Natalia de Molina: «Me convertí en actriz para superar mi timidez»

Natalia de Molina, caracterizada como George.

Interpreta a una joven agorafóbica en '522. Un gato, un chino y mi padre', la última película de Paco R. Baños, ya enla cartelera española

Iker Cortés
IKER CORTÉSMadrid

No ha sido fácil para Natalia de Molina (Linares, 1990) dar vida a George, la joven agorafóbica que protagoniza '522. Un gato, un chino y mi padre'. Y no por lo intrincado de un personaje que finalmente le echa valor y emprende un viaje a Portugal para esparcir las cenizas de su gato, que también, sino porque Paco R. Baños ha apostado por unos primeros planos que apenas dejan respirar a la actriz. «Me he sentido como cuando ruedas una película de ciencia ficción porque casi me tenía que imaginar todo», dice entre risas.

–¿Cómo te involucras en el filme?

–Cuando leí el guion me pareció una historia muy bonita. Había visto la anterior película de Paco, 'Alí', y me gustaba mucho ese universo naif muy 'indie' que tenía él y que no había visto en otros directores españoles. También me llamó la atención lo complicado del personaje, una mujer con tantos problemas. Era un reto muy grande ser capaz de meterme ahí.

–No es una película fácil. ¿Hay un interés en separarse del cine más comercial?

–No. Me gusta poder hacer películas diferentes, algunas con ambición comercial y otras más independientes. Como espectadora he de confesar que el cine con el que más conecto es el cine de autor, el más raro y el menos común. El que no lo peta en taquilla (ríe). Pero luego, por ejemplo, también me encanta Luc Besson, que hace películas más comerciales aunque también con un toque muy autoral. Me gusta embarcarme en proyectos tan diferentes.

–¿Cómo te docuumentaste? ¿Conocías a algún agorafóbico?

–Bueno, es fácil encontrar documentales e información respecto al tema. Por otro lado, y salvando las distancias, mi gato es agorafóbico (ríe). No puede salir de casa y se aleja cada vez que abro una ventana porque le da miedo, así que observé mucho cómo reaccionaba.

–Dando vida a un personaje así, ¿una aprende cosas de sí misma?

–Pese a que es una película bastante naif, en realidad su fondo es bastante profundo y todos los problemas y las taras que rodean al personaje, aunque sea extravagante y un poco antipático, sí que tienen una relación con ciertos problemas que arrastramos a lo largo de la vida y de los que hay que tratar de liberarse para poder seguir hacia delante. Yo, por ejemplo, siempre he tenido muchos problemas de timidez. Cuando era pequeña no era capaz de hablar con un camarero para pedirle una coca-cola o, si mi madre me decía que fuera a comprar el pan le pedía a un amigo que me hiciera el favor. Me costaba mucho, sentía mucha ansiedad y mucha vergüenza y empecé a hacer interpretación un poco como autoayuda para liberarme y romper con eso. Y descubrí que delante de una cámara todo lo que soy no existía. Siempre he sido una persona muy introvertida y eso me acerca a lo que siente George.

–Gran parte de la película está rodada en una furgoneta y con primeros planos. ¿Qué retos ha supuesto?

–Buff... Mira que el personaje es complicado y tiene millones de cosas, pero lo mas difícil para mí ha sido el rodaje porque Paco decidió contar al personaje con un angular y con primerísimos planos. Había momentos que tenía la cámara a un palmo y que nos chocábamos. Al final hicimos un trabajo muy coreográfico con el director de fotografía. Me sentí muy atrapada y con una sensación de claustrofobia bastante 'heavy' y mucha inseguridad porque tampoco podía ver al compañero de escena al que le daba la réplica. Sufrí mucho pero a la vez me ayudaba también a entender algunas cosas del personaje.

–Teniendo en cuenta que gran parte del trabajo del actor es olvidarse de los aspectos técnicos, ¿cómo lo has hecho?

–La verdad, no lo sé. Había hecho películas con la cámara muy cerca, pero nunca así. Hasta que no te ves ahí no te das cuenta de lo difícil que es. Técnicamente, sin ser una mega producción, y siendo algo tan pequeñito es asombroso lo complicado que ha sido a nivel actoral no perderme con todo lo que sentía con la cámara tan cerca.

–¿Conocías Portugal? ¿Qué tal la experiencia de rodar allí?

–No, siempre había querido ir y fue uno de los motivos por los que me apetecía participar en la película. El Algarve me encantó, es precioso. Eso sí, nos tocó un tiempo horroroso. Nos llovió muchísimo, hacía mucho frío y un viento terrible, pero el paisaje es espectacular haga el tiempo que haga. Además tuve la oportunidad de acercarme a la lengua portuguesa -hay varias secuencias en portugués-, me parece una lengua muy bonita y muy musical. Allí todos saben español y nosotros no sabemos decir nada. Me da hasta vergüenza.

Tres fotogramas de la película.

–Supongo que es difícil comunicar en una lengua que no es la tuya.

