Calidad del cacereño Emilio de Justo; herido de gravedad Javier Castaño

Javier Castaño fuer cogido al cobrar una estocada en el cuarto. :: efe/
Javier Castaño fuer cogido al cobrar una estocada en el cuarto. :: efe

Corrida brava de Escolar, una faena distinguida del torero extremeño, que debutaba en Sanfermines, y un desafortunado percance del torero de Topas al atacar con la espada

BARQUERITO PAMPLONA.

En tipo, en peso, bien cortada rematada, la corrida de Escolar fue brava y compleja. Con el segundo, el de mejor nota, toreó con categoría y temple muy particulares Emilio de Justo, que, once años después de tomar la alternativa, debutó en Sanfermines. Los seis toros de Escolar -cuatro cárdenos muy fibrosos y finos de piel que se jugaron por delante y dos entrepelados de imponente cuajo que cerraron festejo- salieron con pies y desafiante viveza. El primero hizo amago de volverse en la puerta del toril; el tercero, cinqueño, asomó con gesto muy fiero y encampanado; el sexto, 610 kilos, fue el de más trapío y no solo el de más volumen.

La corrida, breve, intensa y agitada, estuvo donde estuvo el toro, como quiere la doctrina clásica. Pero cuando estuvo en juego el segundo de corrida, importó todavía más que el toro el propio torero, que supo hacerse dueño y con él. Muchos fueron los méritos. El toro, un Churrero de 555 kilos, había echado de salida las manos por delante. Se revolvió, pero lo tuvo fijado Emilio antes siquiera de la salida de los picadores. Con todo parecía estar al punto el toro, pendiente del caballo -y tardó en atacarlo-, del tendido y de los toreros a tiro también.

FICHA DE LA CORRIDA

Toros
Seis toros de José Escolar.
Toreros
Javier Castaño, silencio en los dos. Cogido al cobrar una estocada en el cuarto. Cornada de 20 cms. en fosa iliaca derecha de pronóstico grave. Operado en la enfermería de la plaza. Emilio de Justo, una oreja y silencio tras un aviso. Gonzalo Caballero, silencio en los dos. Picó bien Germán González al segundo. Brega resuelta y capaz de Morenito de Arles y Marco Galán, que lidió primero y cuarto.
Plaza
Pamplona. 4ª de San Fermín. Casi lleno. 18.500 almas. Estival. Dos horas y cinco minutos de función.

De un segundo puyazo salió arreando como un bólido: la fiereza. Incierto en banderillas, estaba por verse el fondo del toro cuando Emilio de Justo brindaba desde los medios. En tarde muy calurosa, sopló de pronto una leve brisa, incómoda para torear. Bien abierto en los medios, Emilio abrió trasteo sin tomarse ventajas ni previas pruebas, acertó con distancia y terrenos -evidencia de su rodaje en la ganadería de Victorino, ganadería matriz de la de Escolar- y, al hilo del pitón, pero sin perder pasos, le pegó al toro una primera tanda de siete en redondo, y el de pecho. Muy bella la composición: el empaque natural y no impostado, brazo poderoso, engaño bien volado, ligazón, muletazos despaciosos a pesar de la velocidad del toro, que tendió a distraerse al perder de vista el reclamo y punteó por la mano izquierda, pero terminó por la diestra entregado, y sometido.

Por ahí fue la sustancia de una faena bien medida, de claro gobierno y adornada con remates cambiados o de pecho a pies juntos muy airosos. Toreo de escuela. En un quite al primero ya se había dejado sentir a pies juntos Emilio en tres caros lances muy bien tirados, con su remate envuelto en media revolera. El final de faena, cites frontales a pies juntos, fue de firma propia.

La rúbrica, una gran estocada. Duro de manos, tardó en doblar el toro. Una oreja. De calado.

De Justo desplegó gran firmeza y notable mando con sus dos toros
De Justo desplegó gran firmeza y notable mando con sus dos toros / EFE

Emoción

La oreja, el toro y la faena tan notable de Emilio de Justo, la emoción provocada por un ágil primero de corrida, muy abierto de cuerna, intratable por la mano izquierda, pero de serio embestir por la otra, y, además, una faena valerosa, habilidosa y precisa de Javier Castaño, todo eso junto puso caliente el espectáculo antes de llegarse a mitad de corrida. El hecho de que el primero se rompiera antes de la igualada los ligamentos de la mano izquierda, pero sosteniéndose en bravo de pie a pesar de la cojera, sumó emociones.

El tercero, que en banderillas esperó, cortó e hizo hilo, fue el toro discordante de los cuatro cárdenos. Aunque vino de largo fijo a engaño y galopando, se salió suelto y distraído de todas las reuniones. Muy descarado Gonzalo Caballero en los cites, firme en la reunión, pero sin dar con el modo de sujetar al toro, que al cabo de una docena de embestidas se puso a medir y a desparramar la mirada antes de tomar el camino de las tablas. Al segundo intento Caballero enterró una excelente estocada.

Agresivo pero no incierto, gesto fiero, el cuarto, de eléctrica movilidad, escarbó -y fue el único- pero descolgó también y, pese a ser también el único que, picado a la defensiva y en severo lanzazo, se repuchó en el caballo, vino a engaño. Costaba estar delante. Trasteo de porfía y trámite de Javier Castaño -en el cuarto toro de desentiende la mayoría- y el infortunio de una cogida muy aparatosa al enterrar la espada.

El primero de la tarde le había abierto a Javier la tira del bordado de la taleguilla desde la cintura a los machos. Este hizo carne. La cogida fue feísima. Emilio de Justo acabó con el toro de una estocada impecable. Solo que fue la estocada que no acertó a cobrar para rematar tarde y faena, una faena, la del quinto, que no tuvo apenas que ver con la del segundo. Tan distintos fueron los dos toros. Los doblones del comienzo de faena fueron espléndidos.

Lo que siguió fue de más empeño que logros. Revoltoso y corto de viaje, el toro no se dio, tropezó engaño, se apoyó en las manos. No taponazos, pero sí trompicones. Emilio ligó el natural con el de pecho. El mejor pasaje de la faena, que, sin temple fue de toreo a suerte cargada. Y de mucha torería. Seis pinchazos y un descabello. El tremendo sexto desarmó a Caballero de salida, cortó en banderillas con listeza y le tuvo la moral comida al torero de Torrejón desde que en la primera reunión descarada se le acostó y vino encima, y lo prendió sin herirlo. Tocaron a rebato. Una estocada caída.

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