Somos los viviriflantas

Actuación de Jarana en 2012/HOY
Actuación de Jarana en 2012 / HOY
Miriam F. Rua
MIRIAM F. RUA

Hace doce años, la murga Los Niños salía al escenario del teatro López de Ayala con los Viriviriflantas, una incomprendida parodia de las murgas 'antiguas' que les costó la descalificación más sonada de la historia del concurso (con permiso de la del caja de Jarana). En 20 minutos, homenajearon a aquellos que, en los años 80, tras la larga noche de la dictadura franquista, comenzaron a cantar por Carnaval.

Eran los primeros pasos de un concurso sin reglamento, donde se iba a cantar las cosas que pasaban en la ciudad con gracia, con ironía y hasta con su puntito cursi. Eran los años donde el disfraz aún no era el tipo, el escenario todavía no se había convertido en las tablas, Badajoz no era la musa maldita y la puesta en escena era el propio teatro. Se mascaban letras, se desafinaba, se movían dando dos pasos adelante y dos pasos atrás y se rascaba la guitarra sin punteos.

¿Se imaginan el desbarajuste, la anarquía y la desinhibición? ¿Se imaginan el Carnaval?

Este año, 2019, las coplas se quedan huérfanos de padre. Jarana, la última superviviente de aquella generación de primeros murgueros se despide del Carnaval. Con ella, quedan atrás las coplas de Ad Libitum, El Nombre da Igual, Los Agüitas, Perigallos o El Guatinay. Ellos no solo afianzaron la tradición de cantar por febrero, muchos dejaron un enorme legado en las murgas que hoy suben al López de Ayala. Más importante aún, nos enseñaron a muchos pacenses a amar el Carnaval que, más allá del disfraz, es una actitud de inconformismo, de rebeldía, de protesta cantada... nos enseñaron, supongo que sin proponérselo, a ser más libres.

Algunos de los que hoy nos cantan son hijos de esos primeros murgueros, otros han bebido de sus letras. Todos son ahora el espejo donde se mirará la cantera, a la que necesitamos fiar el futuro de un concurso cada vez más raquítico de gente e ideas. La responsabilidad es enorme y no se trata de involucionar a los 80, claro que no, pero sí de enseñar que la esencia de las murgas es la palabra y todo lo demás debe estar a su servicio. Larga vida a los Viriviriflantas.