Download Festival 2019

Medidores de decibelios

La banda canadiense de pop punk Sum 41. /Kiko huesca (Efe)
La banda canadiense de pop punk Sum 41. / Kiko huesca (Efe)

VICENTE ESPLUGUES

He ido a muchos conciertos a lo largo de mi vida, pero lo que ocurrió en la tercera jornada del Download 2019 ha sido la primera vez que lo he visto en mi historia de eventos musicales. Hasta en dos ocasiones tres agentes de la Policía Local de Madrid, pertrechados con los consiguientes aparatos de medir decibelios, se dirigían por el foso entre las primeras filas de fans y los altavoces para tasar el volumen de la actuación. La primera ocasión era cuando estaban actuando los Architects. La una banda británica de metalcore fundada en Brighton, con su vocalista Sam Carter a la cabeza, estaban repartiendo cera de lo lindo. Creo que el medidor de sonido reventó por los aires, y que los policías, seguro que, cumpliendo órdenes de arriba, se verían en el compromiso de informar a sus superiores de que lo que estaba pasando en la Caja Mágica de Madrid estaba incumpliendo todos los protocolos de contaminación artística. Me pareció curioso el intento de tasar la cantidad de watios que atronan en un festival de las características del Download, en el que se reúnen cabezas de cartel de renombrada fama mundial.

Actuaban los Architects en el escenario principal y desde que salieron me asombraron por su imagen, si al heavy se le asocia a imágenes agresivas y violentas, los cinco componentes de la banda parecían estudiantes ingleses de Erasmus por Madrid. Peinaditos con su gomina, flaquitos, aseados, hasta educados me parecieron. Su música no, su música era una combinación de técnica, velocidad y cambios de registro en las voces. De momentos armónicos, y suaves a un cambio brusco hacia lo gutural y cavernoso. Actuación brillante y que encandiló al público más joven.

Antes de los ingleses ya había degustado la hora de concierto de los brasileños Soulfly. Con un sol de justicia, una temperatura que rondaba los 40 grados, a las 20 horas en punto apareció la banda de Max Cavalera, antiguo miembro fundador de Sepultura. La decoración del escenario estaba encabezada por la portada de su último trabajo discográfico: Ritual, que mostraba un arquero tribal, apuntando con su flecha al cielo. Es una banda que tiene una gran influencia espiritual y étnica. En sus letras y sus ritmos. Su concierto fue agresivo y tribal, en un momento Max Cavalera sacó un birimbao, que es un instrumento de cuerda percutida parecido al arco musical, hecho de una vara de madera flexible y un alambre, a los que se agrega una cashishi y una calabaza, que hace las veces de caja de resonancia que se emplea en la danza brasileña capoeira. Soulfly sigue siendo una de las bandas que más anima a los pogos, y a los bailes, ha sido influenciado el público por las conexiones de la banda en cuestiones políticas, sociales, musicales y por las ideas de reivindicación de la banda como una tribu, liderada por Max Cavalera.

El plato fuerte de la última jornada de festival eran los californianos Tool que ofrecían su única actuación en nuestro país. Son una banda de culto con su dosis de «metal progresivo», «Indy metal», hasta «psicodelic metal». Desde que surgieron en 1990 en Los Ángeles, han vendido más de trece millones de discos en todo el mundo y ha ganado tres premios Grammy hasta la fecha. Lo de intentar etiquetar estilos de música es un tanto pretencioso, pero es cierto que a Tool le acompaña un hálito de banda diferente, extraña, para este mundo del Metal. Lo primero que llama la atención es que el centro de la banda no recae como en la mayoría de veces en su vocalista, sino en la base rítmica de está formada por el batería Danny Carey, y el bajista Justin Chancellor. Son el auténtico motor del grupo al que acompañan el guitarrista Adam Jones, el vocalista Maynard James Keenan.

Normalmente el que acapara todos los focos y muradas es el «frontman» de un grupo, que se mueve, que busca conectar con el público, al que se dirige continuamente en una interacción acompasada. En el caso de Tool nada de eso. Maynard James ocupa un discreto segundo plano, timidez total, o estrategia buscada nunca lo sabremos.

Han alcanzado la cima del metal alternativo, oscuro, lento, profundo. No persiguen la velocidad, la agresividad sino la excelencia en su producción musical. Sus esfuerzos para unificar la música, el ambiente, el sonido, las artes visuales y mensajes de emotividad, les hacen únicos en el variado y a veces repetitivos grupos de metal. Su actuación fue de muchos quilates, a pesar de la duración y complejidad de sus canciones.

La última jornada del Download me deja destrozado físicamente, ya no estoy yo con edad para saltar, bailar, beber, como cuando era más joven. Pero renuevo mí alianza con esta cultura que tan profundamente arraiga con mi sensibilidad y mi forma de entender la vida y el amor. A lo brutalmente sensible. Repetiremos, si Dios quiere. Vicente.