«Cuando llegué a Galicia no sabía lo que era el narcotráfico»

José Ramón Alonso de la Torre da protagonismo en su novela a las duras mujeres mariscadoras de Galicia. /JORGE REY
José Ramón Alonso de la Torre da protagonismo en su novela a las duras mujeres mariscadoras de Galicia. / JORGE REY

El autor publica su primera novela, que escribió en 1998 y donde aborda desde la ficción el mundo del narcotráfico

CRISTINA NÚÑEZ CÁCERES.

Dice José Ramón Alonso de la Torre (Cáceres, 1957), que de todas las etapas de su vida ha salido sin mirar mucho hacia atrás, dejando de lado esa tentación tan humana de sentir nostalgia por el pasado. Sin embargo, el vínculo con Galicia, en donde vivió dos décadas, de 1981 a 2001, sigue firme y con visos de robustecerse. El columnista de HOY presenta el próximo domingo 28 de abril a las 12 horas en la Feria del Libro de Cáceres su novela 'Expediente Ojos de Orgasmo', en donde recrea historias de narcos y mariscadoras en esa Galicia áspera que vivió y sufrió, donde fue profesor de Lengua y Literatura en un instituto de Villagarcía de Arosa. La escritora Pilar Galán presentará esta obra.

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Guardada en el cajón desde el año 1998 después de ser seleccionada para el XVII Premio Herralde de Novela, la acaba de publicar bajo el sello de la editorial extremeña 'La Moderna'. Alonso de la Torre, que ha ejercido como cronista durante prácticamente toda su vida, con cientos de artículos publicados en distintos medios como el Semanal, La Voz de Galicia y HOY, siente también la llamada de la ficción, de las historias inventadas, aunque como esta, tengan una base muy real.

-¿Cómo fue esa llegada a Galicia a principios de los años 80?

-Yo a Galicia me voy en el año 1981, entonces lo que había era contrabando de tabaco y debía empezar algo del hachís, no sabía lo que era la droga ni el narcotráfico. Años después haciendo una serie de reportajes para El Semanal me encontré alumnos míos que estaban recuperándose de su adicción con Proyecto Hombre que me contaban que en las excursiones ya traficaban en la parte de atrás del autobús. El Correo Gallego publicó que en la puerta del instituto en el que trabajé se vendían bocadillos de hachís, y montamos en cólera, pero en el libro 'Fariña' se demuestra que era verdad, eran bocadillos de chocolate que tenían una pastilla de hachís.

-Villagarcía de Arosa era un punto muy estratégico dentro del narcotráfico.

-Sí, era un punto clave. En el parque móvil del instituto se veían los coches que teníamos los profesores, utilitarios, yo tenía un Renault 5, el otro un Seat Ibiza y los chicos que tenían ya 18 años, algunos alumnos, llegaban con BMW o Mercedes, como la hija de Sito Miñanco.

-Pronto empieza a colaborar con la prensa gallega y a contar estas historias.

-En el 86 empiezo a escribir en La Voz de Galicia. Había un periodista, Julio Álvarez Fariña, que es el que llevaba todo el tema de narcotráfico, uno de los grandes expertos, que fue destapando todo esto al principio. Él me invita a que escriba, y yo abordo la parte más social de este mundo. Villagarcía era una ciudad en la que ibas a comprarte unos zapatos y veías que unos Lotus o unas zapatillas Nike que costaban 5.000 pesetas en otro sitio, podías comprarlas por 1.000 porque la familia Oubiña blanqueaba dinero allí. Y así con los muebles, con los pisos. Al principio no nos dábamos cuenta, pero poco a poco se fue extendiendo la idea de no poder hacerle el juego a los narcotraficantes. En los 80 y principios de los 90 se hablaba de este mundo, pero todavía no había estallado, no se había producido la operación Nécora. A finales de los 90 todo esto estalla, y es cuando yo escribo este libro, en el año 1998.

-El manuscrito llegó lejos en el premio Herralde.

-El libro llega a la lectura final junto a otros ocho o diez libros. En 2001 vuelvo a Extremadura y también la presenté al Felipe Trigo, también llegó a ser finalista pero no ganó. Yo cuando me voy de un sitio rompo totalmente y cuando me voy de Galicia cierro puertas brutalmente, vendo el piso, dejo esa novela, no vuelvo por allí en 15 o 20 años. Pero ahora he vuelto a pasar tiempo allí, a escribir en la Voz de Galicia y pensé que podía ser el momento de recuperar la novela.

-¿Cómo es la novela?

-Es una novela de mujeres muy fuertes, una novela de venganza y en donde hay dos mundos: el marisqueo y el narcotráfico. Yo estaba muy relacionado con todo el mundo del marisqueo por la prensa, por los alumnos. Las mariscadoras eran siempre mujeres muy duras. Al principio el mar era de todos, pero en esos años empieza a parcelarse el mar, y un grupo de mujeres se rebela contra eso y simbólicamente van a mariscar a una zona prohibida. La protagonista es una de esas mujeres, a partir de ahí se enreda la historia con un narcotraficante. En esa zona los narcotraficantes, aparte de ganar dinero, lo que querían era tener el aprecio de sus vecinos, entonces ellos financiaban el equipo del pueblo, pagaban las fiestas, reparaban la iglesia. Este narcotraficante, Ojos de Orgasmo, que es un mote que existía, quiere también ser querido por la gente de su aldea y quiere tener un mundo ejemplar. En la novela nada es verídico pero todo lo que pasa sucedió.

-¿Cómo recupera el texto para publicarlo ahora, lo toca mucho?

-Yo voy el año pasado a hacer un reportaje a la Feria del Libro de Badajoz con David Matías, que es el editor de 'La Moderna'. Me dice que quiere publicar una novela. Él la lee y por fin tengo un editor que me aconseja, me riñe. Él me va pidiendo una serie de cambios que yo hago, reescribo algunas cosas aunque el núcleo continúa. Es un editor serio y enérgico, siempre quise contar con esa figura.

-¿Usted se identificaba con lo que había escrito?

-Yo no me acordaba de nada, me llevé alguna sorpresa. Lo leyó gente y no se caía de las manos. Pilar Galán me dijo que le había gustado muchísimo. Yo nunca me creo nada, tengo mis dudas, porque aunque escribo mucho esto es otra cosa.

-¿Le cuesta mucho ese salto de cronista a novelista?

-Escribes distinto, te puedes demorar más, tienes que crear una estructura. No describo nunca a los personajes, ellos se van desarrollando por sus palabras y sus acciones, algo que sí es muy periodístico.

-'Fariña' es una obra que cuenta lo que en ciertos momentos no se podía contar ni publicar. ¿Su novela tiene esta intención de denuncia?

-Cuando yo la escribo el tema no estaba de moda, era muy serio. En lo que escribí en Galicia las ciudades no tenían sus nombres, Cambados se llamaba La Villa, Villagarcía se llamaba La Ciudad, pero ahora he puesto sus nombres reales. Viendo como era ese mundo y viendo lo que había y cómo eran esos años hay una reivindicación clara y un afán crítico: eso no podía ser, cómo se disimulaba, cómo se respetaba al narco, cómo la corrupción llegaba a todas partes, sin escrúpulos. A mí me llamaban amenazándome a las cuatro de la mañana, pero allí no tenía miedo. Siempre estaba con este tipo de historias, se convertía en normal. Era un drama, pero algo muy intenso, siempre había historias para contar. Algo muy duro pero al mismo tiempo muy rico, muy vivo.