«El éxito irrita y es muy violento»

«El éxito irrita y es muy violento»

«Las malas críticas me la soplan, son sistemáticas cuando hay ventas millonarias», dice la autora de 'Los ojos amarillos de los cocodrilos'

MIGUEL LORENCI MADRID.

En una terraza de un pueblito de Borgoña una pareja discute. El hombre grita a la mujer, una joven embarazada a la que acaba insultando y abofeteando brutalmente ante sus hijos y los demás clientes. La escritora y antigua periodista Katherine Pancol (Casablanca, 1954) contempla la escena y decide en ese momento que prestará su voz y el altavoz de su fama a la joven. Que tratará en una novela el infierno de esas mujeres maltratadas.

Pronto constata que es fácil llegar a ellas, que las hay por doquier y que a menudo son jóvenes aterrorizadas y atenazadas por la culpa. De aquella situación nació 'Muchachas' (La Esfera de los libros), una novela de 1.600 páginas en tres entregas con la que la autora francesa espera reeditar el éxito de la trilogía que conforman 'Los ojos amarillos de los cocodrilos', 'El vals lento de las tortugas' y 'Las ardillas de Central Park están tristes los lunes'.

Y no será fácil, ya que esa 'trilogía animal' vendió entre 2006 y 2010 casi siete millones de copias, más de 700.000 en España. Llega ahora a nuestras librerías el segundo tomo de la serie con un millón largo de libros despachados al norte de los Pirineos. Fueron las entregadas lectoras españolas, y los lectores, que los hay, quienes anticiparon el éxito global de la 'trilogía animal'. Y para agradecérselo, Pancol mantendrá en todos los idiomas el título en español.

«Muchachas es un palabra sonora y muy alegre que describe a las muchas heroínas de todas las edades que hay en este libro y que me sirve para dar las gracias a España por adoptarme», explica risueña. Pero ¿es adecuada para hablar de una situación tan dura? «Hay muchas historias; se habla de maltrato pero también hay comedia americana», precisa Pancol.

En los corazones de todas las maltratadas con las que habló «anidan el miedo y la vergüenza». «Pero lo peor es que se sienten culpables», cuenta Pancol, escritora hoy muy famosa en su país, que trató a más de una veintena de mujeres agredidas y a maltratadores que aceptaron una terapia, y que espera que la embarazada vapuleada en público en Plaisance-du-Gers «se reconozca» y se ponga en contacto con ella.

Pensó entonces que la mujer «no puede responder a la violencia con violencia porque sería masacrada». «Escribir sirve para ver lo que querríamos olvidar y aquella escena se clavó en mi memoria. Mi arma como escritora es la palabra y mi respuesta es este libro que he escrito para esa mujer, que es como darle la palabra ante una gran audiencia, aunque han sido muchas las que hacen saber que sienten reconocidas».

El éxito de ventas de Pancol no ha sido parejo al de la crítica, que recibió bien la primera entrega de 'los cocodrilos.', pero que no ha dejado de zurrarle con ganas desde que entró en el club de los superventas. «La crítica me la sopla. No es mi problema», dice sin perder la compostura. «El éxito irrita y el exitazo más», añade. «Cuando vendía solo miles de ejemplares y era desconocida cosechaba elogios; pero con las ventas millonarias arrecian las crítica feroces. Me han fusilado. Es sistemático, una enfermedad contra la que no hay nada que hacer», se lamenta.

La fama que otorga el éxito le subió a una montaña rusa. Triunfó con 25 años y su primera novela, para publicar luego una docena de títulos recibidos con indiferencia antes del campanazo de los cocodrilos. «La fama se hizo incómoda y desaparecí en Nueva York, donde nadie me conocía». Aprendió a «relativizar el éxito y mantenerlo a distancia. No he cambiado de casa ni de amigos. Solo de coche, un Clío con 18 años por un Audi, pero no quiero que nada cambie mi vida sin que yo lo decida». «El problema del éxito es que no te deja decidir, es muy violento y te hurta la capacidad de gobernar tu vida», asevera.

No le satisfizo la versión cinematográfica de 'los cocodrilos' y sin hacer sangre dice que «los actores son formidables, pero no puedo decir los mismo de la realizadora (Cécile Telerman)». Cree, con Hemingway, que el periodismo es una profesión fantástica si la dejas antes de cumplir los cuarenta. No tiene asomo de añoranza del oficio que ejerció en revistas como Paris Match y Cosmpolitan, para las que entrevistó a Lady Di, pero sí una deuda de gratitud. «Me fijo en todo desde que era una cría. Observar está en la esencia del periodismo, que en cierta manera es dar con la falla de otro, en ver lo que no quiere que veas, lo que oculta tras su sonrisa. Es también un ejercicio excepcional para la literatura, que es en esencia interesarte por el otro, de modo que sigo atenta, observando sin desmayo», concluye la elegante escritora que reparte sus días entre Nueva York, París y su retiro en Normandía.