Poemas al padre

Enrique García-Máiquez incluye en ‘Tu sangre en mis venas’ un puñado de excelentes poemas, algunos una sorpresa incluso para los lectores habituales de poesía que justifican el volumen

Portada del libro./
Portada del libro.
JOSÉ LUIS GARCÍA MARTÍN

¿Quién no ha escuchado alguna vez la queja de que se publican demasiadas antologías? Es casi un lugar común en los estudios sobre poesía española contemporánea. Yo creo, sin embargo, que se publican pocas y no siempre con el criterio adecuado. Una antología no es un centón ni un libro colectivo: se define tanto por las presencias como por las ausencias.

Una antología temática, de época, generacional, de autor es quizá el modo más adecuado de publicar poemas, de acercarlos en libro al lector. Lo era en el siglo de Oro, lo sigue siendo hoy.

'Tu sangre en mis venas' inicia las selecciones temáticas en una colección dedicada hasta ahora a las antologías de un solo poeta. Los poemas dedicados al padre resultan menos frecuentes que los dedicados al hijo, aunque en los últimos años se han convertido casi en una moda.

El antólogo no podía haber sido elegido con más tino: Enrique García-Máiquez prolífico poeta, articulista, diarista ha hecho de la vida familiar uno de los principales núcleos temáticos de su obra literaria (véase su reciente Un largo etcétera). Y sin embargo

Pero, antes de los «sin embargo», enumeremos algunas de las memorables maravillas que puede encontrarse el lector en este elegante vademecum que se centra en la poesía de lengua española, o de algunas de las lenguas españolas, del siglo XX. La primera de todas es bien conocida. Se trata del soneto de Antonio Machado en que habla de la luz de Sevilla y del palacio en que nació, con su rumor de fuente, y del padre aún joven en su despacho que alza los ojos y mira piadosamente la cabeza ya cana del poeta. Muy distinto, pero igualmente inolvidable, resulta otro bastante menos conocido, Mallorca revisited, de Miguel Ángel Velasco, impactante como un inesperado puñetazo.

Algunos lectores jugarán a contraponer los poemas de dos hermanos, Juan Luis y Leopoldo María Panero, tan lleno de precisos detalles uno, tan exasperadamente divagatorio el otro. Ejemplifican dos maneras contrapuestas de entender la poesía.

Carlos Sahagún, más lírico, Miguel dOrs o Fernando Ortiz, más anecdóticos, firman otros poemas memorables. Y como en todas las antologías temáticas nos sorprende el rescate de algún poeta olvidado. Es el caso de Eladio Cabañero.

Y sin embargo El prólogo, que entremezcla algo confusamente las referencias al tema del padre en la literatura con la justificación de inclusiones y exclusiones, no se libra de algún descuido: habla de un inexistente Vicente Piquero (¿Juan Vicente Piqueras?), le atribuye a Amado Nervo versos de Gabriel y Galán, entiende al revés el poema que incluye de Felipe Benítez Reyes (no habla de un padre «inexistente», sino de un hijo). Pero eso son reparos menores, que no disminuyen las inteligentes o ingeniosas observaciones que encontramos en sus páginas.

Según avanza la antología, ordenada cronológicamente (se inicia con Unamuno, concluye con el asturiano Rodrigo Olay), da la impresión de que disminuyen las exigencias estéticas y que los poemas se incluyen porque solo porque tratan del tema del padre, aunque sea muy de pasada, en contra de lo que se dice en la introducción (es el caso de Eloy Sánchez Rosillo o de Ignacio Peyró).

Las exclusiones notables, varias de ellas mencionadas por el antólogo, se explicarían por problemas para obtener el permiso por parte de los propietarios de los derechos de autor. Se da así la paradoja de que no se incluya La lluvia, el espléndido soneto de Borges en que escucha la voz de su padre, «que vuelve y que no ha muerto», pero que cualquier lector pueda encontrarlo de inmediato en Internet. Habría que revisar urgentemente ciertas leyes de la propiedad literaria: el poema breve el poema que cabe en la memoria agradecida del lector debería poder volar libremente.

Un tema de siempre, el del padre, que en nuestro tiempo adquiere matices nuevos. Los poemas de José Luis Parra y Mario Míguez se ocupan de los problemas de la vejez y de la dependencia. El poema en prosa de José Luis Parra utiliza la técnica de engaño-desengaño, de la que habló Bousoño, y es una escueta obra maestra; Mario Míguez resulta algo divagatorio y moralizante.

Un tema que algunas veces, pocas, se desliza hacia el reproche y el ajuste de cuentas (Javier Salvago). Al tratar de la muerte del padre, cosa que ocurre con frecuencia, no siempre se evita (Manrique resulta, en este aspecto, ejemplar) incurrir en la falacia patética.

Una antología temática debería incluir solo los mejores poemas (sean de autores conocidos o desconocidos) sobre un determinado asunto. Lo más habitual, sin embargo (a la memoria me viene la de Julio Neira sobre Nueva York, por otra parte en absoluto desdeñable), es incluir todos los poemas que se han podido encontrar sobre el tema e incluso les pide a los poetas amigos que escriban algo sobre él. Enrique García-Máiquez con Tu sangre en mis venas parece haber optado por el camino de en medio. Un puñado de excelentes poemas, algunos una sorpresa incluso para los lectores habituales de poesía, justifican con creces el volumen.

Tu sangre en mis venas

Autores: Varios. Edición de Enrique García-Máiquez. Editorial: Renacimiento. Sevilla, 2017

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