Gran hotel Budapest

La originalidad del estilo de Wes Anderson era algo indiscutible desde sus inicios y, aunque se le podía achacar bastante heterogeneidad en cuanto a ritmo y estilo en títulos como 'Life aquatic', rozó la perfección en 'Moonrise kingdom' y 'Fantastic Mr. Fox'

ALEJANDRO PACHÓN

La originalidad del estilo de Wes Anderson era algo indiscutible desde sus inicios y, aunque se le podía achacar bastante heterogeneidad en cuanto a ritmo y estilo en títulos como 'Life aquatic', rozó la perfección en 'Moonrise kingdom' y 'Fantastic Mr. Fox'.

Con 'Gran Hotel Budapest' da lo mejor de sí gracias a su personal visión de una Centroeuropa prenazi, heredera de las operetas de Lubistch y Ophuls, de los cómics de Tintín y Spirou y del universo literario de Stephan Zweig, en cuyos textos se inspira. Es una comedia de aventuras cuyo eje es el hotel del título y el protagonista su gerente, que interpreta con elegancia y sentido del humor Ralph Fiennes.

Jugando con los 'flashbacks', los formatos y los encuadres, Anderson hace gala de su virtuosismo narrativo y su buen gusto visual, usando referencias al cine mudo y a ese 'look' distópico tipo 'prisionero de Zenda' patente en una perfecta dirección de arte y una fotografía original. La larga lista de actores conocidos en pequeñas pero suculentas caracterizaciones completan esta mágica y original joya situada en el extremo opuesto del mal gusto imperante en la comedia actual.