Soberbia corrida de Baltasar Ibán

Emilio de Justo lidio por bajo a uno de los toros de su lote. :: efe/
Emilio de Justo lidio por bajo a uno de los toros de su lote. :: efe

Seis toros de impecable y seria traza, bravos sin excepción en el caballo, dos o tres de mota sobresaliente, todos aplaudidos en el arrastre

BARQUERITO ARLES.

Vinieron a Arles ocho toros de Baltasar Ibán. Se sortearon, como siempre, seis. Los seis, de reatas conocidas, reconocidas y casi infalibles. Un Camarito, un Santanero, un Tesugo y también un Bastonito, zurdo o bizco y descarado que se jugó en cuarto lugar. La corrida fue de hechuras y remate impecables. Los tres primeros, tan serios como los tres últimos. Los tres últimos, más ofensivos que los otros tres. Para cuarto y quinto, los de más trapío, hubo de salida aplausos. Pero no para el sexto, que tardó en asomar un buen rato. Estaría seguramente vuelto en el cajón. En el anfiteatro no hay corrales ni propiamente toriles.

La corrida de Ibán fue muy completa. Brava y más que brava en el caballo. Prontos, los seis, pendientes del caballo antes siquiera del primer castigo, se arrancaron de largo, empujaron, pelearon con fijeza y sin echar la cara arriba, recargaron metiendo los riñones, se resistieron a los capotes de quite, cobraron muy en serio y, cuando al fin atendieron al reclamo que los quitaba del caballo, lo hicieron embistiendo. Los piqueros cargaron las tintas por sistema en los primeros puyazos, severísimos sin excepción, y aguantaron con mayor o menor fortuna el desafío. No se libró nadie de la batalla.

FICHA DEL FESTEJO

uToros
Seis toros de Baltasar Ibán (Cristina Moratiel).
uToreros
Emilio de Justo, división tras dos avisos y saludos. Juan del Álamo, silencio y silencio tras aviso. Juan Leal, ovación y palmas.
uSubalternos
Germán González picó al cuarto a modo. Excelente Juan Sierra en brega y banderillas con tercero y sexto.
uPlaza
Arles. 2ª de la Feria de Arroz. 3.000 almas. Estival. Dos horas y media de función.

En un exceso improcedente, la presidencia decidió que el segundo, que romaneó en el primer puyazo y acudió de muy largo al segundo, tomara una tercera vara. Contra la voluntad de Juan del Álamo, que sabría mejor que nadie lo duro de los dos puyazos primeros. El toro galopó con ganas en ese tercer viaje. Y, sin embargo, en punto a bravura habría que echarlo a reñir con el estilo y el poder de los cuatro que iban a saltar más tarde. La zurra se cobró factura con el toro de las tres varas, que claudicó y se paró. El primero, único de los seis que escarbó, fue también el único algo remolón, pero no mucho. Tercero y sexto fueron de categoría. El cuarto y el quinto, que se apagó un poquito, más que notables. Para todos, incluido el castigadísimo segundo, hubo en el arrastre ovaciones sonoras. No mucho público, apenas un tercio de aforo, pero estaban y se hicieron presentes los aficionados torista de Arles y la Camarga, que son cordiales pero exigentes y, por tanto, miden a matadores, picadores y banderilleros en función del toro que tienen delante. No gustó que Juan del Álamo abriera faena de rodillas con el quinto, y se lo afearon. Tampoco que Juan Leal, recibido con el cariño que se dispensa a los toreros del país, acortara distancias antes de tiempo para intentar enredarse en circulares cambiados, trenzas y ochos del repertorio ojedista, que ninguno de los dos toros de lote consintió. O que rematara con mondeñinas una primera faena que tuvo, por la vía ortodoxa, momentos felices de toreo compuesto en vertical y suelto de brazos.

Los méritos y logros de relevancia, las dos faenas mejor pensadas y cumplidas y el toreo de capa de alto nivel llegaron de la mano de Emilio de Justo. Excelente a la verónica de salida sin previa cata con el primero, perfecto en los lances genuflexos con que de salida también le bajó los humos y dejó fijado al bélico Bastonito. Muy templado y bien colocado con la muleta, con las dos manos y ligando, soberbios los remates de muletazo por abajo, empapados por norma los dos toros, tanto en los enganches por fuera como en el toreo de ajuste sin cautelas. Toreo se aire severo, sin concesiones ni pausas, como si no reparara en la galería.

Pero ocurrió lo inesperado: a Emilio se le torció la espada al atacar con el primero de la tarde, al cuarto intento cobró una entera atravesada que parecía de sobra, pero el toro se amorcilló y a la hora del descabello no descubrió. Hasta diecisiete golpes de verduguillo. Frustrante. Descorazonado el torero cacereño. Faltó nada para el tercer aviso. Hubo quien, recordando la faena, todavía supo reconocer y aplaudir el estreno de Emilio en Arles. El naufragio con el descabello pesó muchísimos. Se regatearon los oles o las palmas para el buen hacer de Justo con un toro como el cuarto, nada sencillo por bravo, gobernado y aguantado, traído por la mano izquierda con exquisito sentido. A este cuarto lo tumbó al segundo empeño de entera soltando el engaño. No era la primera vez que Juan del Álamo toreaba en Arles una corrida de Ibán. Ninguna con la fijeza o la entrega de esta. Pretendió torear despacito de capa, pero sin terminar de lograrlo, y pecó de reiterativo en faenas monocordes. Leal enterró en los blandos una estocada al tercero, y por ese se le fue un triunfo cabal o meritorio. Con el sexto, que llegó a planear por la mano derecha, no se entendió. Ese toro del colofón, último de la temporada en Arles, se llamaba Tesugo. No fallan.

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