Arde Pamplona, se despide Padilla

Padilla sale por la puerta grande de la plaza de toros de Pamplona tras cortar tres orejas. :: reuters/
Padilla sale por la puerta grande de la plaza de toros de Pamplona tras cortar tres orejas. :: reuters

Una hermosa corrida de Jandilla de buena nota, un botín de siete orejas, la gente entusiasmada, Roca Rey casi a tope, Cayetano también y un adiós apoteósico

BARQUERITO PAMPLONA.

Ni una ni dos ni tres sino cuatro fueron las largas cambiadas de rodillas con que Padilla, tocado con un pañolón negro de estibador, abrió su corrida de despedida de Pamplona. Una revolera de remate. Rugió la gente. El sello de la corrida de Jandilla, con caras de Pamplona lo seis, fue su nobleza. El primero, único castaño del envío, ofensivo por descarado, se atuvo a esa ley. Con su carga tan precisa de nobleza, fue el de mejor fondo de los seis. El más vivo y pronto. Parecía elegido para la ocasión. Galopó, fue tardo en varas y se vino arriba en banderillas, con pies y son del bueno. Padilla prendió tres pares, dos cuarteados y un tercero al violín. Muy exagerados los cites danzados, precisas las reuniones. En el brindis al público Padilla se proclamó triunfador antes siquiera de arrancar de rodillas faena en tablas.

El toro pedía afueras y distancia, y ahí fue la cosa. Con sus pausas y apuros, con sus soluciones de viejo lobo -molinetes de rodillas, molinillos asido al tronco y la culata, reolinas y desplantes-, Padilla dio gusto a sus miles de fieles del sol, donde estaban desplegadas desde las seis de la tarde banderas piratas. A la faena le faltó de todo un poco, pero, patente de corso, eso no importó. Una bien cobrada estocada en los medios dando al toro salida a querencia. Los que habían visto el toro lo aplaudieron en el arrastre. Padilla se pegó una tumultuosísima e interminable vuelta al ruedo.

FICHA DEL FESTEJO

uToros
Seis toros de Jandilla (Borja Domecq Noguera)
uToreros
Padilla, dos orejas y oreja tras un aviso. Cayetano, saludos y una oreja. Roca Rey, una oreja y dos orejas. Joselito Rus prendió al segundo dos pares soberbios.
uPlaza
Pamplona. 9ª de San Fermín. No hay billetes. 19.720 almas. Encapotado, llovió en el cuarto, sol en los dos últimos. Dos horas y media de función.

No iba a ser la primera ni la última pues en ambiente fragoroso y desatado, y dislocado también, la fiesta fue de siete orejas. Como en los festivales. Lo exigía el guion y era lo que sin parar mientes ni en reparos había la gente venido a ver. El cielo, anubarrado durante la primera mitad de festejo, se puso negro. Cayó una tormenta menor de verano durante la lidia del cuarto. El sol salió a última hora.

Estaba embalada la cosa cuando entró en escena Cayetano. Padilla había provocado una indescriptible invasión acústica y un despilfarro de tiempo. El segundo de corrida se soltó cuarenta minutos después de asonar, con retraso, las cuadrillas. No habían regado el ruedo y, runrún de tormenta, se levantó polvo. El segundo fue el único jandilla de pobre nota. Deslucido, apagado, rebrincado. Esperó en banderillas -dos pares extraordinarios de Joselito Rus- y fue de los de pararse. Cayetano abrió de rodillas, se dobló solo a última hora y al cabo de un trabajito sin compás.

Con su vitola de campeón de sanfermines, Roca Rey fue recibido con expectación. La borrasca Padilla podía, sin embargo, con todo. Hasta que el torero limeño, muy ajustado de capa en el recibo por mandiles y temerario pero menos en un quite de lances rizados, sacó a Padilla al tercio para brindarle el toro, que tuvo buen aire pero se acostaba por la izquierda. El doble abrazo de Roca y Padilla se celebró bíblicamente. La faena, no tanto, porque solo al segundo muletazo, un estatuario en la perpendicular, el toro se le vino a Roca la ingle y le pegó una dura voltereta, que no fue cornada por milagro. Hasta el final de corrida estuvo Roca Rey cojeando ligeramente pero sin dolerse. Su decisión para sobreponerse a la cogida tan de lleno conmovió. Y el detalle de ponerse por la mano izquierda, solo que sin ligar dos seguidos. Faena de navegar y pasear, y pausas. Al segundo intento, una estocada delantera sin puntilla.

A la hora de la merienda ya se sentía pagada la mayoría, empezando por el que fue hasta la última vuelta de la tortilla el alcalde de Pamplona, que, presidente de la corrida, estaba que lo tiraba. La casa por la ventana. Relámpagos, dos tronadas nórdicas, gotas muy gruesas de lluvia. Breve pero recia la tormenta. Se lastimó en varas, de cuartos traseros el cuarto, el más bonito de los seis, puro Jandilla, y, aunque parecía de los de va y viene, a Padilla le tocó sujetarlo tras abrir de rodillas y antes de dar con el terreno del toro, que en los mismísimos medios descolgó y repitió, y fue tan pronto y bondadoso que, embalado, Padilla perdió la noción del tiempo. Un aviso antes de cuadrar. Tuvo más sustancia esta faena del adiós que la otra, pero Padilla la remató de muy feo bajonazo de urgencia. El toro tardó en doblar. Padilla pegaba botes y saltos, rueda de peones, échate, toro. Se echó. La vuelta al ruedo de Padilla, oreja en mano, fue todavía más teatral que la primera, y de mil paradas, y recoger y devolver prendas. Se cantó el «¡Illa, illa, illa.!» de rigor. Y al cabo, Padilla, casi en plancha en la boca de riego, palmeó unas cuantas veces la arena de Pamplona, que procede de una cantera de Miranda de Ebro.

Cayetano se echó adelante con el quinto, que brindó a Padilla tras fundirse con él en abrazo fortísimo. Antes de que venirse abajo el toro, que había punteado de partida y luego se empleó franco, le pegó pases de ritmo clásico y buen acento. Más o menos florida la faena y, a paso de banderillas, una estocada a morir. Sin ella, se habría quedado al margen de la fiesta, cuyo último capítulo escribió con letra propia Roca Rey. Largas cambiadas de rodillas, un quite por gaoneras, las temeridades habituales -los cambiados por la espalda intercalados y no siempre en el momento oportuno-, el asiento seguro más que la ligazón pura, muchas tablas, mucho sitio, muchos gestos también. Un ovillo de última hora encima del toro, una estocada inapelable. Y ardió Pamplona.

 

Fotos

Vídeos