Emilio de Justo: «Aún estoy soñando»

Emilio de Justo, ayer ya en tierras extremeñas. :: andy solé/
Emilio de Justo, ayer ya en tierras extremeñas. :: andy solé

El diestro de Torrejoncillo mantiene los pies en el suelo: «No creo ser mejor torero que antes de este triunfo, lo que toca es seguir trabajando mucho»

Antonio J. Armero
ANTONIO J. ARMEROCáceres

Después de vivir el momento tantas veces imaginado desde chico, Emilio de Justo llegó al hotel y llamó a su madre. «Ella estaba muy emocionada. Ha sido una semana fuerte para nosotros, pero somos una familia unida», contaba el torero extremeño ayer por la tarde mientras conducía de regreso a su pueblo. Minuto arriba minuto abajo, llegó a Torrejoncillo a la misma hora a la que 24 horas antes estaba atravesando la puerta grande de Las Ventas, es decir, cumpliendo el sueño que alimenta la vocación de todo el que le lleva la contraria al mundo y a la estadística queriendo triunfar como torero.

«Eso es algo muy difícil, yo diría que imposible», declaraba De Justo en este diario en enero del año 2005. Entonces tenía 21 años y era novillero con picadores. Hoy tiene 35 y una portada, la del HOY de ayer, en la que se le ve con los ojos encendidos saliendo a hombros de la plaza de toros más importante del mundo. «Yo no diría que ahora es más fácil ser una figura del toreo por haber abierto la puerta grande de Las Ventas. Yo creo que no soy mejor ni peor torero de lo que era antes de este triunfo. Hay que tener los pies en el suelo. Yo tengo claro que lo que toca ahora es lo mismo de antes, seguir trabajando mucho para intentar ser mejor torero. Hay que ser humilde».

El diestro Emilio de Justo sale por la puerta grande tras la corrida celebrada ayer en la plaza de toros de Las Ventas
El diestro Emilio de Justo sale por la puerta grande tras la corrida celebrada ayer en la plaza de toros de Las Ventas / EFE/Zipi

Ahora lo tendrá que hacer sin la compañía -la física, al menos- de su padre, que murió el pasado día 22 de septiembre, el mismo en el que un toro de Victorino Martín, cuyas reses comen y duermen a un rato de coche de Torrejoncillo, le prendiera por el muslo en la plaza francesa de Mont de Marsan. Él, que ni siquiera sabe cuántos puntos de sutura tiene en su pierna izquierda -«es que la herida está por la parte trasera y no me los veo», dice-, asegura que no se acordó de esa cornada el domingo, mientras trazaba su camino hacia la puerta grande. «Tienes molestias, notas la tirantez de los puntos, lo normal, pero delante del toro te olvidas», cuenta De Justo, que se ganó las dos orejas (una en cada toro) gracias fundamentalmente a dos estocadas que las crónicas periodísticas coinciden en elevar a las mayores alturas posibles. La espada que tantas veces le dejó sin premio, ahora le ha servido la gloria. «Entré a matar con el corazón por delante, con la mayor entrega posible, porque era consciente de que tenía la puerta grande al alcance de la mano», recuerda el diestro cacereño, un mal estudiante que de crío se fugaba de clase para ir al campo.

«Entré a matar con el corazón por delante, porque era consciente de que tenía la puerta al alcance de la mano»

La motivación de su padre

Ahí, entre toros y arena, está su vida. Y en cierto modo, estaba también la de su padre. «Es una lástima que él no me haya podido ver saliendo por la puerta grande de Madrid, porque era algo que él deseaba mucho. Pero estoy seguro que desde arriba lo estaría viendo». Le acompañó, de hecho, durante la faena. «Él estaba presente conmigo durante la corrida. Le echo bastante de menos. Sé que yo era su motivación durante su enfermedad, verme triunfar. Sé la ilusión que tenía puesta en mí».

Recuerda el joven extremeño los momentos vividos en la semana más intensa de su vida. Y seguramente, en su mejor año en lo profesional. «Lo que pasó el domingo ha sido ponerle un broche de oro a mi temporada», resume De Justo, que ayer durmió en Torrejoncillo, donde le esperaba su familia. «Ahora descansaré unos días, porque la verdad es que estoy cansado, y en diciembre o enero iré a torear a América», anticipa.

«Es una lástima que mi padre (fallecido el pasado día 22) no me haya podido ver, sé la ilusión que tenía puesta en mí»

A la espera de los contratos que le puedan llegar tras el éxito en la capital, él asume que el triunfo en Madrid puede suponer un punto de inflexión. «Conseguir algo así hace que tu categoría como torero se dispare, y creo que me ayudará a cumplir mi ilusión, que es crecer como torero y llegar a ser importante». Nunca ha estado De Justo tan cerca de alcanzar esa meta, por la que lleva años peleando.

Inmerso en su mejor momento como torero, no pierde la ocasión de «dar las gracias a toda la gente por sus muestras de cariño. Me quedo sin palabras para dar las gracias a todos». «Todavía no he despertado, aún estoy soñando», reconoce el torero extremeño. «He cumplido uno de los sueños que tenía desde que era pequeño, y ahora me toca digerir tantas sensaciones... Esto es algo que había soñado muchas veces, pero vivirlo es mejor, en este caso se puede decir que la realidad supera a la ficción».

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