Manuel Diosleguarde, muletero precoz y poderoso

El novillero Manuel Diosleguarde entra a matar a su primer astado, de El Parralejo. :: efe/
El novillero Manuel Diosleguarde entra a matar a su primer astado, de El Parralejo. :: efe

En su estreno como novillero en plaza y feria de primera, el torero charro sorprende con su maduro sentido del temple. Novillada desigual de El Parralejo

BARQUERITO ZARAGOZA.

El tercero de los solo cinco novillos de El Parralejo se avisó por la mano derecha antes de varas, cobró dos puyazos traseros, se distrajo entonces, bramó en banderillas y tomó la muleta con mucha violencia por la mano avisada. Cuatro derrotes de volarle a uno la cabeza en esos primeros compases. No se descompuso el joven Diosleguarde, sino que, en detalle de torero largo, se cambió de mano. Acierto y solución. Por la izquierda fue muy otro el toro, que siguió hasta el final metiéndose, quedándose, revolviéndose y soltando tralla por la diestra cuando Diosleguarde pretendió abrochar tandas a la clásica manera.

Cinco tandas de naturales cobró Diosleguarde. Las cinco ligadas, ajustadas, templadas, despaciosas y poderosas. Muy bien tiradas. Las dos últimas fueron, además, muy abundantes, de llegar hasta el séptimo muletazo sin rectificar ni enmendarse. Y en un solo terreno. Diosleguarde debutaba en una plaza de primera. Con caballos se estrenó solo el pasado junio. Esta era solamente su séptima novillada picada. Como muletero no lo pareció. Sino rodado y hasta hecho. Sin el aire repipi de los toreros precoces. Serio. Ni un gesto de más ni para la galería.

FICHA DEL FESTEJO

uNovillos
Cinco novillos de El Parralejo (José R. Moya) y uno -6º- de Carriquiri (María Briones) que completó corrida.
uNovilleros
Pablo Mora, oreja y silencio tras aviso. Manuel Fuentes 'Francisco de Manuel', vuelta y aplausos tras un aviso. Manuel Sánchez 'Manuel Diosleguarde', saludos tras aviso en los dos.
uCuadrilla
Un notable puyazo de Alberto Sandoval al sexto. Notables en brega y banderillas Raúl Ruiz y Roberto Jarocho.
uPlaza
Zaragoza. 5ª de abono. 2.500 almas. Tarde templada. Cerrada la cubierta plegable. Dos horas y veinte minutos de función.

Con capa y espada sí asomó el novillero por hacer: el tercero no descolgó por la mano aviesa ni a la hora de la igualada, un pinchazo soltando engaño, una estocada ladeada, cuatro golpes de verduguillo. Un aviso. Manuel no quiso dar la vuelta al ruedo a pesar de que esa primera faena, la de más peso y mérito de toda la tarde, había sido muy jaleada. No lo fue tanto la del sexto novillo, un colorado berrendo muy lleno de carnes, pechugón y corto de cuello, al que, ahora sí, toreó en redondo compuesto y con asiento, otra vez bien templado, algo rígida la figura, despatarrado a veces, pero muy sueltos los brazos. Una colocación llamativa por buena.

Como el paraguas de teflón estaba desplegado -ni lluvia ni viento-, pero la plaza cubierta y cerrada fue campo de resonancia de la entusiasta banda de música de Ejea, que a toda pastilla atacó el Tercio de Quites demasiado pronto. El pasodoble se comió el ambiente. Música invasiva, como en tantas plazas y tantas veces. Pero en las cubiertas es doble castigo. De frente toreó Diosleguarde al natural, la mano baja, siempre certeros los toques, ni un enganchón. Y de nuevo, un gobierno de los terrenos nada común.

Tuvo fijeza y bondad el novillo núñez de Carriquiri, pero, después de haberse soltado sin freno en el primero tercio, hubo que ajustarse y sujetarlo. La espada entró esta vez, pero la gente, castigada por los músicos y por lo largo del festejo, parecía haberse ido a casa. La idea de adoptar como nombre de guerra el del pueblo natal de Diosleguarde es una reformulación del caso de Vitigudino, que no está lejos. La toponimia de Salamanca es ricamente sonora y varia. Por lo demás, se anuncia en perspectiva una rivalidad de toreros charros novicios, sangre de refresco, caras nuevas. Diosleguarde y Antonio Grande, de San Muñoz, que tan bien toreó en la pasada feria de Salamanca.

La novillada de fuenteymbros de El Parralejo fue grandona -especialmente cuarto y quinto- pero no tanto en la escala de la monumental corrida de agosto en Bilbao, que se salió del cuadro. Los tres primeros tuvieron el trapío preciso; los otros dos, bastante más. Fue codicioso y bondadoso el primero y Pablo Mora, a suerte descargada, calma estudiada y ceremoniosa cautela, lo toreó con facilidad y lo despenó de entera desprendida. El noble segundo tuvo las fuerzas justísimas. Elegante, firme y vertical, muy seguro Francisco de Manuel, a quien, solo un año después de su debut con picadores, parece de pronto venirle chico el novillo. Mora le hizo al cuarto una faena previsible, pausada y calmada, pero de son ligero por abusar del toreo por fuera. De Manuel le puso al quinto dos grandes pares de banderillas. Novillo rajado enseguida. Un trasteo enfadoso entre pitones, pero a toro parado.

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