Ulises Carrión, la paradoja del 'anarcoartista' que se consagra en el Reina Sofía

Cartel para el festival de cine Lilia Prado Superstar (1984). Las obras de 1975. /
Cartel para el festival de cine Lilia Prado Superstar (1984). Las obras de 1975.

'Querido lector. No lea' es la retrospectiva con la que el museo público reivindica el 'antiarte' del inflyuente, marginal y libre creador mexicano

MIGUEL LORENCI

Madrid. Ulises Carrión dedicó su vida a dinamitar las bases del arte. No tuvo galerista ni marchante, abominaba de los museos y subvirtió los soportes, las convenciones y la función misma de un arte que quiso «desmaterializar». Pero, paradójicamente, el Museo Reina Sofía consagra el 'antiarte' del influyente y marginal creador mexicano con su primera gran retrospectiva, 'Querido lector. No lea'. Abunda en la paradoja que alimentó un raro que dejó la poesía para hacer del 'antilibro' su gran pieza creativa. Anarcoartista, abanderado del 'arte postal', capaz de hacer arte de la chismología, apostó por una independencia radical y llegó a rodar en una 'antipelícula' la muerte del marchante.

«El libro es para Carrión un objeto en el que el espacio entre líneas es mucho más importante que el propio texto», destaca Manuel Borja-Villel. Para el director del Reina Sofía, Carrión es «un autor de culto y uno de los grandes creadores del siglo XX». Admite que su «desconocida obra, complicada y difícil de exponer, escapa a cualquier formulación y disciplina». «Es un anarquista, en el sentido literal, que cuestiona toda las prácticas tradicionales. Su obra se halla injustamente en una zona de sombra, cuando es un elemento nodal que explica como pocos las relaciones del arte contemporáneo», sostiene Borja-Villel.

Nacido en la localidad veracruzana de San Andrés Tuxtla en 1941, Carrión huyó de México, donde su homosexualidad era una condena. Tras estudiar en París y Londres, recaló en Ámsterdam en 1972. Desarrolló allí su transgresora carrera y murió a causa del sida en 1989, con 49 años.

Muy crítico con cierto tipo de arte conceptual que consideraba «muy académico», Carrión fue editor, escritor, comisario de exposiciones y teórico de las vanguardias tardías. Al margen del canon, de cualquier sistema artístico y de sus soportes seculares, su obra se sustanció en el mundo de la edición, el libro y el manifiesto.

La muestra, muy del gusto de Borja-Villel, refleja con papeles toda la trayectoria de Carrión. Reúne casi 350 piezas, entre libros, revistas, vídeos, obras sonoras, arte correo, proyectos públicos y performances. Refleja también sus iniciativas como comisario, editor, distribuidor, conferenciante, archivero, teórico del arte y escritor.

Se exhiben por vez primera todos su trabajos audiovisuales, como 'The Death of the Art Dealer' (La muerte del marchante), 'Bookworks revisited' y 'Gossip, Scandal, and Good Manners', con el que quiso mostrar cómo se distorsiona un rumor o cotilleo.

El belga Guy Schraenen, coleccionista y amigo de Carrión, es el comisario de la muestra que reivindica al olvidado artista mexicano. Un iconoclasta en su día «pero mucho más oficial de lo que suponemos, capaz de anticipar hace 40 años lo que hoy es normal; nos enseña que el arte marginal está mucho más cerca del oficial de lo que pensamos», destaca Schraenen. «Carrión fue independiente, jamás recibió apoyo oficial, institucional o comercial y su trayectoria es la prueba de que el arte puede ser independiente y plenamente libre», resume el comisario.