Se busca novillero valenciano

Ángel Téllez fue el único novillero que ayer cortó una oreja en Valencia. :: efe/
Ángel Téllez fue el único novillero que ayer cortó una oreja en Valencia. :: efe

Tres toreros del país en un concurso. El premio, un puesto el 11 de mayo. Cervera pierde la ocasión. Un gran novillo de Guadajira. Sereno y capaz Ángel Téllez

BARQUERITO VALENCIA.

Nueve años después de un efímero periplo novillero y de una casi inmediata retirada que pareció sin retorno, volvió a torear en Valencia Juan Cervera, un novillero del país. De Benifaraig, una pedanía del norte de la capital, entre Godella y Moncada. Cumplirá en septiembre veintisiete años. En el abono de Fallas, además de las dos novilladas de feria, cuenta una tercera en mayo, el día 11, la fiesta de la Virgen de los Desamparados. En ese cartel -Adrien Salenc, Marcos, ganado de Montealto- hay una tercera plaza vacante que ocupará el novillero valenciano con mejores registros en Fallas. Hoy torean un Miguel Senent 'Miguelito' y un Borja Collado, que es, secreto a voces, quien lleva todas las papeletas para alzarse con el santo y con la limosna.

Cervera quedó ayer descalificado. Dos avisos por baza. Dos trabajos sin hilván, interminables, de los de recorrer mucha plaza -la circunferencia pegada a tablas en ambos casos- y una aparente falta de ambición traducida en muy pobre oficio. Todo pasó donde quisieron y dispusieron sus dos novillos de Guadajira, muy bien comidos los dos. El cuarto, que derribó y se fue abriendo tanto que acabó medio rajadito, persiguió en banderillas con aire encastado, pero fue muy pacífico. El primero, que hizo amago de saltar luego de soltarse mucho de partida, salió escarbador, pero tuvo por la mano izquierda su aire. No lo vio claro Cervera. Tampoco se afligió. Le costó pasar con la espada. Los paisanos de Benifaraig apoyaron sin desmayo la causa. Hasta que empezaron a caer los avisos. Casi el tercero en el cuarto toro.

FICHA DEL FESTEJO

Toros
Seis novillos de Guadajira (Ángel Muñoz Becerra).
Toreros
Juan Cervera, silencio tras avisos en los dos. Ángel Téllez, vuelta tras aviso y oreja tras aviso. Francisco de Manuel, palmas y silencio tras un aviso.
Plaza
Valencia. 3ª de abono. Soleado, fresquito. 3.000 almas. Dos horas y tres cuartos de función.

Ni Ángel Téllez ni Francisco de Manuel entraban en el concurso. Por no ser valencianos. Téllez tiene anunciada la alternativa para el mes que viene en Guadalajara. Francisco, que se presentaba en Valencia con el crédito de sus muchos méritos el curso pasado, no terminó de entenderse con el tercero de corrida, que fue con diferencia el novillo de la tarde. Ni siquiera en banderillas, una de sus armas infalibles, pudo brillar como otras veces. Dos cuarteos -el segundo, por fuera, de riesgo- y un tercer par de poder a poder demasiado atacado. Se quedó con dos de los seis palos en la mano. Lo resentiría: renunció a banderillear al sexto. Ya estaba entonces la tarde vencida, luz eléctrica, el frío fallero del anochecer, dos horas y media. No invitaba nada. El sexto novillo, colorado, con pies pero sin ritmo, podría haber sido en otras circunstancias. En una tanda de ayudados de apertura pareció que... pero solo lo pareció. Al tercero le pegó una buena tanda con la izquierda, pero solo una. Demasiados paseos, pausas gratuitas, tiempos muertos.

La razón de que la novillada se fuera hasta las casi tres horas sin motivo no solo fue de las desdichas de Juan Cervera con la espada o el verduguillo, ni de los areneros, que parecen aquí protagonistas de pasarela. También Ángel Téllez sumó un aviso por toro. Y no por atascarse con la espada, sino por su empeño en pasarse de faena. En las dos dejó clara su autoridad de novillero hecho y rodado: manejo de las distancias y terrenos, faenas en un ladrillo, saber sujetar y manejar embestidas. Calmoso, paciente, distinguida compostura, las llamadas buenas maneras del toreo estudiado, alguna sutileza dentro de la monotonía inherente a las faenas maratonianas. Y el vicio de torear a suerte descargada y, si no, rehilando más que ligando. El quinto embistió bramando y eso no asustó a Téllez, muy seguro. El segundo, de viajes francos, se soltó más de la cuenta. Fue de interés su serenidad. Y un sentido del temple que no es común en toreros nuevos.