López Simón triunfa y Fortes es herido grave en la Corrida de Inauguración

Saúl Jiménez Fortes recibe una cornada en el glúteo derecho del sexto toro de la tarde. /
Saúl Jiménez Fortes recibe una cornada en el glúteo derecho del sexto toro de la tarde.

Percance accidental del torero malagueño, que cayó en la cara de un gran toro de Lorenzo Fraile al quitar por gaoneras. Dos faenas importantes del torero de Barajas

BARQUERITO MADRID.

Los tres toros más ofensivos de la corrida del Puerto se abrieron en lotes distintos. Segundo, cuarto -cinqueños los dos- y sexto. Este sexto, muy descarado -dos garfios imponentes, veleto- y de cuajo severísimo, fue el toro de la corrida. Descolgado desde el primer viaje, embestida un punto columpiada de partida, estilo mayor al meter la cara. Muchas más virtudes que flaquezas tuvo la corrida toda de Lorenzo Fraile, pero la única y sola flaqueza, la tendencia reiterada a flojear de manos, fue un lastre. Ese sexto perdió las manos después de un primer puyazo peleado y volvió a perderlas después de un segundo. Protestas sonoras. Estaba visto, sin embargo, el aire del toro, el palco se enrocó y, antes de asomar el pañuelo de cambio -fuera blanco o verde, estaba en duda la cosa-, salió a quitar a los medios capote a la espalda y muy de largo Saúl Jiménez Fortes.

FICHA DEL FESTEJO

Toros. Seis toros de Lorenzo Fraile. Cinco, con el hierro de Puerto de San Lorenzo y uno, sobrero, de Ventana del Puerto. Corrida de variadas, serias y buenas hechuras. El sexto, de gran calidad. Primero y cuarto, buenos. Manseó el segundo; no se entregó el quinto. El sobrero, cargado de carnes, gigantesco, tuvo mucha bondad.

Toreros. Jiménez Fortes, saludos tras aviso y silencio tras aviso. David Galván, silencio tras tres avisos y silencio tras aviso. López Simón, vuelta tras aviso y saludos. Herido grave por el sexto Jiménez Fortes. Cornada de 30 centímetros en el glúteo derecho con contusión de recto, vejiga y uretra.

Plaza. Las Ventas. Corrida de Inauguración. Un cuarto de plaza. Primaveral.

Le vino el toro con galope acompasado y a engaño. Solo que tras el segundo lance perdió Fortes pie -un resbalón, o un hoyo, o se pisaría el capote-, cayó al descubierto en la cara y el toro hizo por él. Cogida aparatosa. El toro pareció empalar y encunar a Fortes en el suelo, se tuvo sensación de cornada grave. No pudo Saúl ni ponerse en pie. Llevaba la taleguilla tintada de sangre del primero de los dos toros que había matado por delante. Era cabeza de cartel. Iba desvanecido y desmadejado.

Cornada accidental e infortunada. El percance no hizo mella en Alberto López Simón, que se había aupado al cartel de esta corrida casi a la desesperada, según confesión propia en la víspera. De jugarse la carrera en esta baza. Muy valiente y templado con un descomunal sobrero cinqueño que se jugó de tercero bis, toro bondadoso pero de embestida tortuosa por justa de fuerzas. Del hierro de La Ventana y encaste Aldeanueva y no Lisardo, como los del Puerto.

El pulso del torero de Barajas fue notable en las dos últimas tandas con la zurda; garbo en los tres muletazos previos a la igualada -dos trincherillas y el del desdén-; firmeza arrogante en el toreo en redondo cuando más le costaba al toro completar viaje por abajo. Faena de apostar muy de verdad. Técnica y descaro convincentes. Ni una rectificación, impecable encaje, metidos los riñones, buena muñeca. Una estocada trasera, levantó el puntillero el toro, que volvió a echarse. No cundió la petición de oreja. Casi.

Más relevante y redonda la faena con el toro que hirió a Fortes. No solo por su gota sentimental, sino por su sentido del temple, su ajuste y pureza, su buena cabeza para mediar las tandas -casi todas, de tres y el cambiado de remate- y su general buen ritmo. Saber elegir terreno y distancias; no regatear al toro ni una vez a pesar de ser faena de exponer en serio; gracia en el remate final, compuesto de una serie de rizos y otra de mondeñinas temerarias. Por descarado, era toro ese sexto de los que se matan echando la muleta al hocico mejor que pasando por las bravas. Y ni lo uno ni lo otro. Tres pinchazos tendidos y quedándose López Simón en la cara. Por eso no hubo ni una oreja ni dos. Ni vuelta al ruedo. Con todo, baza ganada. Torero en marcha. No podía ser de otra manera.

Nota común de la corrida del Puerto fue su movilidad y su prontitud. Las tuvo un primero de muy buen son aunque frágiles apoyos; y en parecidas dosis el cuarto. Con los dos estuvo igual de valiente, firme y arrancado Saúl Fortes, pero en faenas excesivamente largas y repetitivas, de acumularse las tandas casi sin solución de continuidad. La largura fue en detrimento de la intensidad y las dos resultaron faenas de más a menos. Muy puesto el torero malagueño, que no se escondió con el capote, sino que lució su buen juego de brazos y su excelente concepto al torear con los vuelos a la verónica, y su ajuste de más cerca imposible. Algo fría la gente con él.

El lote menos propicio cayó en manos de David Galván: un segundo suelto del caballo, huido, de incorregible querencia a tablas, donde se defendió; y un quinto que salió galopando más y mejor que los demás pero salió tocado del caballo, se apoyó demasiado en las manos y no metió de verdad los riñones, alta la cara. Con minúsculos engaños -serán el capote y la muleta más pequeños que ahora se gasten- Galván hizo cosas preciosas al lance y al trastear de muleta, en pases de horna genuflexos, los de pecho bien tirados. Torería natural. Pero larguísimas, interminables las dos faenas, que pecaron por tercas. La grave cornada sufrida en el brazo derecho el pasado otoño ha debido dejar secuelas porque la espada se le hizo un calvario y el verduguillo, un infierno. Por eso sonaron los tres avisos en el segundo toro -excesivo castigo- y otro más, y casi dos, en el quinto.