Lorenzo Silva completa su «trilogía accidental» sobre la corrupción

Torres Dulce, junto a Lorenzo Silva/
Torres Dulce, junto a Lorenzo Silva

«La novela negra corrige el pecado endémico de una literatura que ha dado la espalda a la realidad», asegura el escritor

MIGUEL LORENCIMadrid

Casi dos décadas y ocho títulos lleva Lorenzo Silva (Madrid, 1966) de feliz y fructífera convivencia con su pareja de 'picoletos', Rubén Bevilacqua y Virginia Chamorro. El largo viaje de asesinatos, intrigas y pericias criminales empezó con 'El lejano país de los estanques' (1998) y culmina, de momento, con 'Los cuerpos extraños' (Destino). En la nueva entrega de la saga con el ya subteniente Vila y la todavía sargento Chamorro «heridos por el tiempo y por la vida» se enfrentan a las mafias económicas y a la corrupción endémica. El fiscal general del Estado, Eduardo Torres-Dulce apadrinó este thriller «trufado de melancolía, rabia y tristeza» en el que Silva «se desliza del mundo de Hammett y Chandler al de Simenon». La pareja de curtidos investigadores de la Guardia Civil desentraña la inmundicia política y económica que encierra el asesinato de una joven alcaldesa en la costa levantina en una novela con la que Silva asegura completar una "accidental" trilogía de la corrupción.

«Comprendo ahora que en las ocho entregas de la serie se camufla una trilogía sobre la corrupción que jamás me propuse escribir, pero que cubre casi todo el espectro» asegura el escritor. «Si 'El alquimista impaciente' (2000) aborda la corrupción en la sociedad y los representantes de la ciudadanía, 'La marca del meridiano' (2012) se ocupó de la corrupción en los agentes del orden. Ahora en 'Los cuerpos extraños' emerge la corrupción económica imbricada con el poder político» explica el escritor que debe a su pareja galardones como el Planeta ye Nadal.

La novela es «una reflexión sobre la corrupción como un fenómeno espontáneo y natural que parece anidar en todas partes, en todos las estamentos y recovecos de la sociedad, y que se percibe como una fatalidad de la que hoy por hoy no es posible librarse» apunta Silva . Denuncia las actitudes «de laxitud y clemencia hacia esos comportamientos». «No acepto que haya quienes contemporicen con actitudes que son algo más que delitos y que generan la disolución y la devastación de una sociedad» lamenta.

Paladines

Contra ese cáncer ha escrito una novela «quijotesca» en la emergen algunos de los «paladines» que demanda la sociedad, como el juez rural que se enfrentará al caso de su vida «con poca armas y enfrentándose a gente que tienen algo más que ases en la manga; a quienes manejan los hilos de la economía y la banca». También un Bevilacqua consciente de que «está muy abajo en la pirámide, pero se empeña en seguir haciendo cosas pequeñas y negándose a convivir pasivamente con la situación».

«Los ciudadanos necesitan paladines para enfrentarse a esos jugadores sin escrúpulos que lo explotan» apunta Silva . El asesinato de Karen Ortí Hansen, abogada y joven alcaldesa de una pequeña localidad levantina, será la «catarsis» para unos personajes «que no se rinden». Sacará a la luz un entramado de corrupción económica y política a gran escala y hará emerger la agitada vida sexual de la víctima, cuyo cadáver hallan en la playa unos turistas.

Cree Silva que la novela negra cumple un papel de denuncia al que renuncian otras formulaciones literarias. «Reivindico el estatuto bien merecido que ha alcanzado y que la hace conectar con un instante tan convulso y tan confuso como el que vivimos de un modo que nunca había logrado literatura». «Corrige el pecado endémico de una literatura que, con alguna excepción, ha estado mucho tiempo dando la espalda a la realidad», afirma. Es la novela negra la que ha tratado los problemas sociales y la brutal escalada de corrupción que ha asolado países como México o Italia "generalizados en todo el mundo con la connivencia de los poderes públicos».

Tras siete novelas y un libro de cuentos, la serie de Chamorro y Bevilacqua seguirá. «No me canso de ellos porque no le exprimo ni le exprimiré; jamás he sucumbido a la tentación de entrar en ciclo de un año una novela, y seguiré así». El desencantado Vila supera los cincuenta y contempla el horizonte de la jubilación, y la tímida e implacable Chamorro sortea la malas jugada de la vida, pero a ambos «les auguró aún bastantes años de duro trabajo». Bevilacqua podrá jubilarse dentro de 14 años y a Chamorro le quedan 24, «pero tengo muchas ideas para ellos» promete agradecido «por la cantidad y la calidad de los lectores que me han dado»

Rey republicano

Ante un horizonte político incierto tras la abdicación del Rey y las mareas republicana e independentistas se niega Silva a hace de augur, a situar a su jubilado investigador en una Cataluña Independiente o en el algún punto del la República Federal Española. "Solo digo que el futuro rey debe comprender que debe ser tan eficiente como el mejor presidente de la República, actuar con plena transparencia y apartarse de los resabios medievales». Para Silva la situación política es como una partida de ajedrez en la que siempre se presumen lo movimiento de las negras". "Pero creo que las blancas van a mover y cualquier escenario es posible" concluye.

Para el fiscal general del Estado, Eduardo Torres-Dulce esta es «la novela más íntima de la saga con un Bevilacqua más introspectivo que nunca que le recuerda al Alfredo Landa en 'El crack 2'. Elogió el cinéfilo fiscal «el ritmo frenético, el lenguaje castizo y coloquial que domina», y «unos personajes dibujados con extraordinaria hondura, que son las características de una novela negra construida sobre sólidos cimientos». La resumió como «una metáfora terrible de un estilo de vida y de las cloacas de la política española».