Dos novillos de nota de Zacarías Moreno

El extremeño Alejandro Mora durante la faena a su segundo toro. / EFE
El extremeño Alejandro Mora durante la faena a su segundo toro. / EFE

Brava en el caballo, codiciosa y noble novillada de serias hechuras. Sorprenden el oficio de Tomás Rufo y la serenidad de Fernando Plaza. Un quite antológico de Alejandro Mora

BARQUERITOZARAGOZA.

Los dos novillos primeros, muy ofensivos, llamativo cuajo, fueron aplaudidos de salida y en el arrastre. El primero, de sobresaliente nota, embistió y repitió con particular entrega. La codicia de la calidad marca Domecq, que es, por ramas varias, la sangre de la vacada de Zacarías Moreno. El segundo, de prontos galopes, a todo atento, tuvo por mayor virtud la elasticidad. La cosa iba, por tanto, de prueba y fiesta. La prueba del valor. Por la cara, por las puntas y por la velocidad de esos dos toros. Y de fiesta porque se prestaron los dos. En esa doble baza vino a verse y paladearse el quite de la tarde, que no fue ni de Tomás Rufo ni de Fernando Plaza, los dos beneficiarios del sorteo, sino de Alejandro Mora, tercero de terna y el peor parado del reparto. El quite, sin red ni fase preparatoria, fue sobrio, oportuno, sencillo, templado y muy bello de ver. A pies juntos, tres mandiles a cámara lenta, de encaje y juego de brazos impecables, media de remate de notable calidad y un remate de salida sin pasar toro. La tarjeta de presentación.

En el toreo de capa, de salida y en quites, abundaron los tres de terna. Rufo toreó a la verónica al cuarto muy despacito, Plaza se encajó en gaoneras de las rígidas de riesgo, el propio Mora se sacó de la manga tras cobrar el sexto un primer puyazo unos lances de manos altas muy bien traídos y, antes de eso, en el quinto toro, unas sedicentes chicuelinas que no resistieron la comparación con el quite de presentación, pero sí la media de remate, tan garbosa como la que había coronado el quite mayor.

FICHA DEL FESTEJO

uNovillos
Seis novillos de Zacarías Moreno. El tercero bis, sobrero.
uNovilleros
Tomás Rufo, oreja y vuelta tras aviso. Fernando Plaza, saludos tras aviso y silencio tras aviso. Alejandro Mora, saludos y palmas.
uPlaza
Zaragoza. 4ª del Pilar. Estival. Plegada la cubierta de teflón. 2.000 almas. Dos horas y media de función.

Todo venía casi embalado. Con el bravo primero, el oficio y el sitio de Tomás Rufo sorprendentes en torero nuevo, el trazo largo y la compostura vertical de una faena abierta de rodillas sin hacerse esperar y su buen ritmo a pesar de espaciarse en pasajes. Con el lindo segundo, que después de una claudicación fue otro toro y bien distinto, la juncal serenidad y la calma como muletero de Fernando Plaza, que cerró precisamente de rodillas por sentir tal vez que se había quedado frío el personal.

Todo embalado hasta que el tercero, de hechuras soberbias y no tan armado como los dos primeros, se reventó en la primera carrera. Partido en dos, se derrumbó. La casta, que hervía, no pudo mantenerlo en pie. Gateó de rodillas hasta la puerta de corrales. En la falsa manga volvió a derrumbarse. Hasta que no volvió a corrales no se reanudó la función. Cinco minutos. El corte pesó.

El sobrero, tan serio por delante como los dos primeros, fue también aplaudido de salida. Lo paró Alejandro Mora por delantales clásicos y lo dejó sangrar y cobrar más de la cuenta en el caballo, donde se enceló largo rato el toro. Ese larguísimo primer puyazo pasó factura. Aunque codicioso, el toro, que escarbó, arrastró cuartos traseros y no pasó del todo más que en una sola baza. Fue cuando, entre rayas y antes de la igualada, Mora ligó un ampuloso ayudado por alto con el de pecho. La improvisación más celebrada de la tarde. Después de ella, tocó meterse entre pitones, y nada, y cobrar a capón media estocada precedida de un pinchazo. Hace un año Alejandro, sobrino del gran Juan Mora, sufrió aquí mismo una muy grave cornada. Al doctor Val Carreres, que lo curó, brindó ese toro del regreso a Zaragoza.

Casi horas y media cuando se soltó el cuarto novillo de Zacarías Moreno, el más terciado del envío, engatilladito y brocho. Fue noble, pero no tuvo la importancia de los vistos por delante. Ni la entrega ni las ganas ni el misterio. Rufo planteó una faena tomada de las formas y el fondo de Roca Rey, tan patente en los cites frontales y en el modo de ganar el pitón contrario, que no procedía. El quinto, que hizo hilo en banderillas, se rebrinco por flojo antes de fundírsele los plomos. Muy tranquilo y compuesto sin artificio Fernando Plaza, que pecó por pródigo. Un aviso. El sexto, bravo en el caballo, punteó por la mano izquierda, hasta tres desarmes casi seguidos de Mora, una faena despegadita por la mano buena y un remate de faena muy encima del toro, que duró en serio apenas diez viajes.