«Los analfabetos han tomado el poder», asegura Félix de Azúa

Félix de Azúa posa en la sede de la editorial 'Círculo de Tiza' con su libro 'Nuevas lecturas compulsivas' :: J. P. Gandul / EFE/
Félix de Azúa posa en la sede de la editorial 'Círculo de Tiza' con su libro 'Nuevas lecturas compulsivas' :: J. P. Gandul / EFE

«La universidad agoniza y la enseñanza superior era mejor en tiempos de Franco», dice el académico, que presenta 'Nuevas lecturas compulsivas'

MIGUEL LORENCI MADRID.

Se lee hoy mucho, pero muy mal. La universidad agoniza y el paisaje político es desolador fuera y en casa. Psicótico en Cataluña. Es el negro panorama que dibuja Félix de Azúa (Barcelona, 1944), escritor, académico, catedrático y poeta en retirada, pero empeñado en que leamos más y mejor a los mejores. En especial ahora que «los analfabetos han tomado el poder». Lo dice sin ironía y de un excelente humor, poniendo a disposición del lector 'Nuevas lecturas compulsivas' (Círculo de Tiza). Es un libro misceláneo, ampliación del canon que publicó en 1998, y en el que reúne textos heterogéneos para inocular de nuevo la pasión por la lectura.

«Es un libro de autoayuda y benéfico, para que la gente de buena voluntad aprenda a leer bien», dice este académico reciente -sillón 'H'- que quiere ser «como un ratón bubónico que inocule el virus de la lectura como el de la peste».

«No hay mejor profesor de gimnasia que un buen gimnasta, o de equitación que un buen jinete, como no lo hay de lectura mejor que un loco por los libros como yo», dice alguien que vive «atado» a su biblioteca «como los presos a aquella bola de hierro de los tebeos». Y eso que una purga feroz ha logrado reducirla de 16.000 a 6.000 volúmenes.

«Enseñar a leer es mostrar al lector lo interesante, excitar su propio talento, no llevarlo como un corderillo», dice De Azúa, que escribe sobre Hölderlin, Cervantes, Montaigne, Orwell, Steiner, Balzac o García Márquez, entre muchos otros. «Leer es la única herramienta que tenemos para ser inteligentes, para ser más guapos, más listos, más altos, más fuertes y más ricos. Es una herramienta multiuso, barata y con muchísimas más posibilidades que un ordenador. El libro es además la herramienta que ha construido el mundo occidental», aventura.

Una herramienta ineficaz para alguien como el nuevo inquilino de la Casa Blanca. «No creo que Donald Trump sepa leer y, si lo hiciera, no entendería a Maquiavelo», dice. «Tenía un abuelo muy simpático, dueño del burdel más importante de Chicago, y las estirpes de burdeles y prostitución no leen mucho», cuenta risueño. De recomendar a Trump alguna lectura optaría por 'Alicia en el país de las maravillas', «que parece sencilla, pero hace pensar mucho; si fuera capaz de digerirlo quizá comprendiera que la vida es más compleja de lo que él imagina».

«Los analfabetos han tomado el poder y tienen los políticos que se merecen, pero no sé hasta qué punto los políticos están contentos con estas masas que no les garantizan el puesto», advierte De Azúa. «Lo que ha salido donde dominan los analfabetos, que son las redes sociales, es un caos enormemente peligroso que puede incendiar cualquier cosa», asevera. Y cita como ejemplo el 'brexit', opción «de un país bastante culto, como es el Reino Unido, donde las masas analfabetas han votado un disparate del que se arrepentirán», o a Trump, «aupado por otra masa analfabeta y campesina».

La docencia superior tampoco se salva de esta ola de 'estupidización', a juicio del escritor, que sostiene la «honesta herejía» de que «la enseñanza superior era mucho mejor en tiempos de Franco, a pesar de su espanto ideológico». «La universidad está agónica, catatónica, por no decir muerta. Al menos las facultades de letras. Las escuelas técnicas son otra cosa», sostiene. «Un departamento de la Universidad de Granada ha publicado una 'calendaria', con los meses de 'enera', 'febrera', 'marza', 'abrila'...», se escandaliza.

Internet no es, a juicio del escritor, «el único responsable de la 'idiotización'». «Quien se idiotiza con Internet se habría idiotizado exactamente igual con la religión, el fútbol, las drogas o con la televisión, y eso que no es fácil idiotizarse, aunque la red ha dado voz a lo peor de la sociedad», lamenta. «Quizá si estos servicios fueran de pago se acabaría con la canallada del anomimato», plantea. «Sexo, turismo y deporte son hoy los pilares que dan sentido a la vida de mucha gente», asegura el académico. «Si le quitamos el fútbol a la gente que más se apasiona, se armaría algo que dejaría la revolución soviética en una rebelión de churreros», vaticina.

De todo el espectro político solo salva a Ciudadanos, «los únicos que saben negociar». «Creer que la política es ideología es del siglo pasado. Es negociación, negociación y negociación. Y quienes no sepan hacerlo, que se vayan al convento», propone. «Podemos es un chiste cada semana», dice De Azúa, para quien la preferencia de Iglesias sobre Errejón «denota que predomina quien no sabe negociar y quiere tomar la calle, que es de analfabetos». «Iglesias cree que es como Fraga. Es una locura. Errejón era mucho más listo», sostiene.

Es muy crítico con la alcaldesa de Barcelona. «Tiene problemas para leer. Le cuesta», dice evocando su confrontación con Ada Colau. «Dije que estaría mejor despachando en un comercio de pescado, que es algo muy noble y muy digno», precisa. «Creer que le llamaba pescadera es un error de alguien que no lee. Pescadera nunca ha sido un insulto, como sería rabanera. Al no entenderlo, hundió a las pescaderas», dice el autor de 'Historia de un idiota contada por él mismo' o 'Cambio de bandera'. «Colau ha hecho cosas más interesantes, como expulsar al ejército de una feria pedagógica», destaca.

 

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