«Los premios Nobel de Literatura son un juego de azar»

Alberto Manguel, escritor e historiador de la lectura /
Alberto Manguel, escritor e historiador de la lectura

Alberto Manguel, escritor e historiador de la lectura asegura que leer es un acto subversivo y dice desconfiar de los dispositivos electrónicos de lectura porque ésta exige detenimiento

ANTONIO PANIAGUAMadrid

Desde que aprendió a leer, a los tres o cuatro años, Alberto Manguel (Buenos Aires, 1948) ha hecho de la lectura una pasión y una disciplina de estudio. Está persuadido de que la lectura es un acto subversivo y una herramienta imprescindible para desmontar un mundo que se dirige irremisiblemente al caos. Durante cuatro años, de 1964 a 1968, engrosó la nómina de las muchas personas que leyeron para un Jorge Luis Borges ya ciego. Al salir de la escuela, en la librería anglo-alemana Pygmalion, que Borges frecuentaba como cliente, Manguel aprendió de su maestro a hacer suyos los libros que leía. Manguel acaba de publicar en España 'Para cada tiempo hay un libro' (Sexto Piso), en el que sus breves ensayos dialogan con las fotografías de Álvaro Alejandro, y un texto de ficción, 'El regreso de Ulises' (Nórdica), ilustrado por Max.

-¿Ha aumentado el desprestigio del acto de leer?

-La lectura se entiende cada vez más como una utilización de la computadora u otros aparatos electrónicos y no se concibe en verdad como el acto de descifrar un texto. El uso del Kindle es visto ante todo como una distracción.

-¿Los dispositivos electrónicos inducen una forma de lectura tangencial o apresurada?

-Sí, por supuesto. Las características de la tecnología aplicada a la lectura son la rapidez y la brevedad, lo que se traduce en la transmisión casi instantánea de la información. Pero la lectura una actividad que requiere detenimiento para que el lector pueda sobrellevar las dificultades que el texto le presenta, de modo que lo haga con placer.

-¿Por qué cree que la lectura es un acto subversivo?

-Porque puede enseñarnos a reflexionar y hacernos preguntas que son incómodas para el poder. La lectura enseña a cuestionar las leyes y las normas de cada sociedad para que ésta no se anquilose. La literatura nos muestra constantemente personajes y situaciones ambiguos, en las cuales la resolución es generalmente compleja. Y eso, en una sociedad que quiere crear consumidores, es peligroso.

-¿Desconfía de la gente que no lee?

-No, me da un poco de pena. Es como alguien que no ha visto el mar o nunca se ha enamorado.

-Hay quien piensa que los verdaderos escritores, los Shakespeare de hoy, en día son los guionistas de series televisivas de culto como 'Los Soprano'. ¿Usted qué opina?

-A Shakespeare no le consideraban en su época un escritor. Era un hombre de teatro que escribía a pedido y cambiaba las cosas en función de los actores disponibles. Siempre hay creadores que están en un género que no es el oficial: Shakespeare y el teatro isabelino, los autores de cómics al principio del siglo XX y, en la actualidad, los creadores de guiones de televisión. Cualquier instrumento se puede utilizar para crear algo o para conformarse con lo banal, ya sea un soneto un videojuego.

-¿Los premios Nobel de Literatura sirven para fijar el canon?

-Son un juego de azar, tan pronto reconocen con acierto a Doris Lessing o Alice Monroe, como distinguen a Dario Fo, un personaje interesante de la historia del teatro, pero galardonado de forma inmerecida por la Academia Sueca. Si quería premiar a un dramaturgo, podía haber pensado en Edward Albee o Friedrich Dürrenmatt. Con todo, podemos elaborar una lista de autores esenciales de la literatura que no han ganado el premio Nobel, desde Kafka a Borges.

-Los estadounidenses se quejan de que la Academia Sueca lleva 20 años sin premiar a un compatriota suyo.

-¿Y a qué autores habría que premiar?

-Quizá a Philiph Roth o Don DeLillo.

-Prefiero a DeLillo, pero teniendo a Cees Nooteboom descartaría al americano. Nooteboom es muchísimo más importante que la mayoría de los escritores actuales. Leer su obra cambia la forma de ver las cosas.

Cervantes y la verdad

-¿Cree que perdurará la moda de la autoficción?

-Ha existido siempre, desde san Agustín en adelante. La ficción en sí no está en descrédito porque cada persona que escribe de sí misma inventa un personaje. La memoria y la imaginación son mentirosas, dado que es imposible contar algo que no inventamos. Ya decía Cervantes que la historia es la madre de la verdad.

-La industria editorial parece haber optado por el entretenimiento para sobrevivir. ¿Es un acto suicida?

-La industria editorial se ha convertido en un medio de producción de objetos de consumo. El entretenimiento no tiene por qué ser malo. Uno puede entretenerse leyendo a Platón o a Agatha Christie, y las dos modalidades son válidas. El problema estriba cuando, con la intención de editar libros entretenidos, se crean objetos vacuos que existen sólo en el momento en que son leídos y que luego desaparecen.

-¿Algún libro le ha cambiado la vida?

-Muchos. Desde hace diez años soy una persona distinta porque he leído 'La Divina Comedia'. Intenté leerla de joven, pero tuve que esperar casi a los 60 años para darme cuenta de lo buena que era.