María Estévez: «Los diamantes son tan mortíferos como las armas»

María Estévez, periodista y escritora que debuta en la novela con tu maldita voz en mi memoria. /Virginia Carrasco
María Estévez, periodista y escritora que debuta en la novela con tu maldita voz en mi memoria. / Virginia Carrasco

La cronista cinematográfica se pasa a la novela con una intriga plena de ambición y traiciones en torno a una de la gemas más valiosas del mundo

Miguel Lorenci
MIGUEL LORENCIMadrid

«Los diamantes son tan mortíferos como las armas». Lo dice con rotundidad María Estévez (Madrid, 1966), periodista que arma su primera novela en torno al deseado Ojo del Ídolo, una de las gemas más valiosas y legendarias del mundo. 'Tu maldita voz en mi memoria' (Roca Editorial) muy bien podría titularse 'La maldición del diamante azul'. Es un ambicioso y caleidoscópico relato en torno a la codicia, plagado de ambición espías, traiciones y pasiones en el que una extensa galería de «supervivientes» muestran lo peor y lo mejor del ser humano: violencia, racismo, xenofobia, maltrato, envidias, crímenes y patrañas, pero también solidaridad, entrega y amor. «Nadie es quien dice ser en esta historia», advierte la autora.

«La codicia, que se acentúa y exacerba con las guerras, es más poderosa que el amor y tiene más recorrido, aunque a veces en el amor impere la codicia y el ánimo de poseer», dice esta experimentada cronista cinematográfica, corresponsal de COLPISA en la fábrica de sueños que aún es Hollywood. Estévez firmó una biografía de Pastora Imperio –'Reina del duende'–, pero salta a la novela «para atrapar una de los millones de historias que siempre me rondan por la cabeza».

Base real

Su ficción sobre una familia española durante la Segunda Guerra Mundial tiene una base real. Gira en torno al valioso diamante azul heredado por dos hermanas en los albores del nazismo y que salió por última vez a la luz en los años setenta del siglo pasado. «Estaba entonces en poder de Ymelda Marcos, la viuda del dictador filipino, y se sabe que estuvo antes en manos de una familia española, aunque hoy sigue desaparecido» explica la escritora.

Su novela desmenuza el oscuro y sangriento mercado de los diamantes, que fue crucial para la engrasar la maquinaria y la industria bélica durante la Segunda Guerra Mundial, como los es hoy el coltán para la tecnología, y cuyo dominio se disputaron nazis y aliados, con los británicos que hoy controlan el mercado.

«La codicia es más poderosa que el amor», asegura la autora de 'Tú maldita voz en mi memoria'

«Los diamantes matan tanto como las bombas: son tan mortíferos como las armas que financian», asegura Estévez. Pero aclara que hoy la industria diamantífera «es muy distinta de lo que era en los años cuarenta, cuando fue un pilar de la industria bélica». «De Beers es un imperio construido sobre ríos sangre», asegura citando a la legendaria firma sudafricana que lidera el comercio de gemas de carbono, un mercado que mantiene zonas muy oscuras y «que financió y sigue financiando guerras y ejércitos».

Fátima e Isabel de La Mata, dos hermanas mal avenidas de almas y educación común pero muy distinta –una bajo la estricta disciplina británica de la madre y otra con el desparpajo andaluz de su padre– son las protagonistas de una novela que transcurre entre distintas culturas y continentes. Un largo viaje en torno a la codicia con giros insospechados que arranca en Málaga y discurre por Tánger, Reino Unido, Alemania y Estados Unidos en un periodo convulso de la historia, marcado por la Guerra Civil Española y la Segunda Guerra Mundial.

«La guerra saca lo peor del ser humano, pero a veces también lo mejor», dice la narradora, acotando que todos los personajes de sus novela «son auténticos supervivientes». «Viven sumidos en el torbellino de la guerra que les obliga a moverse, a hacer cosas que nadie había pensado que haría», dice. «La supervivencia te convierte en un salvaje. Cuando la muerte acecha y la sientes muy cercana, cuando no hay un mañana, todos podemos hacer cosas terribles», agrega.

Alma gitana

Regla Ortega, la abuela de la periodista y escritora, una gitana que fue bailarina con Carmen Amaya, inspira a un personajes de una novela que aborda la exclusión y el exterminio nazi de gitanos y homosexuales y habla del sistemático «y no resuelto» expolio artístico, sobre todo de familias judías. «Tengo alma gitana, y eso es una manera de entender la vida, de saber que te harán sentir diferente, pero que nada está escrito en piedra, no tener miedo a nada, no temer ningún cambio y sentir que tu cultura te da espacios y no te ata». «El alma gitana es la esencia de la libertad» asegura.

Como buena gitana, y aunque sus raíces familiares sigan en Madrid, su espíritu es nómada. Durante los últimos años ha repartido sus anhelos vitales y profesionales entre Londres, Nueva York o Los Ángeles, dónde vive desde hace una década y se encuentra «muy cómoda, incluso en la era Trump». «No me ato a nada ni me siento de ningún sitio; soy ciudadana del mundo», aventura.

Antes que una película, cree Estévez que de su novela saldría «una buena miniserie». «Ojalá la dirigiera una mujer española», desea. «Las buenas series realmente compiten con el cine, pero antes de matarlo, lo revitalizan a través de las plataformas que son productoras y facilitan y abaratan el acceso a las familias», dice. «El cine sigue siendo muy caro, pero ahora entra en las casas a precios más razonables», asegura.

La «detestabe» Julia Roberts y el «adorable» Johnny Deep

María Estévez Ha tratado de cerca a cientos de estrellas del séptimo arte y no alberga dudas cuando se le pregunta por sus filias y fobias. «La más detestable de todas es Julia Roberts», dice destrozando el mito de la sonriente y dulce novia de América, a quien ella recuerda como una bruja «Es ruda, sangrante, desagradable, nada cordial y tiránica, y lo confirma toda la profesión», asegura Estévez dinamitando la afable imagen de la actriz. En el polo opuesto sitúa al conflictivo Johnny Depp, «un tipo cordial, educado y generoso, que sabe mostrarse adorable, aunque a veces el alcohol le traicione», admite. La penosa imagen del actor es «injusta» para Estévez y de nuevo contraria al sentir mayoritario. También siente una debilidad especial por el director Martin Scorsese y por la actriz Hellen Mirren, de quienes elogia su inteligencia y exquisitos modales.

El estadounidense William Faulkner, los argentinos Samanta Schweblin y Adolfo Bioy Casares o el mexicano Juan Rulfo junto al húngaro Sandor Marai tienen un hueco en el altar literario de esta cronista metida a novelista. Sabe Estévez que «sin literatura no habría cine» y que ambos «van de la mano porque satisfacen la misma necesidad humana». «Contarnos historias nos define como especie y nos ayuda a entendernos. Da igual que nos las contemos al calor de la lumbre, en un el libro o a través de una pantalla de cine o de un dispositivo electrónico», concluye.

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