Martínez-Simancas, el buen hijo de la radio

«Tenía la habilidad de los cultos; la originalidad de los inteligentes; la sensatez de los virtuosos; el desparpajo de los provocadores»

Martínez-Simancas, el buen hijo de la radio
FÉLIX MADERO MADRID

Conocí a Rafael Martínez-Simancas en la redacción central de la Cope, en 1991. Él venía de Radiocadena, yo de Radio Nacional de España. Nos hicimos amigos porque coincidimos en el mismo programa, 'Un día en España', que dirigía Javier González Ferrari. Fuimos muy amigos porque éramos complementarios en el trabajo, donde siempre puso originalidad, humor y ternura, incluso a las noticias más tristes y tediosas. Allí, a su lado, había verdaderos radiofonistas, los más grandes, Luis del Olmo, Manuel Antonio Rico, Antonio Jiménez, Fernando Onega, Encarna Sánchez, Julián Barriga, J. J. Iriarte, Alfonso Nasarre, Pedro Javier Cáceres y tantos otros. No había cumplido los 30 y sabíamos que estaba llamado para este medio.

Tenía la habilidad de los cultos; la originalidad de los inteligentes -Rafa lo era y mucho; la sensatez de los virtuosos; el desparpajo de los provocadores y la frescura de un hombre enorme físicamente al que no le correspondía la ingenuidad que llevaba dentro en sus entrañas. Estuvo delante del micrófono en programas e informativos. El último fue 'De Costa a Costa', un nombre mítico en la radio que cayó en sus manos con toda justicia. Ahí trataba la información como algo distante, suficiente y, a veces, con descaro, pero era en la tertulia donde se crecía. Repartía juego, cortaba con rapidez cuando sabía que el tema no tenía más, abrumaba con su desparpajo y era capaz de provocar risa ante noticias que en la voz de otro sonarían tediosas y repetidas. Estaba siempre pensando en no ser un muermo, en divertir al oyente, al que trató siempre como no lo tratan los políticos de este país: como una persona inteligente que piensa por sí misma. Lo hizo en la radio, en los periódicos y en la televisión, donde inventó el formato de 'El gato al agua'.

Fue guionista de Julia Otero y de Luis del Olmo. Lo fue mío cuando dirigí 'Protagonistas'. Lo fue porque él lo impuso y quiso, y podía hacerlo. Ponía el broche al programa del viernes con una pieza que tituló 'No me resigno', cargada de ironía propia del mejor Gila. Inolvidable.

Columnista de los regionales de Vocento y de ABC hasta ayer mismo, Benjamín Lana, director editorial de Vocento, tuvo la buena idea de nombrarlo director del diario gratuito Qué! No había mucho tiempo, la crisis en la prensa gratuita era un hecho y también llegó a esa cabecera. Pero Rafa cambio en poco tiempo al periódico, le dio la vuelta como a un calcetín: portadas brillantes e ingeniosas que competían con los generalistas. Fue en su despacho de director donde me dijo que me preparara porque tenía una cosa que no quería nombrar. Yo tampoco. Luchó, y aunque pudiera parecer que ha perdido, ha ganado. No se lo diría a Lidón ni a sus dos hijitos, Víctor y Lidón, pero en su adiós sé que ha triunfado. Su vida ha durado poco, 53 años, pero aquí ha dejado testimonio de que se puede vivir y morir con dignidad. Será recordado por muchos, porque muchos lo quisimos y lo seguiremos queriendo. La radio pierde a uno de sus mejores hijos, y van quedando pocos. El periodismo se queda sin un gran periodista que jamás se sirvió del oficio en su beneficio.

Hermano Rafa, fue un honor compartir esta vida contigo.

 

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