SOLDADOS PROFESIONALES

ANTONIO BUENO

Me gusta pasear por las pistas del antiguo campo de aviación (¡qué vista tuvo quien lo desechó, pues hoy sería un magnífico aeródromo, bien situado!). He encontrado grupos de soldados profesionales que se ejercitaban corriendo por las mismas pistas.

No he podido evitar comparar la milicia de ahora con la mili que hicimos, que tenía muchas cosas buenas: para algunos era la primera ocasión en que salían del pueblo, se les enseñaba disciplina y organización; algunos que eran analfabetos recibían clases con los maestros pues había un alto porcentaje de analfabetismo hace 50 años. A mí me tocó «extensión cultural» y me hinché de escribir cartas a las novias de los compañeros que no sabían. Aquello parecía la consulta de la señorita Francis. Pero también, renunciando a una hora de paseo, les explicaba la Historia de España, para que supieran a quien estaban sirviendo y se sintieran orgullosos de haber nacido en uno de los países más importantes del mundo en el curso de los tiempos. Los medios que teníamos eran rudimentarios. Pasábamos el día junto al mosquetón «que es como vuestra novia», nos decían. Y los 22 años los celebré a lo grande, tirando bombas de mano. Ha sido el más ruidoso.

Ahora se ve a unos mocetones con un físico impresionante y a unas valientes que corren junto a ellos (muchas hijas de militares o de guardias civiles que llevan en la sangre la vocación militar). Simplemente con mirarlos se ve lo que hemos progresado en este país.

El Ejército es una de las instituciones más prestigiosas de la democracia. Para algunos que no van a la milicia, añoro el cepillado que nos daban para saber comportarnos en la vida, porque les vendría muy bien. Hay mucho maleducado y les falta el coraje necesario para ser útiles. Un orgullo para todos, nuestro ejército profesional

 

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