Detrás del nicab: la rebeldía es posible en Yemen incluso en guerra

Viñeta dibujada por Sagar de 'Intisar en el exilio'. /Astiberri
Viñeta dibujada por Sagar de 'Intisar en el exilio'. / Astiberri

Pedro Riera ahonda en la vida cotidiana de las mujeres en un país estrangulado por la guerra en el que todavía hay espacio para el humor y el sexo

Javier Bragado
JAVIER BRAGADOMadrid

A Intisar le gusta vestirse de ninja a veces. Eso le dice a su sobrino. Y a veces es divertido porque si el despertador suena tarde se ahorra buscar un vestido y puede acompañarle al colegio en pijama. Cuanto humor y cuánta y asfixia. Porque el traje de ninja en realidad es el nicab, uno de los muros más infranqueables entre la mujer y el resto de la humanidad. Y porque Intisar es un personaje ficticio creado por Pedro Riera capaz de bromear con su prisión, de usar su jaula como escudo y al mismo tiempo ser una rebelde. Igual que sus referentes reales.

Página de 'Intisar en el exilio' (Astiberri).

Pedro Riera ha conseguido desvelar en 'Intisar en el exilio', el retrato cotidiano de algunas yemeníes que destroza los prejuicios de Occidente. El autor vivió en el país de la península arábiga un año entre 2009 y 2010 porque su esposa comenzó a trabajar en una escuela. De aquella experiencia surgió 'El coche de Intisar' (con Nacho Casanova, EDT, 2011), una exposición de situaciones que vivían las yemeníes encarnadas en un personaje ficticio para evitar venganzas y actuar con libertad. Aquel primer libro fue premiado por France Info 2013 al mejor cómic de actualidad y reportaje. Pero se le quedó corto.

«Después del primer libro pasó la primavera árabe y yo quería saber que había pasado con esa mujer», explica Riera en una cruzada por sacar a Yemen del olvido que esconde «todo el horror que hay detrás». Volvió en 2011 y en 2012. Y con los contactos adquiridos ahondó en decenas de entrevistas a quienes habían podido salir del país huyendo de las bombas para nutrir de historias 'Intisar en el exilio' (Astiberri).

Si Marjane Satrapi logró mostrar de manera brillante una Irán inesperada fuera de Oriente Medio, el éxito de Riera ha sido extraer del país olvidado de Yemen un lienzo imposible para un extranjero. O incluso para los hombres del país. «El velo intergal es una barrera más allá de que las cubran para que no las vean, es para tener al hombre aparte», advierte Riera. «Yo intenté viajar sin prejuicios pero cuando vez a mujeres totalmente cubiertas y no tienes acceso... Luego lo tenía más fácil para contarlo porque tenía mi propia sorpresa para sorprender al lector», explica sereno con una sonrisa.

Página de 'Intisar en el exilio' (Astiberri).

Las primeras que accedieron a las revelaciones solicitaron al escritor que no fuera el típico retrato de un país estrangulado por la guerra, que lo es y no se esconde. «Todas me pidieron que hiciera algo con humor, alegre», explica Riera. Aceptado el trato y con su mujer como «llave» de acceso, el autor accedió a la comunidad, a la vida rica en común de una parte casi aislada de la sociedad que se resiste en jaulas sin barrotes. Sororidad en Oriente Medio.

El escritor rompe lo preconcebido del viajero, autor incluido, con sus revelaciones sobre lo que ocurre cuando ellas se reúnen, se desvisten del nicab y hablan de las pequeñas cosas. Entonces es cuando el autor descubre para sus lectores las charlas sobre las mismas series que se ven en occidente, las discusiones de los grupos de WhatsApp, los trucos para las labores domésticas, las opinones sobre los vestidos, las discusiones sobre la guerra, las cuestiones sobres los hombres y, claro, el sexo. «Para un hombre, que las mujeres se abran de esta manera no es nada fácil. No es fácil ni para mí que soy mujer», le piropeaba asombrada Leyla Hamad, investigadora de la Universidad Autónoma de Madrid, quien vivió en Yemen antes de la guerra. Después, Riera, recuerda que en privado esta experta y amiga (y protagonista de una de las anécdotas del libro que no desvela) le confesó que las mujeres yemeníes le habían llegado a contar «cosas tan bestias y tan...» que jamás habrían compartido sus amigas occidentales. ¿Sexo? Sí, mucho en las conversaciones y poco en el libro. El autor lo considera algo normal: «Estás con tus amigas y empiezas a hablar de sexo. Y en el islam el placer sexual está muy bien visto. Por ejemplo, si tú no te acuestas con tu mujer en un mes es motivo de divorcio».

Página de 'Intisar en el exilio' (Astiberri).

Riera no sólo exhibe una cara de este universo en su libro. «Hay muchísima denuncia en el libro; se puede aprender muchísimo», adelanta Leyla Hamad. Intisar no sólo bromea con su nicab-piajama-ninja o desafía a otros conductores. «Todo lo que cuento es real y tremendo, porque allí cosas como el matrimonio infantil, aunque sea más minoritario, se considera normal», reconoce con pesar Riera.

