Una obra en homenaje a la prensa escrita y Eduardo Naranjo pinta el cerdo universal

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:: LUCAS GARRA

En la escultura pintada por Gamero Gil se aprecian algunas de las portadas publicadas en el Diario HOY

ÁLVARO RUBIO BADAJOZ.

José Manuel Gamero Gil es el coordinador artístico de la exposición itinerante Iberian Pork Parade y ha visto crecer toda una piara durante tres meses. Además de dirigir la parte creativa de la muestra, se ha involucrado desde un principio y ha querido aportar su granito de arena con su pincel. La primera obra de arte que vio la luz fue la suya. Su creación marcó el principio de un proyecto que ya es toda una realidad: más de 40 artistas y otros tantos patrocinadores unidos en una iniciativa que fusiona el mundo del arte, la gastronomía, el turismo, la empresa y el sector agroganadero.

José Manuel Gamero Gil

Nació el 1 de octubre de 1975 en Oliva de la Frontera. Licenciado en Bellas Artes por la Universidad de Sevilla y con los cursos de doctorado en la Facultad Santa Isabel de Hungría, cuenta con una amplia experiencia. Domina la pintura, la escultura, la fotografía, el diseño gráfico e incluso la producción cinematográfica.

En la escultura de Luis Martínez Giraldo, Gamero hace un homenaje a la prensa escrita. Concretamente al Diario HOY. En el cuerpo del cerdo, a través de esmalte sintético brillante, ha plasmado logotipos y páginas completas de periódico que han marcado la historia de Extremadura. «La idea era el que el cochino estuviera envuelto en un periódico», comenta Gamero. Posteriormente añadió figuras geométricas aleatorias. «El resultado es una creación de luz y color», añade.

Cerdo patrocinado por

Diario HOY

Bajo el título 'Despiece', un concepto que forma parte de la jerga periodística y del sector del ibérico, alude a las piezas que hay que encajar en el puzzle de la labor diaria del periodismo.

«Como primer diseñador de una de las esculturas ha sido muy agradable formar parte de Iberian Pork Parade porque estoy muy relacionado con la vida en el campo por mi familia. Ha sido un proyecto con el que he podido unir lo artístico y mi vínculo con la dehesa», concluye.

Eduardo Naranjo pinta el cerdo universal

Un cielo azul sobre una gran ciudad en forma de cerdo es la rúbrica del pintor de Monesterio Eduardo Naranjo (agosto de 1944) para la exposición itinerante Iberian Pork Parade. Una reflexión poética para destacar la ternura que le inspira el animal. En cierto modo, cuenta, se trata de llevar al otro extremo la idea de guarro, cochino, puerco o asqueroso con la que habitualmente se asocia al rey de la dehesa. El cielo azul arropa una ciudad de rascacielos que ilustra el concepto de universal que tiene para Naranjo el ibérico. «Le gusta a todo el mundo, por eso es universal», y lo plasma con un 'skyline' sobre los lomos. En un principio pensó alguna alegoría a su hábitat rural, pero lo desechó por una figura global y cosmopolita. El matiz local se encuentra en las orejas tricolores de la bandera regional salpicada por lágrimas rojas invocando a la «martirizada Extremadura».

Eduardo Naranjo

Ha seguido una evolución distinta al resto de pintores de su época. Nació en agosto de 1944 en Monesterio y estudió Bellas Artes en Madrid. Fue a mitad de los sesenta cuando disfrutó de una beca en París. A finales de esa década firmó algunas de las obras más importantes de su larga trayectoria profesional que alcanza casi medio siglo.

Al proyecto se sumó por invitación del alcalde de su pueblo, Antonio Garrote, quien al final de la conversación le confesó que en un principio no se atrevía a pedirle que pintara el cerdo adquirido por el Ayuntamiento para esta iniciativa.

El pintor aceptó por dos razones; porque «don cerdo ha dado, y lo sigue dando, un juego maravilloso a través de la historia como alimentación primordial de muchos pueblos» y porque como destino final le han guardado un rincón en el museo del jamón de Monesterio. «Todo un lujo para mí, que mi cerdo acabe junto al jamón supone un reconocimiento inmerecido».

Cerdo patrocinado por

Jamón de Monesterio

Pero antes de llegar allí, a la escultura le queda un largo camino junto a sus compañeros de piara. «No hay ninguno igual y eso supone el triunfo de la imaginación. Sin imaginación no hay arte. No se trata de pintar o dibujar muy bien, sino de tener imaginación para que la obra resulte distinta», explica Naranjo, un artista que se formó en Bellas Artes en Madrid y que con ocho o nueve años ya sorprendía con retratos y paisajes muy fieles a la realidad de su pueblo.

 

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