¿Y si el mundo no fuera un lugar tan malo?

¿Y si el mundo no fuera un lugar tan malo?

'Factfulness', el libro póstumo del médico Hans Rosling, se apoya en los datos para ofrecer una visión optimista sobre la realidad

Álvaro Soto
ÁLVARO SOTOMadrid

En un tiempo en el que triunfan los agoreros y los heraldos de desgracias, queda poco sitio para el pensamiento positivo. Pero la familia Rosling se ha propuesto abrir una rendija a la esperanza y para sus fines ha utilizado el arma más poderosa en la era de las comunicaciones: los datos. 'Factfulness', publicado ahora en España por Deusto, es su herramienta para tratar de convencer a una población cada vez más pesimista de que el mundo, sin ser un lugar perfecto, sí está mejor de lo que se piensa. Su mensaje ha encontrado eco en personalidades como Al Gore y, sobre todo, Bill Gates, que ha elegido 'Factfulness' como libro del año y ha facilitado que todos los graduados de Estados Unidos se puedan hacer con él de manera gratuita.

El precursor de esta teoría fue Hans Rosling, un médico y divulgador científico que asesoró a la Organización Mundial de la Salud y a Unicef y que se metió en las casas de millones de personas gracias a la originalidad de sus charlas TED, en las que no le importaba tragarse una espada con tal de hacer llegar su mensaje: las cosas no están tan mal. Hans Rosling falleció en 2017 a causa del cáncer, pero su testigo lo han recogido su hijo, Ola Rosling, y su nuera, Anna Rosling, que acaba de visitar España.

La percepción del mundo es una lucha entre las emociones y la razón. Quien se deja llevar por los prejuicios pensará que hoy hay más desastres naturales y atentados que nunca, que la situación de los niños y las mujeres es peor que en cualquier otro momento de la historia, que la pobreza está disparada y que la democracia está en peligro. Pero la razón desmiente todo eso: nunca murió menos gente en desastres naturales, nunca la mortalidad infantil fue tan baja, nunca las mujeres tuvieron más influencia en la sociedad, nunca hubo más niñas escolarizadas que ahora y nunca tantos ciudadanos del mundo vivieron en democracia.

Lo peor, como han descubierto los Rosling, es que la mayor parte de la población no quiere saber nada de los datos. Por eso, uno de sus experimentos más populares es un test en el que preguntan sobre la educación infantil, la esperanza de vida, la pobreza extrema o las tasas de vacunación. Ofrecen tres posibles respuestas y sólo entre el 10 o el 20% de sus audiencias, gente con formación universitaria, responde correctamente. De ahí deduce la familia Rosling que los chimpancés, que obtienen tasas del 33% de acierto, están mejor informados que los hombres.

«Los seres humanos tendemos a confundir nuestra vida con la historia de la humanidad», explica Anna Rosling, creadora de 'Trendalyzer', una web que permite acceder a datos que ayudan a conocer mejor el mundo. «Miramos hacia atrás y nos acordamos, mayoritariamente, de las cosas buenas. Por eso, en un momento en que los impactos que recibimos a través de los medios de comunicación y las redes sociales son negativos, pensamos que el pasado fue mejor», continúa. Ahí juegan los medios un papel clave. «Nos ofrecen acontecimientos interesantes y dramáticos, pero sin contexto, sin darnos la información completa. Pensemos en un terremoto: vemos más imágenes tremendistas que nunca, pero no sabemos que cualquier movimiento de tierras dejaba en el pasado muchos más muertos», señala.

La clave son los datos, insiste Anna Rosling. «Tenemos que aprender a leer bien las estadísticas. Estamos en una época en la que es muy fácil acceder a las fuentes, pero en la que también mucha gente está interesada en manipular la información, algo que vemos en las redes sociales. Pero esas redes no son negativas 'per se', al contrario, son las que nos permiten tener un acceso directo a la información veraz. Lo que tenemos que hacer es convertirnos en buenos 'lectores' de información y ése es un proceso que debe comenzar en la escuela», apunta.

El científico canadiense Steven Pinker y el economista sueco Johan Norberg, entre otros autores, comparten el camino que ha transitado Hans Rosling. «Estamos acostumbramos a que nos acusen de ser optimistas y naifs», asevera Anna Rosling, «pero seguimos creyendo que es mejor decirles a los seres humanos que cuando colaboran, poco a poco, pueden obtener logros increíbles. Está bien ser crítico, pero es mejor ser neutral, dejar que los datos confirmen tus pensamientos o los cambios. Los datos son menos atractivos que las opiniones extremistas, pero son datos».

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