Una corrida temperamental de Torrestrella

Pase por la espalda de Luis David Adame al primero de los de Torresetrella que le tocó en suerte. :: m.c./
Pase por la espalda de Luis David Adame al primero de los de Torresetrella que le tocó en suerte. :: m.c.

Descarado y firme, Román arriesga con el toro más difícil y Adame se templa con el mejor de la tarde

BARQUERITO BILBAO.

El diestro madrileño Gonzalo Caballero culmina su participación en las Corridas Generales desbordado por los acontecimientos

stuvo muy valiente y sin esconderse Román con dos toros de distinta condición. No fue sencillo ninguno de los dos. Descolgado desde el galope de salida, el primero de corrida, tronchado por un severísimo puyazo y demasiado fino de cabos para tronco tan ancho, 550 kilos, fue muy codicioso, pero se trastabillaba por frágil. La fragilidad, ya evidente antes del duro puyazo, lo hizo incierto. Pero no paró de atacar.

Un quite arrebatado de Gonzalo Caballero por gaoneras no fue árnica precisamente. Se levantó un ligero viento, Román abrió de largo, vino sin gobernar el toro y entonces se dio paso a una faena muy de trágala: mejor o peor colocado, pero encajado en serio el torero valenciano que aguantó de verdad y se fajó cuanto pudo. No le descompusieron ni la envergadura del toro -el más armado de la corrida- ni sus acostones jadeantes. Al acortar distancias, se pasó el toro por la barriga como si tal cosa. En eso radicó el vértigo. Y el mérito.

FICHA DEL FESTEJO

uToros
Seis toros de Torrestrella (Herederos de Álvaro Domecq y Díez).
uToreros
Román Collado «Román», saludos y saludos tras un aviso. Gonzalo Caballero, silencio y división tras un aviso. Luis David Adame, una oreja y aplausos.
uPlaza
Bilbao. 3ª de las Corridas Generales. 3.500 almas. Estival. Dos horas y media de función

Se entregó Román con la espada, cobró una entera tendida y salió encunado y volteado de la reunión pero ileso. Hazem El Sirio, tercero de cuadrilla, tiró de Román del suelo cuando el toro lo tenía atrapado entre las manos. Un quite impagable. Sonaron con mas fuerza las palmas para el toro en el arrastre que las de reconocimiento para Román. Estaba la tarde de signo torista. Y así hasta el final. Celebración de Torrestrella y su casta díscola. Para todos los toros hubo en el arrastre aplausos sentidos. Cuando estaba todavía por calibrarse el son del sexto, salió de un tendido de sol y sombra un grito espontáneo: «¡Enhorabuena, ganadero!»

Saltaron dos toros del gusto de todos: tercero y cuarto. De pintas casi idénticas. Salpicados, capirotes, botineros, badanudos, ojalados, coleteros. Sin ser armónicos -muy astifino el tercero, alto de agujas el cuarto-, fueron toros con plaza. Dieron buen juego los dos. El cuarto, tranco caro de partida, el de mejor nota en el caballo -dos puyazos excelentes de Santiago Chocolate-, pecó por encogerse sin afligirse. El tercero, boyante, fue el toro de la tarde. Román toreó al noble cuarto con descaro, se templó y ligó por la mano derecha, apuró hasta el último viaje, ni un paso atrás, ni un renuncio. No hubo que tragar paquete como en la primera baza, pero hubo que consentir y, de nuevo, encajarse sin miedo. El final de faena, con roscas y cambios de mano improvisados, tuvo gancho y gracia. Lo rico del trabajo fue su espontaneidad. Una estocada muy apurada y perdiendo el engaño. La muerte del toro, recostado contra las tablas, fue espectacular por lo largo de la agonía.

El primer ganadero que se atrevió a hablar del temple de un toro fue don Álvaro Domecq y a propósito de su propia ganadería, la de Torrestrella. Pues el tercero de esta corrida de Bilbao fue justamente ejemplo de eso que don Álvaro llamó el temple. Se acababa de arrastrar un segundo de corrida que fue como una marejada de temperamento, a chorro batiente y descompuesto su fondo de destemplada bravura. Y el contraste fue formidable. Muy seria la embestida de ese tercero -el mismo son de salida que a la hora de doblar y tras faena de largo metraje- y firme y compuesto Luis David Adame, que debutaba en Vista Alegre como matador de alternativa.

Se hizo querer el menor de los hermanos Adame no solo por sus habilidades y recursos con el capote -lances de costado de manos altas, galleo bien trenzado, una larga de rico vuelo, una lograda versión particular del quite del Zapopán- sino por su resolución tan segura en un principio de faena de buen compás. Tres tandas en redondo ligadas, y tan templadas como el propio toro. Sin desmerecer. Se arrancaron lo músicos, por la mano izquierda bajó el nivel -el trazo del muletazo-, en distancia corta se amontonó la cosa -el toro no quería tan encima a Adame- y la coda, por sedicentes bernadinas y hasta un par de arrucinas de relleno, caló en la gente. Una estocada recibiendo muy aparatosa y, tras larguísima resistencia, un golpe de verduguillo. Una oreja, un valioso trofeo. El único de corrida tan agridulce y guerrera.

Corto de cuello y levantado, bien afilado, el quinto, toro hondo, puso en alerta a la tropa. Geniudo en el caballo, listo en banderillas, fue de los de atacar. Prueba excesiva para Gonzalo Caballero, desarbolado por el segundo de corrida y no tanto por este otro, que lo desarmó, le hizo recorrer plaza -los terrenos los puso y marcó el toro- y le obligó a dar la cara sin terminar de volverla. De la reunión primera con la espada salió Gonzalo con el hombro dislocado, por su paso y descalzo se fue hasta la enfermería, se volvió antes de entrar en ella, lo despojaron de la chaquetilla y tuvo el gesto de volver a pasar con la espada y como fuera, y acertó con el cuarto descabello.

El sexto torrestrella, muy nalgudo, culata monumental, colorado girón, carnoso, estuvo a punto de subírsele a la silla y a las barbas a Óscar Bernal, que picó de maravilla en dos entradas. La primera vara fue de una sangre fría y un acierto sobresalientes. Puso su parte un caballo valiente. En tarde de quites a tiempo o destiempo -uno de Luis David Adame por navarras al quinto, por ejemplo- entró Román en el sexto para uno mixto de chicuelinas y tafalleras, y una larga de broche muy buena. Fue poco después cuando le dieron a voz en grito la enhorabuena al ganadero. Pero justo después del grito se empeñó el toro en llevarle la contraria. Mirón, un punto desganado, el toro protestó en la corta distancia y, además, hizo lo que ningún otro: mugir. Un trabajito justificatoria de Adame.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos