El Juli, veinte años no son nada

Natural de Ginés Marín a un ejemplar de Garcigrande. :: afp/
Natural de Ginés Marín a un ejemplar de Garcigrande. :: afp

En sordina y sin suerte en la celebración muy discreta de sus dos décadas como matador de toros en una de sus dos plazas francesas predilectas

BARQUERITO BAYONA.

El Juli celebró en Bayona en septiembre de 2008 sus diez años de alternativa. El homenaje fue en toda regla. En los bajos de las bellas Arenas de Lachepaillet se montó una exposición monográfica de mucho calado. Al asomar al día siguiente por la puerta de cuadrillas, a plaza llena, se levantó entonces un clamor formidable. Bayona había sido escenario de algunas de sus mejores faenas en plazas francesas. La celebración en toda regla y con honores de los veinte años de alternativa tendrá lugar en Nimes dentro de tres semanas.

Esta cita de Bayona, donde llevaba sin torear dos años, fue más de compromiso que protocolaria. No hubo fastos ni antes ni durante ni después. Era día de labor en Bayona, pero la más brillante etapa del reciente Tour tuvo por escenario en carrera contrarreloj la comarca entera y hubo que suprimir la corrida clásica de las Fetes -las fiestas de la ciudad- que son a su manera la versión vascofrancesa de los sanfermines. El cambio de fecha se convirtió en la del aniversario de El Juli, que cumplió con la misión primera de llenar más tres cuartos cumplidos de plaza, pero fue recibido como si se tratara de una tarde más. Y eso fue la corrida: una más. Con toros de hechuras y condición muy dispares de los dos hierros de la casa Garcigrande, que es como la casa de El Juli y la savia de su propia ganadería, que se estrenó precisamente en Bayona hace cinco años y con suerte. La suerte que no vino a verle esta vez, pues ni un primero de ancho balcón, envergadura exagerada para una muleta tan pequeña como la que El Juli gasta, fue de los que no caben en la muleta. O cupo, pero obligó a Julián a torear templado y sereno pero abierto y despegado.

FICHA DEL FESTEJO

Toros
Seis toros de Justo Hernández. Cuatro con el hierro de Domingo Hernández y dos con el de Garcigrande.
Toreros
El Juli, silencio en los dos. Sebastián Castella, oreja tras un aviso y saludos desde los medios tras un aviso. Ginés Marín, silencio y división.
Plaza
Bayona. 1ª de la Feria del Atlántico. 6.500 almas. Anticiclón. Dos horas y veinte minutos de función.

Hubo detalles caros: el dominio sencillo del toro, la colocación impecable, tres naturales de rico encaje e improvisados sobre la marcha, una serie de ayudados de costadillo previos a la igualada y ninguna fe con la espada.

El Juli brindó al público el cuarto, salinero de pinta, casi 600 kilos, pero armónicas hechuras para tanto volumen. Un toro de rara conducta en el caballo -entradas de ida y vuelta, la cara arriba, celo intermitente- que a los diez viajes se apagó del todo. Suelto al salir de medias envestidas contadas, una infinita desgana. El Juli pareció contrariado sin fingimiento, se fue por la espada de verdad y enterró una estocada letal.

En la desigual corrida de garcigrandes y domingos costaría hacer un lote equilibrado. Pero se hizo y se lo llevó Castella. El toro de menos cara de los seis -el segundo, mocho el pitón izquierdo- y el más ofensivo, un quinto de cuerna muy fina desde la cepa, gacho y bizco, acapachado, pero muy ancha la esfera, El uno tuvo buen ritmo por la mano derecha; el otro, no tanto, pero acabó metiendo la cara y repitiendo.

Castella se entendió muy bien con los dos. Las dos faenas tuvieron rigor técnico, firmeza y sentido del temple. Las dos tuvieron por broche otras tantas series de trenzas y péndulos. Ligadas, las tandas fueron abundantes. A pies juntos hubo muletazos lindos por su compás. No fue el Castella volcánico de hace un año en esta misma feria. Pero a la gente le gustó que el torero de Béziers se exigiera a sí mismo. No pasó con la espada en el quinto, se pasó de tiempo en las dos bazas, hizo muy buen papel.

Ginés Marín no había toreado nunca en Bayona. No fue sencillo el estreno. El lote más serio de los tres. El sexto, inmensa mole; el tercero, apaisado de cuerna. Este tercero se rajó antes de lo previsto. El sexto, incierto, no consintió confianzas. La fiel espada del torero de Olivenza se quedó por el camino.

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