Ponce, cogido y herido

Ponce es trasladado a la enfermería tras resultar cogido durante la faena de muleta al quinto toro. :: efe/
Ponce es trasladado a la enfermería tras resultar cogido durante la faena de muleta al quinto toro. :: efe

Prendido y volteado por un bravo toro de Olga Jiménez, pareció lesionarse gravedad una rodilla al caer o al pretender incorporarse

BARQUERITO VALENCIA.

De los cuatro toros jugados en puntas y en lidia ordinaria el más ofensivo y astifino fue el quinto de corrida, del hierro de Olga Jiménez. De vivo galope y buen tranco de salida, y pronto y codicioso en el saludo de Ponce. Lances en línea de limitado alcance pero de largo trazo. No se vio del todo en el caballo el toro. Un puyazo primero corrido y por dentro, solo un picotazo más. Ponce, que midió al toro en cuatro lances después del picotazo, tardó un rato en pedir el cambio de tercio. Como si sintiera que el toro precisaba mayor castigo. En banderillas atacó de bravo el toro, que, algo crudo, pareció ser del gusto de Ponce, que remataba feria en esta baza. El quinto y último de los cinco toros apalabrados en Fallas.

No hubo brindis. Ya había brindado el segundo de la tarde, que se empleó en serio en el caballo, romaneó en el primer puyazo y metió los riñones en el segundo. Castigo severo. Fue en la muleta toro a menos, punteó a partir de la tercera tanda, llegó a escarbar y Ponce toreó sobre seguro, muy montada la muleta en la diestra, pasos perdidos en el toreo con la zurda. La faena, en un solo terreno toda entera, estaba cumplida a los veinte viajes, pero Ponce decidió según costumbre prolongarla.

FICHA DEL FESTEJO

Toros
Dos toros despuntados para rejones de Los Espartales (José Luis Iniesta) -1º y 4º- y, en puntas, tres -2º, 5º y 6º- de Olga Jiménez y uno -3º- de Toros de Parladé que completó corrida.
Toreros
Diego Ventura, silencio y una oreja. Ponce, una oreja. Cogido, alzado y corneado por el quinto en el muslo izquierdo. Lesionado en la rodilla, no pudo tenerse en pie. Pasó a la enfemería. Parte médico pendiente. Antonio Catalán 'Toñete', silencio en su lote y silencio en el que mató por el percane de Ponce.
Plaza
Valencia. 10ª de abono. Soleado, fresco. Tres cuartos largos. 7.500 almas. Dos horas y cuarto de función.

Iba a haber cambiado de espada y se arrepintió cuando llegaba a la barrera para hacerlo. No fue tarde tan ventosa como la del domingo, pero sí más fresca, y una cosa y otra aconsejaron torear al abrigo de tablas y entre el 8 y el 9 de Valencia, donde no molesta el viento casi nunca. El público de sol es aquí tan entregado como en la mayoría de las plazas de toros. Tanto o más. Una estocada soltando el engaño y saliendo apurado Ponce.

En el mismo terreno que la otra, la faena del quinto, echado el viento, fue desde la partida bastante más vibrante. Por una razón mayor de peso: el toro, encaste Jandilla, se había declarado como uno de los mejores de la semana. La chispa de la casta, también la entrega. De modo que hubo que poner los cinco sentidos. En línea y por las dos manos los muletazos de apertura, suficientes, seguros, bien tirados. En la tercera tanda en redondo Ponce citó de largo en paralelo con las tablas y entre rayas, y ligó sin enmienda una tanda, y casi al calco, otro enseguida. Desahogados los cambiados de remate.

El cuarto ensayo, abierto con molinete recostado y cosido con un cambio de mano, fue el primer intento de torear Ponce al natural. Una prueba que, luego de otra tanda de transición, tuvo segunda parte. De perfil, a pies juntos, suave el toque, Ponce encareció el trabajo con los muletazos más templados firmados por él en cualquiera de sus dos salidas falleras. Largo el muletazo pero ajustado, armonioso, no ligado propiamente.

La calidad del toro, indiscutible, había animado a Ponce a saltarse su propio canon formal, sus usos y costumbres. Al pretender ligar un farol con un natural, o tal vez un molinete, Ponce salió prendido por el muslo en la parte posterior, despedido por el aire y casi vuelto a coger en la caída. La cogida fue fea, la caída bastante peor. Quienes pudieron ver las dos en los monitores de la televisión contaban en la tribuna de prensa que el apoyo sobre la rodilla había sido fatal y quién sabe si el anuncio de una grave lesión de los ligamentos de la rodilla. Ponce no pudo incorporarse y en manos de las asistencias, por el callejón camino de la enfermería, llevaba gesto contraído de dolor. Toñete Catalán, que debutaba en Valencia como matador de alternativa, se armó de espada y descabello. El toro se había venido a las tablas opuestas a las del percance. Sonó un aviso. Dobló el toro y se arrastró en silencio. La gente estaba preocupada.

Antes de aparecer Ponce en sus dos turnos, entró en escena y la llenó por completo Diego Ventura. Diego y su hermosa cuadra. Diego en dos versiones distintas: sobrio en el primer toro, que tuvo trantrán de Murube bueno, y muy aparatoso en el cuarto, muy llorón, que castigado en exceso, pagó la penitencia de terminar en son tan sumiso que o Ventura vendía el paquete de los alardes de doma o se iba de Valencia sin terminar de justificar su puesto en este cartel tan raro. Diego toreó con categoría al buen primero, pero no le vio la muerte, y se pasó de todo con el cuarto que, baldado, llegó a pegarse una costalada antes de ir el tute a mayores, y a sembrarse de hierros el lomo del toro.

Todavía verde para obras mayores, Toñete no se acopló con el manejable toro de Parladé que mató por delante. No contó un final aparatoso pero impropio entre pitones, Se fue tras la espada con ganas pero se quedó en la cara. Pegó muchas voces. No le afligió la cogida de Ponce y salió con el sexto bastante más dispuesto que en el toro del estreno. Sueltos los brazos con el capote, demasiado abiertos los cites, y algún muletazo excelente y enroscado con la izquierda. Es su mano buena.