Xuan Bello y su autobiografía anímica

La escritora cubana Aída Falcón acompañó a Xuan Bello en la presentación de su libro en Oviedo./MARIO ROJAS
La escritora cubana Aída Falcón acompañó a Xuan Bello en la presentación de su libro en Oviedo. / MARIO ROJAS

El escritor asturiano muestra retazos de sí mismo en 'Incierta historia de la verdad'El nuevo texto, que ahonda en pensamientos, momentos y emociones, incluye dibujos de Miguel Galano y prólogo de Martín López Vega

M. F. ANTUÑAGijón

«Autobiografía intelectual y anímica hecha con retazos». Así se se define 'Incierta historia de la verdad' (Rata), el último libro de Xuan Bello, que este lunes se presentó en la librería Cervantes de Oviedo y que ahonda en momentos, en emociones, en pensamientos.

Con palabras siempre rebosantes de nostalgia y también con los dibujos de Miguel Galano como compañía, va trazando el escritor su propio ser, pero es otro, Martín López Vega, quien antes le define a él en un prólogo elocuente. Le compara con un bonzo budista japonés de nombre Kenko Yoshida que, retirado en su choza, iba anotando en papelitos su visión del mundo. Xuan no es un ermitaño, pero comparte con el nipón «que vive dentro de un libro». «Tal vez no pegue los papelitos en los que anota sus ideas por las paredes de la casa, pero más de una vez habrá encontrado un poema inédito dentro de un disco que no había hecho girar desde hacía mucho tiempo y un aforismo como posavasos de una copa de vino».

Algo de todo eso tiene este nuevo libro y López Vega lo cuenta así: «Todos estos papeles juntos de este ermitaño raro que es Xuan Bello, que no tiene ermita pero sí retiro, que no tiene rezo pero sí una oración secreta por las cosas buenas de la Tierra, que tiene más amigos que horas solitarias aunque de nada le falte, nos llegan ahora en forma de libro, y son una memoria personal y también la memoria del mundo».

«Ante el árbol de la vida, extiendo mis brazos al cielo y espero lo que el cielo me da»

A lo largo de 279 páginas, Bello traza siluetas del alma, entona la canción del sapo, habla de jardines, de esperanza, de amigos, de principos y finales, de la melodía del mundo, de un soneto de Shakespeare, del mar de todos los veranos, del color del agua, de la serenidad del otoño. De la vida propia y de la de todos: «También yo, ante el árbol de la vida, extiendo mis brazos al cielo y espero lo que el cielo me da: a veces truenos, a veces lluvia, a veces el temido granizo sobre las lunas débiles del alma de cristal y un azul inmenso en este exilio interior -apenas sonoro- que escogí», escribe Bello. Para él, el mundo no es otra cosa que un reguero, un árbol y una casa. Y miles y miles de palabras en danza infinita en el espacio y en el tiempo.