Julia Boyd recorre la Alemania nazi de la mano de sus turistas

Vistas de Berlín con tiendas judías con pintadas antisemitas./AFP
Vistas de Berlín con tiendas judías con pintadas antisemitas. / AFP

La historiadora bucea en los testimonios, casi siempre positivos, de los extranjeros que llegaban al país en el libro 'Viajeros del Tercer Reich'

Álvaro Soto
ÁLVARO SOTOMadrid

En la década de los 30, Alemania era un destino turístico de primer orden. Por ejemplo, más de medio millón de norteamericanos visitaban cada año el país y la mayoría de ellos se llevaba una opinión positiva: se felicitaban del orden y de las buenas infraestructuras y disfrutaban de la amabilidad de los germanos, que habían conservado sus bellos edificios de la destructiva Primera Guerra Mundial. A veces también tenían noticias sobre el acoso a los judíos o a los opositores políticos, pero restaban importancia a los sucesos o miraban para otro lado. La historiadora británica Julia Boyd se ha sumergido en decenas de documentos inédicos para recabar la impresión de todos esos extranjeros en la Alemania nazi en el libro 'Viajeros del Tercer Reich' (Ático de los Libros).

La primera imagen que recibían los turistas era la de soldados disciplinados por las calles y gente feliz que adoraba a Hitler. «La máquina de propaganda del régimen era fantástica», resume Boyd. «Los visitantes sentían afinidad con Alemania, por motivos familiares (ocho millones de norteamericanos tenían orígenes germanos) o porque en esa época, ya pensaban que el Tratado de Versalles había sido demasiado duro con el país», cuenta la autora.

En los testimonios recogidos por Boyd, los visitantes se admiraban de la resurrección de un país que volvía a sentir orgullo nacional, simbolizado en los militares que desfilaban mostrando una confianza recién recuperada.

«Hay que pensar que los turistas tenían la actitud de pasárselo bien y cuando tenían que elegir entre las cosas buenas y las malas, se quedaban con las buenas», dice Boyd. Sin embargo, también expone los casos de quienes no se dejaron engañar por la imagen o por lo menos, sintieron «confusión». «Algunos se molestaron en averiguar si había violencia y hasta qué punto se rechabaza el Estado de Derecho, pero no eran la mayoría», desvela la autora.

Intelectuales, diplomáticos, turistas anónimos y otros más conocidos como Samuel Beckett o Virginia Woolf protagonizan las páginas del libro, en las que Hitler aparece, a ojos de los visitantes, como un personaje encantador. «Muchos extranjeros que lo conocieron lo veían sincero, persuasivo, paciente. Salían de sus encuentros con él con una opinión muy positiva y se mostraban a favor de que levantara el país», recuerda Boyd. La violencia nazi, como mucho, se disculpaba con el argumento de que «todas las revoluciones tienen algo de caótico», agrega la autora.

Uno de los personajes más sorprentes del libro, y un buen ejemplo de la actitud general de los visitantes, es WEB Du Bois, un intelectual afroamericano que había estudiado en el país en la última década del siglo XIX y que, enamorado de Kant, Goethe y Beethoven, regresó a Alemania en 1936. «Uno esperaría que Du Bois sintiera un gran rechazo al régimen nazi, pero no sucedió así. Es cierto que en algún momento compara la persecución a los judíos con la que en América sufrían los de su raza, los negros, pero globalmente, el recuerdo que se llevó de Alemania fue bueno», asevera la historiadora.

Julia Boyd rechaza establecer paralelismos gruesos entre la Alemania nazi y los tiempos actuales. «Ahora todavía tenemos un Estado de Derecho y se respetan los derechos humanos», subraya. Pero sí avisa de que la propaganda, convertida ahora en 'fake news', es el caldo de cultivo para la erosión de los valores liberales. «No podemos ser complacientes con los gobiernos que intentan socavar los derechos de sus ciudadanos», destaca Boyd, que alude al Gobierno de Boris Johnson respecto al 'brexit'. «Cuando los sistemas democráticos se vuelven débiles, los extremos resurgen», advierte.