Hermosa pero frágil corrida de Bohórquez

Un viento de azote constante y las fuerzas menguadas de casi todos los toros condicionan un espectáculo sin brillo

BARQUERITO MADRID.

Un prólogo sentimental: al cumplirse el primer aniversario de la muerte de Iván Fandiño se guardó un minuto de silencio, cuadrillas y asistencias destocadas, todo el mundo de pie. En cuanto se rompieron filas, la banda atacó el pasodoble que para Fandiño compuso el maestro Jesús Urrutia. Y, en seguida, la última de las treinta corridas de primavera en las Ventas, el cuadragésimo cuarto festejo del curso. Dos imanes en el cartel: Fortes y Álvaro Lorenzo. Y una incógnita: Bohórquez, que, camadas vendidas por sistema para las de rejones de lujo, llevaba seis años sin lidiar en Madrid una corrida en puntas. La última, en un domingo de San Isidro, más que buena. Y desde entonces.

La incógnita se resolvió antes de lo previsto: desangrado, el primero de los seis, muy astifino y bien armado, pero menos toro que los cinco restantes, justísimas las fuerzas, sangrado en exceso, se apoyó en las manos sin apenas celo, se pidió sin éxito la devolución y fue protestadísimo. A la fragilidad del toro, sostenido por un capotazo terapéutico de José Antonio Carretero tras una segunda vara muy sangrada y lesiva por trasera, vino a sumarse la aparición de un imprevisto protagonista: en la tarde más cálida del año, un viento norte racheado no paró de soplar.

FICHA DEL FESTEJO

uToros
Seis toros de Fermín Bohórquez.
uToreros
Fortes, silencio en los dos. Álvaro Lorenzo, silencio en los dos. Joaquín Galdós, aplausos y silencio. Excelentes lances de brega de Sergio Aguilar con el segundo.
uPlaza
Madrid. 44º festejo de temporada. Un minuto de silencio en honor de Iván Fandiño, de cuya cogida mortal de cumplía justamente un año.

El primero en sufrir los estragos del viento fue Saúl Fortes, activísimo en la lidia forzada del toro. En todas las reuniones se vio Fortes descubierto por el viento. Aguantó sin queja el viento y la gresca contra el palco.

El viento arreció durante la lidia del segundo. Álvaro Lorenzo tiró cuatro verónicas de mano alta, encaje posado, sueltos los brazos. El peruano Joaquín Galdós, aupado a un cartel tan de feria, intentó quitar en su turno. Lances enganchados. El tercero fue el de mejor son. Saúl Fortes firmó un precioso quite por gaoneras ceñidísimas. El toro pedía trato de sosiego, temple de filigrana, mano de seda. Porfió empeñoso Galdós, abusó del toreo rehilado al sentir el son del toro, su codicia y prontitud y, en la distancia o no, navegó sin ahogarse ni terminar de acoplarse ni asentarse. Una buena estocada. Cuarto y quinto fueron toros muy grandullones. El cuarto enterró pitones antes y después de varas, y se pidió su devolución. En medio del sonoro pulso entre protestantes y presidencia, Fortes firmó con el capote cosas lindas: firmes lances de recibo, un galleo, un quite del caballo con tafallera cosido con dos mandiles.

Álvaro Lorenzo fijó al gigantesco sexto con lances de exquisito compás. El espectáculo estaba venido abajo al asomar el sexto, que salió con alegría y fue el de más trapío. No llegó a verse el toro bien. Indispuesta la gente, el viento implacable, abrevió Galdós.

 

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