«Vivimos los peores años con la crisis; vinieron hasta profesores a por comida»

El local. Natividad Quintana en el economato de la calle Málaga :: l. cordero / /
El local. Natividad Quintana en el economato de la calle Málaga :: l. cordero /

El economato de la calle Málaga celebra sus bodas de plata volcado en la atención a las familias más necesitadas y en la búsqueda de voluntarias

María José Torrejón
MARÍA JOSÉ TORREJÓNCáceres

El economato que las voluntarias de la Sociedad San Vicente de Paul regentan en la calle Málaga es un supermercado a pequeña escala. Pero lo más pequeño en este humilde local son los precios. La bolsa de kilo de alubias Luengo cuesta 60 céntimos, el sobre de sopa de ave de Gallina Blanca vale 25 céntimos y la bolsa de bacalao congelado se despacha a dos euros.

Cuenta Natividad Quintana, impulsora y responsable de este servicio, que todos los productos tienen aplicado un 75 por ciento de descuento sobre su precio de mercado. De esta manera, detalla, los usuarios del economato solo pagan el 25 por ciento de su valor. El resto se costea con las cuotas de las voluntarias y con las aportaciones que realizan las parroquias con la que trabajan: San José, San Juan, Espíritu Santo, San Blas y Fátima.

Hasta la puerta de la primera parroquia, la de San José, llamó Natividad hace 25 años para instalar este almacén de alimentación. Don Severiano, evoca la voluntaria en referencia al conocido sacerdote de San José fallecido hace un año, cedió el local a la causa y el economato empezó a funcionar en el mes de junio de 1994. Este año celebra sus bodas de plata y para conmemorar la efeméride el 20 de mayo se celebró una comida en el Quiosco Colón. Asistieron 40 voluntarias, además de los sacerdotes de las iglesias que están involucradas en el proyecto, destinado a las familias más desfavorecidas de la ciudad.

25 años dan mucho de sí. «No debemos nada a nadie. Tenemos todas nuestras facturas al día. Esto es como la multiplicación de los panes y los peces», afirma Natividad en referencia a los escasos recursos con los que cuentan y a las bocas que consiguen alimentar. En estos momentos, el economato atiende a 70 unidades familiares. Una vez al mes los usuarios pasan por la calle Málaga para llenar el carrito de la compra. Pueden hacer un desembolso máximo de 20 euros.

El éxito de esta fórmula, destaca su impulsora, es que las personas con economías frágiles no tienen la impresión de vivir de la caridad. Pueden seleccionar lo que quieran y, después, pagan por ello. Eso sí, a un precio mucho más bajo. «Tienen su dignidad. La gente quiere pagar», destaca.

Los años de la crisis se dejaron notar de forma muy especial en el economato. «Mucha gente se quedó parada, sin nada. Subió mucho el número de usuarios. Han sido los peores años, los más duros. Cuando empezamos había gente pobre, pero no tenía nada que ver. Con la crisis la gente empezó a quedarse sin trabajo. Vinieron hasta profesores a por comida», resume la voluntaria. Entonces, la cifra de atendidos se disparó hasta las 110 familias. «Ahora esa cifra ya ha bajado», tranquiliza Quintana.

Comida de celebración por los 25 años.
Comida de celebración por los 25 años. / a. méndez

La evolución del perfil de los usuarios del economato da muestra del cambio que ha sufrido la sociedad en este cuarto de siglo. «Al principio atendíamos a muchas mujeres viudas, que tenían unas pensiones muy pequeñas. También teníamos casadas con muchos hijos y pocos ingresos. Ahora, sin embargo, hay muchas madres jóvenes separadas», ilustra Quintana.

Nati, como la llaman sus amigos y conocidos, no concibe su vida sin el economato. «Me ha aportado todo; a mí me ha dado la vida. Recibo más que doy. A veces digo que sé más que un cura porque me cuentan muchas penas. Creo que la labor más importante que hacemos es la de escuchar», zanja mientras recuerda que la asociación necesita voluntarias y reivindica la vigencia del economato. En 2005 la labor altruista de Natividad Quintana fue reconocida en el transcurso del Mes del Mayor por su entrega a la causa.