Sánchez Adalid: «Los escritores de novela histórica hemos llevado el turismo a muchas ciudades»

Jesús Sánchez Adalid, en un patio árabe del Mérida Palace. :: J. M. ROmero/
Jesús Sánchez Adalid, en un patio árabe del Mérida Palace. :: J. M. ROmero

Jesús Sánchez Adalid regresa a las librerías con 'Los baños del pozo azul', una historia de Subh Um Walad, la mujer más fascinante de la Córdoba califal

A. GILGADO BADAJOZ.

Jesús Sánchez Adalid (Villanueva de la Serena, 1962) vuelve al siglo décimo. Llega a las librerías 'Los baños del pozo azul'. En esta historia rescata a personajes de 'El mozárabe', pero avisa el autor que no es una continuación, ni una segunda parte. Estamos en la Córdoba califal y todo el protagonismo se lo lleva Subh Um Walad, una mujer con historia apasionante en el mundo islámico.

-¿Cómo llega usted hasta Subh Um Walad?

-Lo descubrí hace muchos años, pero no tenía datos suficientes para contar su historia. A raíz de varias investigaciones he visto que tenía material para construir su mundo. En la historia del Islam no hay personajes femeninos, pero Subh Um Walad fue una auténtica sultana. Fue madre y esposa de califa, pero ejerció su influencia. Fue, por ejemplo, la responsable de que Almanzor subiera al poder y después trató de derrocarlo.

-¿Cómo fue su entorno familiar?

-El primer califa es Abderramán III, el segundo Alhakén II y el tercero Hisham II. Padre, hijo y nieto. Los tres son diferentes. Alhakén, por ejemplo, solo tuvo una esposa mientras que su padre tuvo muchísimas, ni sabemos cuántas. La única mujer de Alhakén era vasca. Se llamaba Auriola, que después tomó el nombre de Subh Um Walad. Vive en el ámbito del Islam, pero con los criterios de una mujer del norte. Auriola vive toda su vida en esa tensión. Cuando era muy joven se la llevan de Navarra, del palacio de Olite, por un pacto de Abderramán. Viene de un reino cristiano en la que las mujeres gobiernan y se va un mundo donde solo va a ser una figura afectiva o sexual. Pero se rebela.

-¿Por qué vuelve al siglo décimo?

-El siglo décimo resultó fundamental para la historia de España. Absolutamente decisivo. Había un califato que abarcaba toda la península y el norte de África. Formaba un triángulo con el imperio germánico y Bizancio. Esta época la han abordado mucho los historiadores, pero no los escritores.

-¿Le daba vértigo volver, de nuevo, a la época de 'El mozárabe' con lo que supuso este libro para usted?

-No. Ha pasado mucho tiempo y yo cuando empecé a darle forma al libro no quería que esto fuera una segunda parte o una continuación de 'El mozárabe'. Estamos en el mismo marco cronológico, pero aquí profundizo en Um Walad, un personaje inédito para mí hasta ahora. Hay una investigación muy seria detrás de esta figura. Es enigmática.

-¿Qué le atrajo de esta mujer?

-Ella vivió en la época califal de mayor esplendor, pero decidió no vivir en Medina Azahara, donde habían residido todos los califas con su mujeres. Tiene otra forma de pensar. En el mundo del Islam no tiene lógica. Ella estuvo enamorada de Almanzor y, sin embargo, gran parte del libro cuenta su pugna con Almanzor. Se enfrentó al califa.

-La investigación suele ser un terreno árido en el que muchos escritores no se sienten cómodos. Hay quien abusa de la ficción por la falta de documentación.

-Ahora se ha creado en España una asociación de escritores por la Historia para dignificar este género y hacer ver que somos muy necesarios. La historia no es solo para eruditos o profesores. Estamos llevando momentos importantes de la historia a la gente. Pero nosotros tenemos que ser honestos, ofrecerles personajes con carga de realidad.

-Partimos, por tanto, de tesis doctorales disfrazadas de libro.

-Yo me siento escritor más que investigador, pero no quiero defraudar a mis lectores. Después de veinte años, el lector confía en mí y todo lo que se cuenta está muy sustentado. A veces te encuentras con novelas de ambientación histórica, pero llenas de anacronismos. Muchas veces, las tesis y la investigaciones históricas se quedan en los cajones y nadie las lee. Yo empecé a escribir con la idea de popularizar la historia.

-¿La novela histórica es algo más que un 'boom'?

-Cuando yo empecé a escribir a principio de los años noventa, hubo quien decía que el género histórico era una moda de tres o cuatro días. Llevamos más de treinta años. Los escritores de novela histórica hemos llevado el turismo a muchas ciudades. Antes, era solo de playa o montaña. Pero la gente descubrió que se podía divertir recorriendo monumentos gracias a los libros que había leído. Ahora la gente consume historia. El Museo del Ejército de Toledo es hoy uno de los más visitados y antes no iba nadie.

-¿Corremos el riesgo de que suban al carro impostores?

-Pasa con todo. En la vida siempre hay una graduación de trabajo y de autenticidad. Cuando algo tiene éxito hay oportunistas. Aquí lo difícil no es llegar, es mantenerse. El lector no te permite un fallo. La novela histórica tiene detrás un público muy serio y le gusta notar que está ante algo muy trabajado.

-Pero hay épocas más atractivas que otras.

-Pero esta época la tiene. Hablamos de la vida en Medina Azahara o de los reinos que se están forjando del norte de la Península. Medina Azahara la han hecho ahora Patrimonio de la Humanidad. Se prometen millones de visitas y es el momento de saber cómo se vivía allí. El arqueólogo te cuenta lo que se descubre, el historiador te describe cómo era la vida, pero nosotros, los escritores, lo llenamos de espíritu, sacamos el alma de estos lugares.

-¿Teme que le acusen de oportunista?

-Algunos me lo dirá, pero yo llevo escribiendo esta historia tres años. Nadie preveía que iban a hacerla Patrimonio de la Humanidad. Es un título que tiene pedido media España. Fue un sorpresa. Los editores lo consideran algo positivo, pero yo tengo otro punto de vista. No me dan tiempo a escribir 740 páginas en cuatro días.

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