Paul Preston reivindica a Juan Negrín

Paul Preston reivindica a Juan Negrín

El hispanista describe la tragicomedia de los últimos días de la República en 'El final de la guerra', que se publica esta semana

IÑIGO GURRUCHAGA

londres. Paul Preston, autor de libros sobre la Guerra Civil, de biografías de Franco, el rey Juan Carlos o Santiago Carrillo, que desde la LSE de Londres promueve la investigación sobre la España contemporánea, ha escrito, según le ha dicho un amigo, un libro de suspense. 'El final de la guerra', que esta semana publica la editorial Debate, es un detallado relato de lo acontecido en el Gobierno de la República española en las últimas semanas de su existencia. Aunque el lector conoce el desenlace, la trepidante trama de sucesos y conspiraciones aproxima la lectura a la de una novela.

Preston (1946) dice que el libro nace de su culpa por haber dado por buenas las memorias de Segismundo Casado, el oficial del Ejército que selló el final de la Guerra Civil liderando un golpe de Estado -con apoyo de CNT y de un sector del PSOE- que llevó a la rendición de los últimos territorios de la República.

El contexto es conocido. Una vez que Franco conquista el País Vasco y Asturias, su victoria está asegurada. La ayuda rusa a la República no podía compensar la capacidad de producir armamento de las principales áreas minera e industrial. El bando rebelde avanza despacio y consolida sus conquistas con la destrucción de toda oposición. En el bando republicano, el jefe del Gobierno, el socialista canario Juan Negrín, y su colaborador militar Vicente Rojo, lanzan ofensivas que fracasan en Aragón. Finalmente, intentan sin éxito cruzar el Ebro.

Negrín presidió la última reunión de las Cortes republicanas el 1 de febrero de 1939, y pasó tres días viendo a dignatarios, soldados y civiles cruzar a Francia tras la pérdida de Cataluña. Pocos habían criticado su plan: lograr una victoria que retrasase el avance de Franco y abriese la posibilidad de negociar un final.

Tras la pérdida de Cataluña, la tragicomedia humana que es la política española en las obras de Preston arroja una extensa lava. Se ve al glorificado presidente Azaña pasear por París, desentendido de todo. Sobre todo de aquello que obsesionaba a Negrín: evitar que sobre soldados y civiles que no tendrían el privilegio de ser evacuados cayera la hecatombe servida por las tropas de Franco.

Preston cuenta los asientos vacíos en el avión que devuelve a Negrín a España. Se ha convertido en un personaje odiado por Casado y una élite militar que colabora con Franco y con su Quinta Columna, por un sector socialista, por la CNT y por otros republicanos. Lo acusan de estar en manos de los comunistas, que comparten la estrategia de resistir hasta el final.

Casado encabeza un golpe en marzo de 1939 con el mismo argumento que el levantamiento del 1936: evitar una dictadura comunista.

El libro de Preston es una galería de mentirosos, asesinos y fantoches, y algunos políticos serios y cabales. Entre todos ellos destaca Juan Negrín: «Es un fisiólogo de renombre mundial. La República era un desastre y Negrín endereza las finanzas, crea el Estado tras el colapso del anterior», explica Paul Preston. «Cuando cae Caballero, nombran a Negrín presidente del Consejo de Ministros a su pesar. Organiza el esfuerzo bélico centralizado, que no existía antes. La República estaba condenada a la derrota. Pero Negrín hace un trabajo sensacional. Por eso indigna que haya gente que le culpa de la derrota».

 

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