Una bonita faena de Pablo Aguado

Pablo Aguado durante su faena al toro de Alcurrucén que cerró la corrida de ayer en Valencia. :: efe/
Pablo Aguado durante su faena al toro de Alcurrucén que cerró la corrida de ayer en Valencia. :: efe

Y una desigual corrida de Alcurrucén llamativa por su nobleza y su falta de temperamento

BARQUERITO VALENCIA.

Se esperaba de la corrida de Alcurrucén ese punto temperamental tan propio del encaste y de la ganadería. Pues ninguno de los seis. Ni un primero abanto y mugidor que acusó una lidia caótica. Ni un noble y alegre segundo que tomó de repente la senda de casi las tablas, su rara querencia sin remedio de última hora. Tampoco un tercero que, las manos por delante, se rebrincó de partida y acabó tomando engaño con pastueño estilo. Ni un cuarto castaño chorreado, muy lustroso, que, más apagado que ninguno, careció de celo y entrega. El quinto, largo y ensillado, degolladito y hocicudo, en una línea que abundaba en la ganadería y ya no tanto, fue el más abanto y distraído de salida, pero, fiel a las calidades de la sangre Núñez, metió después de banderillas la cara, embistió con recorrido y se dejó hacer y querer.

El sexto, de pinta salinera -colorado, calcetero, girón blanco muy marcado en un anca-, dio en básculas 620 kilos. Culata monumental, tupidos pechos, alto de agujas, pero ni ventrudo ni tripón. Armónico a pesar de sus muchas carnes, toro de traza original. Dolido en dos varas sacrificiales y lidiado con soberbia autoridad por José Antonio Carretero -tres capotazos antológicos después del segundo puyazo, lances de los que no se estilan-, tampoco ese sexto lució ni asomo del temperamento característico y tan fijado en Alcurrucén. Cualquiera de las muchas y tantas corridas de la casa vistas en Fallas en la última década provocó bastante más que esta otra. Por acalambrado el uno y por frío el otro, tercero y quinto fueron protestados tibiamente de salida. Fue, por demás, una corrida menos ofensiva de lo que es norma del hierro. Por astifino llamó la atención el quinto. Por todo lo contrario el primero.

FICHA DEL FESTEJO

uToros
Seis toros de Alcurrucén (Pablo, Eduardo y José Luis Lozano).
uToreros
Álvaro Lorenzo, saludos y saludos tras aviso. Luis David Adame, vuelta al ruedo y leve petición tras un aviso. Pablo Aguado, una oreja y ovación.
uPlaza
Valencia. 5ª de abono. Primaveral. 4.000 almas. Dos horas y media de función.

Casi todos acudieron al caballo corridos y por su cuenta. El segundo se escupió de la segunda vara; el cuarto hizo sonar los estribos, el quinto se fue suelto y casi huyendo del segundo puyazo y el sexto, en fin, cobró de lo lindo y, al sentir el hierro, cabeceó de blando en dos varas duras y casi seguidas, y echó la cara arriba en una tercera que lo dejó de seda. Y si no fue ese puyazo de propina, sería el capote de Carretero, quien, tras los tres lances de gloria, todavía lidió en banderillas con criterio y gobierno nada comunes.

Con clase por el palo clásico

Estaban en danza dos toreros con fama bien ganada de torear con clase por el palo clásico, Álvaro Lorenzo y Pablo Aguado. Se frenó el cuarto, se desentendió el primero, y Álvaro no tuvo opción de acreditar su talento. Firmó con el tercero un quite breve por chicuelinas rematado con una revolera prodigiosa que pareció tiraba con compás y bigotera. Aguado no lo vio con el toro de los 600 kilos, tampoco con el protestado tercero, pero para que no se fuera en blanco la tarde le pegó al segundo en su turno chicuelinas sueltas porque ya entonces el toro estaba por proclamar su querencia. Las apariciones de Luis David Adame con el capote fueron tangenciales: una réplica por gaoneras despegadas al quite goteado de Palo Aguado, otro de costado con el primer toro de Lorenzo, uno más por navarras en el cuarto y un frustrado y disparatado ensayo de lances del Zapopán en el quinto de la tarde.

A la corrida le faltó la chispa. A los tres de terna también, pues incluso la más lograda faena de las seis vistas, la de Pablo Aguado al buen tercero se quedó corta. Faena cosida con hilo sevillano del caro: el poso, el reposo, el asiento, la suavidad toda, el muletazo cargado, el medio pecho. Muletazos muy bien dichos, excelentes los ligados de pecho, bien tirado el toreo al natural pero no ligado ni propiamente rematado, sino en tandas de perder pasos. La estocada fue soberbia. La mejor de la tarde. Y eso que dejó su sello de estoqueador competente con el cuarto Álvaro Lorenzo, el peor parado en el sorteo y reparto. Los dos toros de peor nota en un mismo y solo lote.

Naturalesde categoría

Con la zurda sacó Lorenzo muletazos de categoría -con tenazas, pero no sin aire- del apagado cuarto. Los de mejor trazo con el primero no pasaron de académicos. Aguado salió precipitado a faenar con el sexto -barrunto de puerta grande- y pagó la precipitación. Hubo con la izquierda una tanda más que notable. Y un final improvisado muy gracioso. El hecho de plantarse en los medios desde el comienzo fue de jabato, pero no pareció la decisión más acertada.

Encajado entre dos toreros tan clasicistas como Lorenzo y Aguado, Luis David bulló agitadamente, pero pecó de torear demasiado para la gente. Al quinto le pegó tropecientos muletazos. Al segundo, la mitad.