La Sección Femenina, el rostro de mujer del régimen de Franco

Pilar Primo de Rivera, Rosario Velasco, jefe del departamento de arte y Decoración del Servicio Central de cultura y Clara Stauffer, auxiliar central de Prensa y Propaganda./EFE
Pilar Primo de Rivera, Rosario Velasco, jefe del departamento de arte y Decoración del Servicio Central de cultura y Clara Stauffer, auxiliar central de Prensa y Propaganda. / EFE

La historiadora Begoña Barrera disecciona en un nuevo libro la organización que formó a las españolas durante la dictadura

Álvaro Soto
ÁLVARO SOTOMadrid

La imagen, por repetida, no dejaba de ser insólita: durante los años de la posguerra, era habitual que un grupo de mujeres «de sonrisa generosa y traje impecable» llegara a todos los rincones de España para llevar «alegría y limpieza». Lo hacían bailando danzas folclóricas, realizando tablas de gimnasia y después, proyectando una película en el cine del pueblo en la que se loaban las bondades del régimen. Eran las representantes de la Sección Femenina, la organización que se marcó como misión formar a las mujeres españolas durante la dictadura. La historiadora Begoña Barrera disecciona la institución en el libro 'Historia de la Sección Femenina. Mujeres bajo tutela (1934-1977)', que publica Alianza Editorial.

La Sección Femenina de FET-JONS nació en 1934, antes incluso que el régimen franquista, como un grupo filial de Falange, de la mano de Pilar Primo de Rivera, fundadora y presidenta durante sus cuatro décadas de existencia. «Funcionó durante toda la dictadura contribuyendo desde dentro a su legitimación y hasta sobrevivió dos años al fallecimiento del dictador», recuerda Barrera.

Disciplinada al régimen, fue la Sección Femenina una entidad con sus paradojas. Así, mientras exigía a las mandos de la organización «total dedicación y sacrificio y, por ende, un estado de soltería, defendía como único modelo de mujer legítimo aquel de 'madre hacendosa, abnegada y servicial'», apunta la investigadora. Pero en su obra, Begoña Barrera también se hace eco de textos de otras historiadoras que creen que la Sección Femenina tenía una «naturaleza progresista». «Lejos de ser considerada como un agente de opresión de las españolas, las falangistas aparecían como impulsoras de toda una cadena de transformaciones legales y sociales en beneficio de la población femenina», afirman autoras como Helen Graham, Victoria Lorée Enders o Inbal Ofer.

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