Cuando había sitio para aparcar en Cáceres

Foto de la avenida de España con un único coche aparcado. / Javier
Sergio Lorenzo
SERGIO LORENZOCáceres

Uno de los momentos en que mejor me lo paso en la Redacción, es cuando llega el fotógrafo Salvador Guinea por las mañanas, maldiciendo por las vueltas que ha tenido que dar para aparcar su coche.

Resulta que él siempre tiene que estar 'motorizado' por si debe salir pitando para cubrir un suceso: ya sea el incendio de un piso en el cacereño barrio de Aldea Moret o un asesinato en Cedillo (a 112 kilómetros), por poner un ejemplo; pero, para su desgracia, la Redacción está en el centro de Cáceres, junto a la Fuente Luminosa y frente a Correos: todo rodeado de zona azul, donde es bastante difícil encontrar un sitio libre.

Llega acalorado, acordándose de la madre de los que aparcan ocupando dos estacionamientos, o diciendo que en tal sitio hay aparcamientos reservados a personas con discapacidad que no se usan, o que habría que hacer una asociación que protestara por los estacionamientos que se quitan tras hacer obras, o se anulan sin sentido con rayas amarillas.

Él da vueltas por La Madrila, por el aparcamiento del Hospital Nuestra Señora de La Montaña, por la plaza de Antonio Canales, por Colón... y después de encontrar un sitio viene echando humo:

–¡La madre que los trajo al mundo! ¿Qué os parece la película feminista que están rodando en Cáceres, que ha ocupado la mitad del aparcamiento del Parque del Príncipe? – dice malhumorado.

–En algún lado tendrán que rodar. Deja a la gente que se gane la vida. – Le contesto.

–¡¿Y los taxistas?! ¿Por qué ocupan tanto espacio, si muchos de sus sitios están vacíos?

–No te metas con mis amigos los taxistas. Deja a la gente que se gane la vida.

–¡¿Y yo?! ¿No me tengo que ganar yo también la vida?

–No es por nada. Pero delante de tus narices tienes el parking nuevo de la avenida Primo de Rivera. – Le digo a malaleche, sabiendo que le voy a encolerizar.

–¡Sí, hombre sí! Te crees que a mí me sobra el dinero, ¡pero si te cuesta casi 6 euros tres horas! Eso está hecho para ricos y turistas.

Cuento todo esto para que se entienda mejor lo que a continuación voy a relatar.

Plaza Mayor sobre los años cuarenta.
Plaza Mayor sobre los años cuarenta. / Javier

Siguiendo con sus investigaciones sobre el fotógrafo cacereño Javier García Téllez ( 1888-1963), le acompañé el otro día al Museo Casa Pedrilla, por ver si había algo sobre él en la zona dedicada a personajes ilustres de la ciudad. El Pedrilla es un museo con encanto que muchos cacereños, por desgracia, desconocen. Guinea se metió al fondo, donde le dijeron que estaba el espacio reservado a García Téllez, y yo curioseaba por la entrada, mirando la enorme cabeza de caballo obra de Pérez Comendador, cuando escuché un grito del compañero. Me acerque a toda prisa a donde estaba, creyendo que me lo hallaría tendido en el suelo víctima de un infarto; pero al llegar a donde estaba le encontré con las dos manos en la cabeza mirando una fotografía de Javier de la avenida de España, de los años 30, con la casa de la Chicuela al fondo.

–¡Madre mía! ¡Madre mía! – decía en voz alta el chispacero – ¡Mira cuanto sitio para aparcar! ¡Pero si solo hay un coche!

Después de que nos llamara la atención el conserje, estuvimos mirando las cosas que del fotógrafo Javier hay en el museo: Nos asombró la calidad de sus dibujos de juventud, la medalla ganada en la Exposición Iberoamericana de Sevilla en 1929, una foto de la Cruz de los Caídos rodeada de casas de una planta, otra de la estatua de Muñoz Chaves cuando estaba en donde ahora se ubica la Fuente Luminosa. Había una fotografía en la que salía Javier García recibiendo con sus alumnos de Maestría Industrial, al que fue ministro de Educación en los años 50, Joaquín Ruiz-Giménez, quien al llegar la Democracia sería el primer Defensor del Pueblo.

Antes de irnos, Guinea volvió a mirar la foto del único coche aparcado en la avenida de España, para decir en tono lastimero: «Dios. Hace años que yo no aparco ahí».

Puente de San Francisco con el abrevadero antes de trasladarlo. El Ayuntamiento en 1941, con el mercado y más escaleras. El Foro de los Balbos en 1930. / Javier

En la Redacción, él y el compañero del HOY Digital, Manuel Caridad, siguieron buscando fotos de Javier. Les llamó la atención una de la Plaza Mayor de los años 40 con árboles en el centro y hasta un caballo con tartana. Encontraron una curiosa de 1930 en la que en lo que ahora es el Foro de los Balbos había un destartalado mercado de abastos. Ese mercado se tiró para hacer, en el mismo lugar, uno moderno que se inauguró en 1931. Ese mercado aparece en otra foto de Javier de 1941 del edificio del Ayuntamiento, que entonces tenía más escaleras que ahora. Dieron con una foto del Puente de San Francisco completo, y no cortado como ahora, y con el abrevadero que luego fue trasladado al Foro de los Balbos.

Buscaron en documentación del Diario HOY noticias de cuando fue concejal de Cáceres, y se encontraron con su esquela y con la noticia de su necrológica, en donde se le describía como, «un hombre sencillo, cordial, afectuoso y muy enamorado de su tierra. (...) Un cacereño excepcional y una persona preocupada siempre por servir al prójimo».

El otro día Guinea no llegó a la Redacción como acostumbra: malhumorado por sus problemas de aparcamiento. En su cara había una amplia sonrisa.

–Ya tengo la solución a mis problemas… Mirar. Yo no vengo a la Redacción, pero estoy aparcado cerca. Si hay algo, me llamáis y yo voy a hacer las fotos; y mientras espero vuestras llamadas voy alquilando mi aparcamiento.

–¿Cómo es eso? –Le pregunté.

–¡Muy claro! Cuando encuentre aparcamiento pongo en el techo del coche un buen cartel que ya estoy preparando que diga sencillamente, en letras bien grandes: «Sitio aquí. Por un euro». Y yo voy dejando el aparcamiento a quien me pague. Iría por la zona azul, tendría un tique de un euro y, con el mismo tique, todo el día iré obteniendo ganancias. Calculo que puedo sacar unos 30 euros al día.

El choteo no se hizo esperar. Una compañera dijo: «¡Tiembla Amancio Ortega, que llega Guinea!». Otro, «¿Vas a pedir subvenciones por emprendedor? Y hubo un tercero que entre carcajadas apuntó:«¿Piensas crear franquicias en Madrid o Barcelona

Él les miró altivo y les dijo con resentimiento: «Reíros, reíros. Voy a patentar la idea, no sea que me la copiéis. Veremos quién ríe el último. Me puedo hacer de oro».

Vivir para ver.