Luis David ya no es una mera sorpresa

Pese a que el público demandó con fuerza las dos orejas, Luis David tuvo que conformarse con una. :: l.a.g./
Pese a que el público demandó con fuerza las dos orejas, Luis David tuvo que conformarse con una. :: l.a.g.

El torero de Aguascalientes firma dos faenas notables por su pulso, ajuste, firmeza y sentido del temple

BARQUERITOBILBAO.

Por cuenta de Ponce y El Juli en su segundo turno, cuarto y quinto toros, corrió una hora de función, que la dejó marcada como corrida interminable. No una de tantas, porque Ponce, confundido por la segunda o tercera vuelta de la banda de música a un pasodoble de estreno, no se percató de que antes siquiera de pensar en cuadrar ya había sonado un primer aviso, sonó un segundo casi al tiempo que la rueda de peones buscaba sin éxito que el toro, herido de media trasera, se echara y solo por segundos o décimas no llegó a caer el tercero. Lo evitó un golpe de descabello.

El Juli no es reacio a descabellar sino todo lo contrario, pero después de haber cobrado con el quinto una entera sin muerte, tal vez tendida, dejó al toro irse a doblar a tablas, donde según sus cálculos tendría que echarse ya. Pero, toro de muerte lenta, barbeando las tablas en agonía, fue agonizando muy poquito a poco y solo en la boca del burladero de arrastre, casi debajo de la meseta de clarines, terminó por rendir la vida. Rodando en dos tiempos. Casi el segundo aviso. Esa agonía, tan dura, se subrayó con una ovación de reconocimiento.

FICHA DEL FESTEJO

uToros
Cuatro toros de Domingo Hernández y dos -1º y 2º bis, sobrero- de Garcigrande
uToreros
Enrique Ponce, saludos tras aviso y saludos tras dos avisos. El Juli, silencio y oreja tras aviso. Luis David Adame, una oreja en cada toro.
uPlaza
6ª de las Corridas Generales. 10.400 almas. Dos horas y cuarenta minutos de función.

Del toro, que desmontó en varas a Salvador Núñez y romaneó pero no llegó a derribar, se llevó El Juli el recuerdo de una faena de prometedor arranque -cinco banderas y cosidos con ellas cinco muletazos, dos de ellos ayudados por bajo, de buen aire- pero convencional. En los medios, de donde quiso irse el toro después de mucho abrirse, pero sin más relieve que el del oficio de sujetar a suerte descargada y en tandas rehiladas que tuvieron buenos remates de pecho. Trasteo machacón. La séptima tanda, con la izquierda, fue logro bueno. El encaje en tímidos péndulos, un guiño a la mayoría.

El toro de los dos avisos de Ponce galopó de salida, cobró al relance dos puyazos -se empleó en el primero-, puso en aprietos a los dos rehileteros y pareció propicio. Ponce brindó al público. Fue faena de sofocante saturación. Bonita la apertura pero enseguida empezó Ponce a componerse, a abundar en las demoras premiosas, a abrir al toro, especialmente en los falsos de pecho o cambiados que remataban tanda, a abusar de los molinetes de blindaje -hasta una tanda de tres seguidos a última hora- y a buscar como fuera la manera de secar al toro para poder rematar trabajo con una de muletazos en cuclillas tan de su firma. Por la izquierda no hubo trato. Todo pasó en un solo terreno y tan a muleta puesta que el mismo toro que había amenazado en banderillas parecía de pronto el más pajuno de la corrida. Y lo fue.

De la hora que se comieron a solas Ponce y El Juli fueron cómplices los areneros, los mulilleros y el que saca hasta los medios la cartela del toro que viene como si lo fuera a pregonar. En las dos bazas había intervenido breve y oportunamente o por derecho Luis David Adame. Le hizo al caballo en el semiderribo del cuarto un quite providencial. No perdonó turno en el toro de El Juli y firmó un quite vistoso y ligero por tafalleras, un lance enroscado y una revolera.

Recelo en la sustitución

La entrada de Luis David en sustitución del lesionado Pablo Aguado había sido acogida con recelo y reticencias. Lo avalaban las dos orejas, una y una, con que se premiaron el pasado lunes sus resueltas faenas a dos distinguidos toros de Torrestrella. Pero la sorpresa del lunes, la tarde de su debut en Bilbao, no fue tal en esta segunda ocasión. Sino que, favorecido por el azar -el tercero de corrida fue el mejor de los seis, y el sexto, muy feble pero bien templado y sostenido, el más noble-, el joven torero de Aguascalientes vino a dejar en buen lugar a quienes patrocinaron su candidatura.

A los dos toros de lote les dio fiesta Luis David pero no de la misma manera. Desenvuelto y, siendo de gesto grave, casi desenfadado, se ajustó a modo con el tercero, cuya espectacular pinta -castaño de lomo melocotón casi albino y calcetero- contó en la fiesta no poco. No tanto como la nobleza, el recorrido o la fijeza, pero el conjunto fue vibrante. La apertura de faena, de largo, con una tanda sin rectificar de cinco por alto -dos de ellos, cambiados por la espalda- encendió a la gente y la tensión se sostuvo sin más recurso de ventaja que el ligar en redondo rehilando y al hilo de cuando en cuando. Con la izquierda, fondo y forma tuvieron más peso. Al encuentro o recibiendo, y soltando el engaño en la reunión, cobró Luis David una entera caída pero letal.

El sexto asomó frío y temblando, sin apenas equilibrio, pero romaneó en la primera vara -una especie de picotazo simulado- y apuntó en el capote estilo del bueno. A este, igual que al tercero, lo había recibido Adame con larga cambiada de rodillas en tablas. No llegó a caerse el toro pese a lo frágil de sus apoyos. El palco, que había devuelto el segundo por inválido, aguantó. El toro parecía rendido de antemano -gesto de entrega- pero Adame dio con la forma de resucitar al muerto, que fue dar distancia, templar viajes en tandas cortas empapadas, ni un tirón, ni un pisotón. El hocico del toro por el suelo, calmado el viaje, perfecto el pulso del torero, todo asiento y entregado todavía más que antes. Se volcó el ambiente de la plaza y la corrida tomó de pronto inesperado vuelo.

No había tocado la banda en toda la semana el Camino de Rosas, del maestro Franco, pasodoble de acento vizcaíno y predilecto del repertorio, y lo hizo en ese momento justamente. Otra estocada provocando la arrancada de un toro que ya reculaba. Y llegó a pedirse una segunda oreja. De un plumazo al archivo los dos primeros toros de la tarde. El de Garcigrande, aplaudido en el arrastre, toro a más, no consintió a Ponce nada con la mano izquierda; al sobrero, de Garcigrande también, no le convino el ataque más precipitado que resuelto de El Juli. Hubo en los toros mucha gente y se oyeron voces discrepantes.