«Los trabajadores y clientes del negocio necesitamos entrar y salir con libertad»

Javier Fernández, dueño del salón de belleza Prado, lamenta el cierre del pasaje en que se ubica. :: j. rey/
Javier Fernández, dueño del salón de belleza Prado, lamenta el cierre del pasaje en que se ubica. :: j. rey

El salón de belleza Prado manifiesta su rechazo al cierre del pasaje de Avenida de Alemania por «no ajustarse a la legalidad»

Cristina Núñez
CRISTINA NÚÑEZCáceres

La seguridad de los vecinos no puede estar reñida con el futuro de un negocio asentado durante 33 años. Es la idea que transmite Javier Fernández, que dirige el salón de belleza Prado desde la jubilación de su madre, la fundadora de este centro de estética, todo un clásico en la ciudad. Fernández ha asistido con estupefacción a la instalación de un sistema que limitará el acceso del público al pasaje entre la Avenida de Alemania y García Plata de Osma. El cierre, inminente, se hará fuera del horario comercial pero el responsable de este negocio no está satisfecho sobre cómo se han hecho las cosas.

Los motivos que han ocasionado esta medida expeditiva tomada por la comunidad de vecinos son la suciedad provocada por grupos de personas que acceden al recinto para consumir bebida y comida y también para hacer sus necesidades, algo que se intensifica en periodos festivos. Javier Fernández teme, además de que la limitación del acceso les perjudique económicamente, que ésta tenga nefastas consecuencias para la seguridad del recinto, por lo cual ha presentado un escrito en el registro del Ayuntamiento para poner de manifiesto este temor y evitar que se ponga en riesgo a los residentes y los negocios de la zona. «Esto es un polvorín, si hay un incendio y se va la luz no se podrían abrir las puertas, porque no tienen ningún sistema manual que permita su apertura, y y además solo se abren hacia el interior». Aunque en el interior del pasaje hay cinco locales comerciales edificados, actualmente solo está abierto al público Prado. Ha solicitado a los técnicos municipales una inspección.

«Yo soy el primer interesado en que esto esté limpio, haya seguridad y sea un sitio aceptable, pero los que estamos trabajando y nuestros clientes tienen derecho a que entre y salga con libertad», reflexiona Javier. Con toda la documentación del caso en la mano este empresario se lamenta del procedimiento. «Si quieres cerrar un pasaje como éste lo primero que tienes que hacer es la reunión de vecinos y después se solicita, pero aquí ha habido irregularidades grandísimas». Indica que el proceso llevado a cabo por la comunidad de vecinos ha sido el inverso, que primero se ha solicitado el cierre en el Ayuntamiento y después se ha hecho la reunión. Muestra el expediente de obra menor en el que se indica que fue el 20 de diciembre de 2017 cuando se efectuó la solicitud del cierre y el 7 de marzo de 2018 se aprobó en junta de vecinos este cierre. Javier Fernández indica que según los datos que ha recabado, el procedimiento para este tipo de actuaciones puedan llevarse a cabo es por unanimidad, ya que se modifica el título constitutivo de la comunidad. En esa junta directiva el voto a favor del cierre fue de un 69%. «En 2016, que es la primera vez que se intentó, se hizo una votación en la que no hubo unanimidad, por lo que no se pudo aprobar el cerramiento del pasaje, desde entonces las leyes no han cambiado». Desde el Ayuntamiento se limitan a precisar que la solicitud de la comunidad de vecinos fue requerir el cierre del pasaje en horario no comercial. «La respuesta del Ayuntamiento ha sido permitir el cierre en ese sentido, siempre en horario no comercial, tal y como los vecinos solicitaban. En horario comercial el pasaje permanecerá abierto», responden a una consulta hecha por este diario. La instalación de las puertas y los telefonillos ya está hecha y los vecinos han tenido que asumir el gasto a través de una derrama.

Ha solicitado a los técnicos municipales una inspección sobre el cierre del pasaje

Javier Fernández indica que está valorando llevar a cabo una denuncia judicial. «Las puertas hacen un efecto disuasorio para la clientela», remarca Fernández, que lamenta que no haya habido diálogo y que la medida se haya tomado sin tener en cuenta su postura. Hay otros vecinos que no están a favor, aunque Javier deja claro que él habla sin erigirse en portavoz de nadie más. Considera que con el cierre su local pierde valor y le obliga a adaptarse a un horario que por ahora desconoce. «Menos mal que tenemos una clientela de hace años, si lleváramos un año aquí estaríamos perdidos».