Un larguísimo festejo

Perera en la faena a su segundo toro, al que cortó una oreja. :: efe/
Perera en la faena a su segundo toro, al que cortó una oreja. :: efe

Ponce, Urdiales y Perera se repartieron cinco avisos. Un sexto toro importante, un feroz quinto y un cuarto manso redomado. La corrida del Puerto, seria, por debajo de lo esperado

BARQUERITO ZARAGOZA.

La corrida de solo cinco toros del Puerto se completó con uno de La Ventana del Puerto. Los mismos ganaderos, padre e hijo, pero encastes distintos. Lo del Puerto, sangre Lisardo-Atanasio. El de la Ventana, Torreón-Jandilla. Parece que el complemento de La Ventana no fue del agrado de los toreros. En Madrid saltaron hace quince días dos en otra corrida del Puerto y uno de ellos, el tercero, fue de los cinco mejores de la feria de Otoño. Este otro de Zaragoza, que dio juego, pero tardó en entregarse, no tuvo ni la categoría del tercero de Madrid ni el trapío espléndido del que partió plaza el 30 de septiembre, que fue un pedazo de toro.

Esta corrida, muy bien hecha, fue más dispar de lo previsto. Tal vez por apurada: dos corridas en Madrid, otra en Pamplona, una más en Bilbao. Cuando tocó Zaragoza, sería imposible reunir en el Puerto un lote parejo. Todos con el hierro del 4. Los cinco toros tuvieron plaza. Brocho y cubeto el cuarto, muy lindo, pura armonía. El menos ofensivo del Puerto visto este año. El quinto, en cambio, fue tremendo. Acarnerado, hondísimo, alto y largo, dos bieldos muy llamativos. El segundo, de la reata de los cubos, tan célebre, lució sin exceso los atributos propios del toro de sangre Lisardo. Bajo de cruz, corto de manos. El sexto, no tan ofensivo como el recién arrastrado quinto, no le anduvo lejos en trapío, seriedad y cuajo. El tercero, uno de los tres que pasaron de los 600, estaba cargadísimo de culata.

FICHA DEL FESTEJO

uToros
Cinco toros de Puerto de San Lorenzo y uno -1º- de La Ventana del Puerto (Lorenzo y José Juan Fraile), que completaba corrida.
uToreros
Enrique Ponce, vuelta tras aviso y oreja tras aviso. Diego Urdiales, saludos tras aviso en los dos. Miguel Ángel Perera, silencio tras aviso y una oreja.
uPlaza
Zaragoza. 8ª del Pilar. Casi lleno. 9.000 almas. Veraniego. La capota de cubierta estuvo desplegada hasta la suelta del quinto toro. El ambiente en la plaza fue asfixiante. Dos horas y media de función. Con las cuadrillas descubiertas y la gente en pie, la banda tocó el himno nacional antes de romperse filas.

Los lotes se harían previa porfía, como siempre que aparece un toro de complemento y de encaste distinto y cuando, además, el dije del sorteo, el cuarto, les pondría los dientes largos a las cuadrillas. Y el segundo también. Perera se llevó la parte del león, los dos mayores, pero dentro del lote el mejor de la tarde, elástico, pronto, fijo, motor engrasado. El tercero, con el que no terminó de ajustarse, aunque no paró de empeñarse, fue toro manejable, pero algo frágil.

El hueso de taba, por todo a la vez y no poco, fue el quinto, violento, agresivo y descompuesto, genio muy áspero en trallazos defensivos. El segundo se soltó y amagó con rajarse a mitad de trabajo. El cuarto, en fin, la joya de la corona, picado al relance y encelado en el peto de pica, se soltó a tablas y a querencia de toriles y corrales casi desde el principio y luego de haber visitado casi todos los puntos cardinales de la plaza. Casi, porque no llegó a salir ni a ser obligado en serio fuera de las rayas.

Cuando Ponce lo tapó en muletazos rehilados, el toro tragó sin protestas. Lo que tuvo de huido lo tuvo también de manso sin mayor peligro. Muy cegado, a engaño puesto llegó a repetir en tablas dos tandas en cuclillas del repertorio de Ponce. Pero en cuanto vio espacio, y mientras Ponce cambiaba de espada. tomó a la carrera el camino de la puerta de chiqueros. Y ahí, un aviso antes de la igualada, lo tumbó Ponce de una estocada.

La faena, tan de trozos y trazos sueltos a tenor del aire tan vago del toro, se vivió como lo nunca visto. No tanto la del primero de corrida, el de La Ventana, manejado de abajo arriba por Ponce en faena abierta en pausas y sin mayor relieve. Aunque la petición de oreja fue escasa, Ponce se pegó una vuelta al ruedo salpicada de paradas y reverencias. Como las dos faenas fueron maratonianas, y las dos de Perera lo mismo, y a Urdiales le costó cuadrar al segundo y descubrirle al quinto la muerte, el festejo se hizo larguísimo. No solo por serlo, sino porque la banda de música atorró el ambiente.

Se esperaba al Urdiales de Bilbao, Logroño y Madrid, pero no salió aquí ni el alcurrucén de Vista Alegre ni el fuenteymbro de Las Ventas, los de sus dos faenas de antología. Logros buenos pero menores con el capote, un hermoso manejo de los avíos de torear, asiento y calma indiscutibles. Pero con una muleta tan pequeña fue imposible gobernar los derrotes del quinto. El toreo a suerte cargada y a cámara lenta se dejó sentir en pasajes sueltos de su primera faena. Perera trabajó sin desmayo. Buen toreo a pies juntos en el recibo del sexto y lances cadenciosos en el del tercero, y dos faenas interminables, y, como todas las de su género, de muy desigual sentido. La primera no trascendió por falta de ajuste o por pecar Perera de torear sobre la inercia y acompañar. La del sexto, apuesta mucho mayor, sí caló. A suerte descargada demasiadas veces, siempre acompasado, toro gobernado en muletazos en línea muy largos, un final en trenza y una estocada corta con vómito y ahorró el que habrá sido sexto aviso de la tarde.

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