–Es difícil, pero no tanto por el significado de lo que estás diciendo, porque tu lo entiendes. Para mí el mayor problema es que tienes que estar más centrada en la pronunciación que en lo que estás diciendo. Al final se trata de repetirlo muchas veces para olvidarte de ello.

–Tienes 28 años y lleva ya dos goyas. ¿Hasta qué punto pesan los premios?

–Lo que he aprendido con lo que me ha pasado es a relativizar las cosas. La gente le da mucha importancia a los premios. Para mí lo importante es trabajar y poder hacer películas. Desde luego, gracias a los premios me han pasado muchas cosas y estoy donde estoy. Pero hay miles de actorazos a los que nunca les han dado un premio. Es un honor y es maravilloso, pero también depende de que la película haya gustado y hay muchos factores que se escapan del propio trabajo. Al final, que te den el premio a la mejor actriz no significa que seas la mejor actriz.

–¿Te sientes privilegiada?

–Totalmente. En el momento en el que puedo vivir de mi trabajo, sí. Tengo muchos amigos actores que no pueden vivir de ello.

–¿Y qué dirías que es para ti el éxito?

–Poder elegir, poder hacer lo que siento que quiero hacer y lo que me apetece.

–En una carrera como ésta, el éxito conlleva la fama, ¿cómo llevas esa otra parte?

–Es lo que menos me interesa de mi profesión: todo lo que tiene que ver con el glamour. Es que no es real. El trabajo en un rodaje es de equipo y no es nada glamuroso. Luego están la alfombra roja, las galas... Yo no me siento conectada con esa parte y es una cosa que he descubierto trabajando, porque cuando estudias no te cuentan todo lo que hay detrás de un rodaje y una película. De todas maneras, el hecho de no haber hecho mucha televisión me da cierta libertad en ese sentido. La gente que se me ha acercado es gente muy cinéfila (ríe).

–Pero no cierras las puertas a la televisión...

–No. Me encantaría. Creo que se están haciendo cosas muy interesantes ahora que han llegado las plataformas y se está apostando mucho, pero no me ha llegado nada que me haya hecho querer estar ahí.

–¿Te afectan mucho las críticas negativas?

–Me gustaría decirte que paso, pero es verdad que a veces he leído alguna crítica y... Puedo tener 80 críticas maravillosas y comentarios que luego veo uno malo y parece que todo lo es. Es un problema que tenemos los actores, que queremos agradar y gustar a todo el mundo y no se puede. Es que el arte es tan subjetivo... A uno le puede gustar tu trabajo y a otra persona no y eso no quiere decir que lo hayas hecho bien o mal. De nuevo, hay que saber relativizarlo.

–Estás haciendo muchas películas al año. No tantas como Dani Rovira (o sí), pero casi. ¿Cómo logras mantener los pies en el suelo?

–Creo que es una cuestión de educación y de personalidad. Conozco gente a la que de repente se le ha subido a la cabeza y otra gente, muy grande, totalmente normal y creo que tiene que ver con la educación que han recibido. Yo creo que mi madre, en ese sentido, es muy importante para mí y siempre ha estado ahí y nos ha educado a mi hermana y a mí para estar en contacto con la realidad. Porque también es muy fácil irte a la realidad de los famosos y hay que saber que eso no es real y es muy superficial. Luego también están las vivencias de cada uno. Pese a lo que pueda parecer, no lo he tenido fácil en la vida y eso también te hace tener madurar antes de tiempo.

–¿Y cómo llevas la tercera pata de la labor de actor, la promoción?

–Pues vas aprendiendo. Al principio lo pasaba fatal también por lo que te he dicho de la timidez, pero esta profesión me ha hecho romper muchos muros que tenía. Al final te creas como una especie de personaje que es la actriz, el alter ego a la que le pasan las cosas increíbles que me han pasado a mí. Al principio lo pasaba muy mal porque no sabes qué decir, te juzgas, te sientes tonta... Poco a poco, practicando, te vas encontrando más cómoda con dar entrevistas. Se va aprendiendo, al igual que cada proyecto te hace crecer como actriz, las entrevistas también te hacen sentir cada vez más segura. A mí me encantaría que la película se pusiera que la gente la viera y punto (ríe). Y no tener que defender algo que a veces a mí me cuesta. Muchas veces no sé expresar muchas de las cosas que pasan por mi cabeza para dar vida a un personaje. Sé hacerlo pero no sé contarlo.

–Si no hubieses sido actriz, ¿qué hubieses querido hacer?

–Siempre he sido una niña bastante artística. Todo lo introvertida que he sido lo llevaba mucho a cantar, a bailar, a dibujar, a escribir... Así que aunque no hubiera sido actriz algo relacionado con el arte hubiera hecho. Pero hubo una época, cuando haces la selectividad, que tienes que saber ya a qué te quieres dedicar el resto de tu vida, que yo sabía que quería ser actriz, pero me daba verguenza decírselo a mi familia porque como era tan tímida me iban a decir: «¡A dónde vas, si te da vergüenza hasta pedir un refresco!». Así que mi intención era hacer Filosofía pero al final hice las pruebas de arte dramático, me cogieron...

–Y hasta hoy.

–Hasta hoy (ríe).

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