Dos excelentes novillos de La Quinta

El novillero Francisco de Manuel con su primero, de nombre 'Callejito'. :: efe/
El novillero Francisco de Manuel con su primero, de nombre 'Callejito'. :: efe

Segundo y quinto de una cita obligada. No se acopla con ellos el menor de los hermanos Lagravere, todo voluntad. Capaces Ángel Jiménez y Francisco de Manuel

BARQUERITO

La novillada de santacolomas de La Quinta, inquietante pimienta de San Isidro, fue del gusto de la gente. Para un codicioso segundo y un temperamental tercero, los novillos de más entrega en el caballo y nervio más vivaz, sonaron en el arrastre sendas ovaciones. Muchos aplausos para el quinto, de línea, remate y pinta diferentes, y también para el sexto y el noble primero. Solo se silenció el arrastre del cuarto, que blandeó y hasta se escupió en varas y llegó a irse a tablas por dos veces en plena faena de muleta.

Las capas cárdenas del toro legítimo de sangre y procedencia Buendía de primera mano, las cañas finísimas como si en vez de pezuñas gastaran zapatos de charol, las puntas muy afiladas, la mirada viva, la agilidad, la listeza propia. El impecable escaparate, que es seña de identidad, y su trasfondo: movilidad, prontitud, agilidad. Y entrega más desigual de lo previsto. En calidades -los viajes humillados con sus repeticiones, el son de la casta dulce- se llevó la palma el quinto, el distinto a todos los demás. En bravura clásica, el segundo, que tuvo recorrido y fijeza, y su punta de fiereza.

FICHA DEL FESTEJO

Novillos
Novillos de La Quinta, muy en el tipo del encaste 'Santa Coloma' y, salvo el desrazado y mortecino primero, y el manso y acobardado cuarto, en general, con movilidad y cierta transmisión, virtudes engañosas a tenor de lo poco se emplearon de verdad. Segundo, tercero, quinto y sexto, aplaudidos en el arrastre.
Novilleros
Ángel Jiménez, silencio en los dos. André Lagravére, El Galo, silencio en los dos. Francisco de Manuel, saludos en los dos.
Cuadrilla
Pares notables de Iván García y Fernando Sánchez. Brega buena de Juan Carlos Rey. Un capotazo de quite de Lipi en el segundo. Azuquita, excelente puntillero.
Plaza
Madrid. 14ª de San Isidro. Primaveral, ventoso. Seis novillos de La Quinta (Álvaro Martínez Conradi).

El noble primero, castigado por un primer puyazo de mucho sangrar, descabalgó al picador Agustín Romero, cobró un volatín completo después del puyazo y embistió muy despacito. Las cuadrillas sentirían que segundo y tercero se habían picado de menos, porque uno y otro se vinieron arriba, y los novillos de la segunda mitad recibieron mucho castigo. No solo el que se blandeó tanto -el cuarto- sino los dos que le siguieron. Jarabe de palo para el quinto, que se recompuso tras dos lesivas varas traseras, y también para el sexto, que hizo lo que ningún otro: escarbar dos veces, perder las manos y acusar las secuelas de dos puyazos preventivos porque el que entró en lote con él, el tercero, fue el que puso en alarma a la tropa toda. También ese sexto embistió al ralentí, pero solo por la mano derecha. Se revolvió por la otra. No hubo novillo que ni precisara de la muleta empapado. Se avisaban en cuanto se abría un hueco. Fue, por lo demás, y con la excepción del notable segundo y del excelente quinto, novillada de poco humillar.

De los tres de terna, dos -el ecijano Ángel Jiménez y el madrileño Francisco de Manuel- hacían su quinto paseíllo en Las Ventas. El menor de los hermanos Lagravere, André, que se anuncia El Galo, solo su segundo. A manos de André, bullicioso, aparatoso, todo querer, vino a parar el lote de la corrida. No le perdió la cara a ninguno, pero lo desbordaron los dos. Una primera faena de aguantar pero sin templar una sola embestida ni terminar de encajarse ni ajustarse, y una segunda de muy corto vuelo. Así que se tuvo la sensación de despilfarro.

Ángel Jiménez dejó patentes su colocación, su firmeza y su refinado estilo. En un ladrillo la bien medida faena al toro que abrió fiesta, que solo quiso claro por la mano derecha, y segura, serena y competente la del cuarto, que fue mirón y se jugó con bastante viento. El arreón de ese cuarto al sentir el primero de dos pinchazos previos a la estocada fue llamativo. Señal de fiereza.

Lo más brillante llevó la firma de Francisco de Manuel: en quites y recibos sus verónicas de lindo encaje, voladas despacio en el mismo embroque, lo que las hace originales, y rematadas con regusto bueno, gran juego de brazos, figura bien compuesta. Y dos faenas bien distintas, pues la agilidad agresiva del tercero, su manera de meterse o revolverse, solo consintió un trasteo de ten con ten y el aire pastueño del sexto por la mano derecha le dejó, en cambio, probar que de un año a otro sus progresos son notorios: calma, autoridad, aire de torero rodado y enseñado. Y una excelente espada.