirió a Joubert, una oreja. Tomás Campos, una oreja. Francisco José Espada, palmas tras un aviso. Joaquín Galdós, una oreja y dos vueltas. Pablo Aguado, saludos.
uPlaza
Segunda de la Feria del Atlántico. 4.000 almas. Anticiclón. Tres horas de función.

En su cuenta de Twiter, el gran revistero Marc Lavie, desde la puerta de la enfermería pudo confirmar que la cornada era brutal. La enfermería de Bayona solo está habilitada para una intervención, lo que provocó una suspensión temporal de la corrida. El equipo médico estabilizó al herido y se dispuso su traslado a un hospital para ser intervenido. La presidencia decidió que no se reanudara el festejo hasta que no se evacuara a Joubert y regresara a la plaza la ambulancia.

Casi una hora después del paseíllo se soltó el segundo de corrida, que fue de los de terror. Incierto, sin fijeza, ni amago de descolgar, listo, fue el toro más difícil de todos. Tomás Campos le hizo un refinado quite a la verónica, tres y la media. Después del quite, dejado en el platillo, se arrancó al caballo para tomar una tercera vara, que lo pulió no poco.

Anduvo muy valiente y confiado Sergio Flores. Tragando miradas y pruebas, pero sin irse nunca. La gente pasó tanto miedo que antes de cuadrar el torero de Tlaxcala, y mientras buscaba la manera de salvar un cuerno derecho de más de medio metro, se hizo un silencio excepcional. En la suerte contraria, algo sesgado el toro, Sergio se entregó en una memorable estocada. De la reunión salió con la taleguilla desgarrada por los machos. Sin mirarse. La vuelta al ruedo oreja en manos fue apoteósica. Sergio llevaba cinco años sin torear en Bayona. Desde la tarde de su alternativa. Aquella fue tarde de triunfo. Esta, todavía más importante.

Los cuatro toros y los cuatro toreros que quedaban por verse fueron muy distintos. Dos de los cuatro toros dieron juego. Un tercero cómodo de cara muy noble y un quinto, de la línea Santiago Domecq, muy completo, bravo en los tres tercios, de ritmo soberbio. Campos toreó embraguetado, despacito y a gusto al buen tercero. El final de faena fue más que notable. Joaquín Galdós se embarcó con el quinto en faena cumplida, peleona, rígido el brazo, tapado por sistema el toro, que encendió a la gente con sus embestidas tan boyantes. Se pidió para el toro la vuelta al ruedo y hasta una segunda oreja para Galdós.

El cuarto, que se daba un aire con el del éxito de Sergio Flores, salió muy complicado. Francisco José Espada, paciente, calmoso y seguro, le buscó las vueltas y hasta se adornó a última hora con un cambio de mano de sorpresa. El sexto apenas se empleó en medias embestidas. Pablo Aguado dejó sentir su elegante compostura natural. Aire de alta escuela, que no es novedad. Sin toro a propósito. Y una estocada.

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