Polémica puerta grande para Perera

Perera en su vuelta al ruedo tras matar a 'Pijotero' /Plaza1
Perera en su vuelta al ruedo tras matar a 'Pijotero' / Plaza1

El de Puebla del Prior corta dos orejas a 'Pijotero', el primero de su lote de Fuente Ymbro, y abre la primera puerta grande de San Isidro en Madrid

BARQUERITO

Medió muchísimo trecho entre la corrida de Fuente Ymbro jugada en Sevilla solo el sábado pasado y esta otra de la fiesta mayor de San Isidro. La del 15 de mayo. Ni las hechuras, por norma reveladoras, ni el aire ni el son. Ni las formas ni el fondo. La de Madrid ganó en descaro, pero solamente en eso. Astifinos de la cepa al pitón los seis, pero dos de ellos, quinto y sexto, lucían ganzúas terroríficas. No les anduvieron a la zaga otros dos: el que partió plaza y el que le siguió. Tercero y cuarto, por comparación, fueron serios sin excesos.

Ficha

Plaza
Madrid. 2ª de San Isidro. Primaveral, ventoso. No hay billetes. 23.624 almas. Dos horas y cuarto de función. En meseta de toriles, el Rey Juan Carlos acompañado de la infanta Elena y su nieta Victoria, muy aplaudido al llegar y más al recibir los brindis de Perera y Urdiales.
Toros
Seis toros de Fuente Ymbro (Ricardo Gallardo).
Toreros
Finito de Córdoba, silencio y leves pitos. Diego Urdiales, silencio tras un aviso y silencio. Miguel Ángel Perera, dos orejas tras un aviso y silencio, a hombros por la puerta grande.
Cuadrilla
Notables en la brega Javier Ambel y Curro Javier, que saludó en el sexto en banderillas junto al tercero Vicente Herrera.

     El tercero, muy abierto, mejor rematado que los demás, fue el de más bellas proporciones. No solo eso, fue el toro de la corrida, y el único arrastrado con honores. Se arrastró sin las orejas, la segunda de las cuales provocó sonoras protestas. No se sabe si por la largueza del presidente, o si porque al cobrar la estocada Perera había soltado el engaño o porque el final de una faena de riesgo, firmeza, poderío y temple indiscutibles, no tuvo la categoría de las tres primeras tandas, la de apertura y dos más tras pausas breves.

     Las tres en redondo, las tres abiertas en flamante distancias: fuera de las rayas torero y toro, y casi tangentes con las rayas el cite -y su encaje- y la galopada viva del toro de punta a punta. Las dos primeras tandas fueron abundantes, de cinco ligados y el de pecho; la tercera, abierta con el pase de las flores que Perera cosió con tres de mano baja espléndidos y dos de remate, fue la de más calibre, más ajuste y más despaciosa. La mano derecha del toro, un Pijotero castaño que escarbó y oliscó antes de tomar engaño, se había revelado desde los lances de recibo de Perera, ligados y ganando terreno, y más todavía en los capotazos de brega de Curro Javier, después de varas y antes de la segunda.

     Lo que estaba por descubrir del todo era el son del toro por la mano izquierda. Lo tenía tanto como por la otra, pero de distinta manera. Ahora se ahorró Perera el alarde de las distancias, la ligazón no fue la misma y la tanda previa a la igualada, en molinillo, desmereció. Por eso se protestó la segunda oreja. Por primera vez en la feria se abrió paso el coro del «¡Fuera del palco!». La corrida terminó con un sexto que, tronchado tras una segunda vara tan solo terapéutica, se derrumbó al tercer muletazo y arruinó cualquier propósito. Perera lo había recibido con excelentes mandiles, encarecidos por la artillería del toro.

     Los dos argumentos mayores del cartel eran, de partida, el retorno a las Ventas de Diego Urdiales tras su memorable triunfo de otoño y, con Diego, la vuelta de Fuente Ymbro. De Fuente Ymbro fueron los dos toros de aquella tarde extraordinaria. Dos toros mucho más difíciles que el de Perera de marras. Por encastados -uno a la defensiva, otro turbulentos- y, por encastados, muy belicosos. La apuesta renovada no salió. Sin celo, andarín, rebrincado, el segundo de la tarde punteó; el quinto, codicioso pero de apoyos irregulares, fue pronto pero sin humillar apenas. Urdiales le había pegado antes de varas muchos capotazos. Ni eso convenció al toro. En el primer turno, el viento, racheado, molestó a Diego tanto como ya había molestado a Finito en el primer toro. No faltaron en las faenas de Diego muletazos exquisitos. No hubo traición al concepto suyo de faenas bien tramadas, solo que en las dos bazas se pasó de tiempo.

     Un primer toro acochinado, duramente castigado en varas, llegó a tener tomado el ruedo. Muy pasivo Finito, que dejó su firma en lances y muletazos sueltos soberbios, quiso torear al hilo pero repensándoselo mucho. Los doblones para ahormar de inicio las embestidas del cuarto, toro de gran alzada, fueron los muletazos más logrados de toda la corrida. Pero eso no bastó. Las treguas fueron excesivas; las cautelas, también. En tarde ventosa -flameaba la bandera nacional- a nadie se le ocurrió echar los papelitos para torear donde se acaban posando.