El color del apocalipsis

El encargado de dibujar el cómic fue Sagar, es un autor con un gusto predominante por el morado, por los ocres y por toda una paleta de colores que ayuda a pensar en el apocalipsis. Riera agradeció la elección y la maestría de quien ha sabido plasmar el universo yemení sin estar allí.

La diana más habitual en Yemen tiene nombre femenino. «La mujer que peor árabe que peor lo tiene es la saudí, pero de lo que yo he conocido en persona es la yemení», explica un hombre que gracias al trabajo de su mujer ha vivido en varios países árabes -Túnez es su nuevo destino junto a su esposa arabista-. «En Yemen pudimos ir a los campamentos durante la primavera árabe, hablar con los estudiantes y veías que estaban las mujeres pero no se les dejaba que reivindicaran sus derechos. Sólo que parciparan ya era la reivindicación de un derecho en sí mismo. Eso era muy llamativo», explica Riera. «Hay dos universos en la calle por la segregación de géneros», recordaba Leyla Hamad, coautora de 'Yemen. La clave olvidada del mundo árabe' (Alianza Editorial), durante la presentación de 'Intisar en el exilio' en la Casa Árabe de Madrid.

Página de 'Intisar en el exilio' (Astiberri).

El autor insiste en que él sólo ha tenido acceso a mujeres de cierta clase social, aquellas que pueden 'exiliarse' a otros países, hablan inglés y tienen cierto respaldo. Pueden pagar 5.000 dólares por un avión a Jordania. Pueden huir del hambre de un país con 85.000 niños muertos, según Save The Children. Pero incluso para ellas es complicado tomar ciertas decisiones. «Una mujer soltera en Yemen lo tiene jodido. Pero al mismo tiempo hay muchas mujeres que deciden no casarse para no depender de un hombre porque su libertad pasa por estar solteras. Están muy mal vistas porque no ser madre en Yemen es una cosa seria, pero ellas lo que dicen es que en el noviazgo (hablar por teléfono y poco más) el hombre puede ser muy simpático y no sabes en qué se convertirá el día después de la boda», señala Riera con varias experiencias escuchadas como respaldo.

Página de 'Intisar en el exilio' (Astiberri).

La guerra es el paisaje. Y la violencia. Cultura obliga. Yemen es el segundo país del mundo en armas per cápita. «En la escuela en que trabajaba mi mujer los guardas tienen Kaláshnikov. Los yemeníes solo necesitan un minuto para entrar en combate», asegura Riera. A esto se añade la reciente guerra alimentada por todo aquel interesado en el rincón de Oriente Medio. Así que ahora mismo es una zona en la que la población está estrangulada por el hambre, la violencia y las bombas saudíes. Los locales responden con orgullo, rebeldía y más balas. Y eso también ha forjado el carácter de sus mujeres. «Son absolutamente de armas tomar. Pensaba que eran sumisas y nada más lejos de la realidad. En la escuela de mi mujer, que era de gente rica, el director decía que esas mujeres eran duras y con carácter», destaca Riera antes de recordar cómo una de sus amigas yemeníes se enteró de que marido se había casado con otra -la poligamia es legal- y le localizó en su luna de miel. Aquel marido se divorció de la nueva conquista tras la visita.

Las bombas han explotado todavía más la desigualdad. La horca cada vez estrangula más al género femenino. Antes podían conducir y llevar a cabo algunas actividades independientes. Ahora el nicab es sólo otra forma de opresión entre la emergencia humanitaria. «Ha ido a peor con la guerra porque la mujer ha perdido libertad de movimiento porque hay más riesgo de que la rapten, de que la violen. Tienen que permanecer en casa por un motivo de seguridad. Están perdiendo libertad por un motivo externo». ¿Y qué pasaría si su Intisar existiera en la vida real? ¿Si fuera rebelde y contestaria? ¿Si no quisiera casarse? ¿Si peleara por sus derechos? «Están todas en peligro porque las mujeres que yo he conocido son muy valientes. Yo no me atrevería, no tengo ese valor. Pero han pasado por tantas cosas que están dispuestas a morir por un ideal», sentencia Riera.

Pocos hombres
Portada de 'Intisar en el exilio'. / Astiberri

En el libro de Riera aparecen pocas voces de hombres en Yemen pero no es una cuestión deliberada. Cuando el autor entrevistaba a yemeníes estos le contaban enfrentamientos bélicos, venganzas y cuestiones de armas. Y si surgía la cuestión de la mujer en la sociedad era peor. «Nos mentían, se mostraban como muy abiertos y luego te enterabas por gente que conocías de cómo trataban a su hermana, etc. En cambio, las mujeres eran muy honestas porque estaban sufriendo la situación, estaban deshaogándose. En una situación de opresión razonas mucho sobre tu situación y los discursos son muy sólidos. Además, tuve la suerte de encontrarme con mujeres muy inteligentes», aclara el autor.