Hernández se lleva la tarde

El rejoneador Leonardo Hernández en la lidia al primero de su lote./Javier Lizón
El rejoneador Leonardo Hernández en la lidia al primero de su lote. / Javier Lizón

El extremeño corta cuatro orejas y consigue su cuarta puerta grande consecutiva en Pamplona

PACO AGUADOPAMPLONA.

El jinete extremeño Leonardo Hernández, que cortó cuatro orejas, se llevó de calle la tarde de rejones de los Sanfermines, que desde 1995 es el auténtico feudo del navarro Pablo Hermoso de Mendoza, a quien esta vez le tocó salir a pie por sus fallos con el rejón de muerte.

Claro que, a tenor de la generosidad del público, que, el día del chupinazo y sin peñas aún, se mostró más agradecido a todo cuanto sucedió en el ruedo. Bien pudo Hermoso haber cortado otros tantos trofeos de no mediar tales desaciertos con el estoque después de cuajar el mejor toreo a caballo de la sesión.

FICHA DEL FESTEJO

Toros
Despuntados para rejones, de los hierros del Capea y Carmen Lorenzo (1º, 3º y 6º), con carnes y mucho volumen en general y, a falta de un punto mas de raza y fondo, de muy buen juego para los caballos. El quinto, que no fue el mejor, fue premiado con la vuelta al ruedo.
Toreros. Hermoso de Mendoza, con casaca grana y plata
dos pinchazos y rejonazo trasero (silencio); pinchazo y rejonazo trasero contrario (oreja). Leonardo Hernández, de chaquetilla azul marino: rejonazo trasero fulminante (dos orejas); rejonazo trasero (dos orejas). Roberto Armendáriz, de chaquetilla gris marengo: rejonazo trasero y dos descabellos (silencio); tres pinchazos y rejonazo contrario trasero (silencio).
uPlaza
Segundo festejo de abono de San Fermín, con cartel de 'no hay billetes' en las taquillas (19.800 espectadores).

Pero como finalmente las presidencias y los públicos premian el conjunto de la actuación, contando en especial con la efectividad al entrar a matar, las orejas y el honor de la salida a hombros, por cuarta vez consecutiva en Pamplona, correspondieron a Leonardo Hernández, que puso garra en su trabajo y, además, tumbó a sus toros de sendos rejonazos fulminantes.

Las dos primeras se las cortó a un segundo noble pero que se paró y se desfondó pronto, por lo que el de Badajoz tuvo que atacarlo en una labor que encontró más eco en el tendido con los embroques finales, cuando clavó, sin solución de continuidad, tres banderillas cortas en la suerte del violín.

Exactamente igual finalizó Hernández su faena al quinto, que tampoco tuvo mucho empuje, por lo que el tono y el criterio de su actuación no difirió demasiado de la que llevó a cabo con el astado anterior, aunque esta vez se adornó con más fibra de cara al tendido.

La presidencia, en el mismo tono amable, le premió con otros dos trofeos y, más como premio al conjunto de la buena corrida de Capea que al juego de ese quinto en sí, también sacó el pañuelo azul para que el voluminoso ejemplar fuera arrastrado en vuelta al ruedo por las mulillas.

Con todo, el mejor rejoneo llevó la firma del maestro Hermoso de Mendoza, que sorteó dos toros voluminosos y de mucha clase pero que perdieron gas en el segundo tercio. El navarro lidió con limpia perfección y mucho temple al primero, aunque sin transmitir demasiado, antes de pinchar con el rejón definitivo.

Por ello fue por lo que echó el resto con el cuarto, arriesgando mucho para apurar los espacios en los galopes de costado con 'Disparate', mientras que, en plena merienda, sus paisanos apenas reaccionaban a sus méritos.

Fue ya con el torerísimo tordo 'Arsenio', y la chistorra engullida, cuando la faena de Hermoso y el ambiente de la plaza se dispararon, hasta hacer pensar en ese premio de dos orejas que un pinchazo dejó solo en su mitad.

Roberto Armendáriz, que como sus compañeros también salió a hombros en la anterior edición de esta corrida, cerró la terna con el toro de menos opciones, un tercero sin tanta clase como sus hermanos y que alcanzó en demasiadas ocasiones a sus caballos.

Más entonado estuvo el otro rejoneador de la tierra con el sexto, en una faena a más que tuvo el cénit de tres apurados y valientes quiebros, arrancando y batiendo muy en corto, sobre el fibroso 'Farruco', que entusiasmaron a sus paisanos antes de que, como pasó con Hermoso, los fallos al matar obligaran a Armendáriz a salir a pie de la monumental pamplonesa.